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¿Y ahora?

Anabel Chamorro: "Mi papá es pastor evangélico y no acepta que me muestre con poca ropa"

La actriz sigue su sueño pese a todo. Por mandato, sus padres no admiten que se muestre en ropa interior, pero ella se la juega. Hace dos meses, por la misma cuestión se separó de su marido.

La morocha se distanció de su novio por la misma razón.
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Si bien su nombre aún no figura en los primeros planos, sueña con llegar lejos. Recién comienza, y quienes la conocen destacan sus cualidades arriba del escenario. Anabel Chamorro (23), esta diosa de 1,69 de altura y descomunales curvas que se acomodan en sus medidas de ensueño (90-62-90) pisa fuerte y busca llegar alto. Por lo pronto, estudia y se prepara para sumar herramientas. Fue parte de ¿Será virgen mi marido?, la comedia que se despidió la semana pasada de la Avenida Corrientes. 
 
–¿Cómo fueron tus comienzos?
–Desde muy chiquita estudié danza clásica, contemporánea y jazz. Cuando cumplí los 18 me fui como bailarina de un reconocido boliche, y de ahí pasé a tener mi primera experiencia en teatro, en la obra Cocodrilo, con Omar Suárez. 
 
–¿Te definís como actriz o como vedette?
–No, yo soy actriz. Me gusta actuar, en teatro prefiero hacer eso. El día de mañana me encantaría estar en alguna película.
 
–¿A quién tenés como referente?
–A Susana Giménez. Me encanta su forma de ser, todo lo que consiguió y el cariño que le tiene la gente. 
 
–¿Cuál es tu anhelo de acá a unos años?
–Hacer películas, sin dudas. Seguir creciendo en el teatro, seguir estudiando, porque entiendo que esa es la única manera de llegar. 
 
–Muchos apuestan al escándalo como una vía rápida a la fama…
–Sí, pero no quiero llegar de esa manera. Inventar algo, una pelea o un romance, para ser más conocida no quiero. Si se da naturalmente sí, algo que sea verdad. Pero no inventar.
 
–¿Cómo vive tu familia que empieces a ser famosa?
– El más duro es mi papá, pero de a poco se va aflojando. Lo que pasa es que ellos son muy creyentes, creen en Dios y no aceptan que me muestre con poca ropa en producciones. La parte de la actuación sí la llevan con más naturalidad.
 
–¿Tenés hermanos?
–Sí, es dos años menor que yo, pero no pasa nada. Es el menos celoso de la familia. Al contrario, es el que más me apoya para que siga adelante. El problema es mi papá…
 
–Hablás mucho de religión, ¿sos de ir a la iglesia? 
–Mi papá es pastor evangélico y yo estoy en la moralísima de Dios. Soy cristiana desde que nací y estoy enamorada de las cosas que nos dio Dios. Reconozco que ahora no estoy yendo mucho a la iglesia, voy una vez por mes. Antes iba todos los días por ser hija de un pastor, por eso tenía que ir. Eso fue hasta los 18.
 
–¿Después no es obligatorio?
–Lo que pasa es que me rebelé. Digamos que empecé a hacer todo lo que me gusta a mí. Toda esa etapa en que estuve como bailarina de un boliche no nos veíamos. Nos habíamos peleado. 
 
–¿Y seguías viviendo en la casa de tus padres?
–No, a los 18 tuve un cambio rotundo. Hasta me mudé para poder trabajar, porque si no, no me dejaban. Igual esa etapa ya quedó en el pasado. Volvimos a hablarnos y tenemos la misma relación de antes. No le gusta verme con poca ropa, pero el resto está todo bien. 
 
–¿Estás en pareja?
–Estoy sola. Yo estoy casada civilmente, pero hace dos meses nos separamos y posiblemente iniciemos los trámites de divorcio en estos días. 
 
–¿Cuánto tiempo estuviste casada?
–La convivencia duró un año y tres meses. Lo que pasa es que había muchos celos de su parte. No aceptó que quisiera volver al medio, al teatro. Cuando lo conocí decidí dejar todo por él, y ahora que quiero volver, volvieron los celos. Así que me fui a vivir sola. No estábamos bien.
 
–Suena a que era una relación tóxica.
–Claro. No hubo violencia ni nada de eso, simplemente celos. Ahora que nos separamos estamos mejor, como amigos. Nos hizo bien, podemos hablar, es todo distinto. Tenemos una gran relación ahora que cada uno está por su lado. Nos dimos cuenta de que estábamos viviendo una relación tóxica y saberlo nos mejoró. 
 
–¿Recibís muchos elogios? 
–Sí, un montón, y me encanta. Que me digan cosas lindas, que me elogien, me encanta. Siempre hablando de piropos cariñosos, incluso hasta los respondo… Que me digan guarangadas por supuesto que no lo acepto y me genera mucha bronca. 
 
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