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¡Qué grande!

Anamá Ferreira habló del impacto de su paso por el Bailando: "Me llamaron de..."

Octubre 2018

A los 66 años, la revelación del Bailando habla de todo. ¿Cómo hace para mantenerse así de espléndida? ¿Qué le dicen en la calle? ¿Tiene más levante?

Un solo dato sirve para graficar lo que hizo el Bailando 2018 por Anamá Ferreira (66), y lo cuenta ella con una sonrisa: “Me volvieron a invitar al programa de Mirtha Legrand, hacía más de diez años que no me llamaban”. Y otro sirve para graficar lo que la brasileña hizo por el programa de Tinelli: cuando ella aparece, los números del rating explotan. Lo de la brasileña y el show del El Trece es una relación de conveniencia, que funciona a la perfección. El jurado la sentencia, el público la salva, sus compañeros le temen, y ella sigue adelante. Una historia apasionante, todas las noches, en la pista de Showmatch. ¿Amor? El que siente la gente por Anamá. A los 67 años, recién separada de quien fue su pareja durante once años, Marcelo Mascaro, Anamá cuenta cómo vive su gran momento. Situación que la lleva, por ejemplo, a tener su primera tapa de revista tras 42 años de trabajo ininterrumpido en la Argentina. “La gente por la calle me dice que la hago reír, ¡y eso me encanta! Con las cosas que pasan hoy día, es como ganarme la Lotería Nacional”, arranca Anamá.

–¿Y eso qué te genera?

–Me impresiona tanto amor, me da vergüenza. ¿Sabés qué pasa? Lo mío es como una historia de superación. Yo tengo casi 67 años… ¡qué número! Si sigo diciendo mi edad no voy a conseguir más novio… Pero las mujeres no tienen que sentir que a los 50, 60 o 70 años son como abuelas. ¡Odio que te encasillen con esa palabra! A cualquier edad una puede salir, bailar, andar en patines… No hay que tener miedo, hay que superarse día a día.

–¿Por qué decís que el Bailando te llegó en el momento justo?

–Porque si me pasaba hace diez años no lo hubiera sentido así. Yo lo veía, y pensaba “qué lindo estar ahí”, pero no sabía qué podía darle al programa. Hoy estoy más centrada, me asumo más como soy, me llevo mejor con mi cuerpo. Las mujeres a veces tenemos una inseguridad muy nociva que te destruye, que te lleva a un lugar feo, de depresión. Hay que salir, estar divinas, maquillarse, ponerse de novia…

–¿Tenés ganas de ponerte de novia?

–En un futuro me gustaría, hoy tengo toda mi libido en el Bailando. Tiene que ser un hombre que me respete, que sea caballero y romántico pero que no me domine. Si me invita a cenar y elige dónde comemos ya arrancó mil puntos, no importa si es en una panchería de la Costanera o en un restó sobre la Torre Eiffel. Tiene que ser alguien que compatibilice con mi ser, tiene que tener mucha seguridad… No tengo preferencia de edad, pero no saldría con alguien mucho más joven que yo… Ah, ¡y tiene que entrenar!

–¿Cómo hacés para verte así?

–Me cuido, pero la actitud es todo. Vivir la vida con alegría, como buena brasileña. Todas las mañanas tomo agua con limón, y también agua con canela, para el colesterol. Trato de comer siempre cosas naturales, tomo vitaminas y me entreno mucho… Llego a los ensayos una hora antes, hago cinta y abdominales. Me tomo muy en serio los ensayos: el negro es así, cuando es competencia, compite. A nosotros todo nos cuesta el doble, pero lo logramos. No tomo alcohol, ¡y nada de drogas!

–¿Nunca te drogaste?

–No me drogué en los años ochenta, ¡menos me voy a drogar ahora! En esa época íbamos a bailar y cuando preguntaba quién estaba limpio… ¡no quedaba nadie! No me drogué nunca, no por ser santa sino porque tenía miedo de que me gustara, y después no podés parar y te hace mierda tu vida. ¿Marihuana? La probé una vez, cuando era muy chica, en una playa de Brasil… Pero no me gustó, porque después me dio hambre y me hizo comer demasiado… Me dije: “Ni en pedo esto, me hace engordar”, ja, ja. La dependencia de algo no me gusta.

–¿Con tu ex no hay chance de reconciliación?

–No, para nada. Hoy estoy en otra dimensión, me casé con el Bailando. Seguimos hablando porque están sus hijos de por medio, que yo los quiero como si fueran míos, a ellos los sigo viendo. Son decisiones de vida que hay que tomarlas. Hay que vivir bien. Después de lo que pasó con Jorge Ibáñez eso me quedó muy marcado. Hay que disfrutar y estar bien con uno mismo.

–¿Te gustaría volver a ponerte de novia?

–Sí, claro, ¿por qué no? Pero hoy estoy bien así. ¿Qué pienso del poliamor? No, no me gusta para mi vida. No estoy tan liberada para vivirlo así. Quizás estoy grande, no sé… Yo prefiero lo tradicional.

–¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

–Extraño mucho a mi familia, lloro cuando me acuerdo de mi hermano, Mauricio, que se fue tan joven, cuando tenía 18 años. Le dieron una inyección equivocada en un hospital de Belo Horizonte, tuvo un shock y murió al instante. Fue tremendo, muy doloroso. Yo tenía 12 años y sufrí mucho por él y por el dolor de mis padres, que duró toda la vida… Mi mamá lloraba todo el tiempo. Me encantaría vivir todo esto con él a mi lado… pasaron tantos años y todavía me cuesta hablar del tema.

 

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