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¡Lomazo!

Gabriela Ahualli: "Desde mi balcón veo la casa de mi novio, y muchas veces lo espío"

La sensual morocha hizo un parate de casi dos años y ahora vuelve con todo al espectáculo. Mientras prepara su programa, recuerda sus épocas de amistad con Gisela Berger y habla de la particular relación con su novio.

Una bomba!
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Casi una década atrás, Gabriela Ahualli (31) se vino desde San Miguel de Tucumán en búsqueda de un sueño: ganarse un lugar en el mundo del espectáculo. Morocha imponente de casi un metro setenta y curvas destacadas, integró la troupe de Gerardo Sofovich, caminó pasarelas y compartió trabajo con el Pollo Alvarez. Pero un día decidió hacer un parate en su carrera y se dedicó al mundo de los autos. Durante un año y medio ofició de transferencista de vehículos. “Soy fierrera, me gusta el rubro. Hasta no hace mucho vendía mi auto cada tres o cuatro meses para cambiarlo por otro. Pero hoy quiero volver al medio. Con mi amiga Maribel Fernández, con quien ya trabajamos juntas en La previa de la noche –programa que se emitía por Magazine–, tenemos un proyecto que estamos llevando adelante con productores independientes. La idea es hacer un programa que muestre las distintas ofertas de la noche porteña, algo que no está explotado en la tele de hoy. Con Maribel queremos volver a trabajar juntas porque somos amigas y nos llevamos muy bien al aire, hay complicidad. Además, con ella también tenemos un showroom, en Devoto, hace dos años. Por eso, viajamos tres o cuatro veces por año a Estados Unidos, para traer cosas y también aprovechar un poco de la playa y el relax”, contó la sexy comunicadora.

–Trabajaste con el Pollo Alvarez. ¿Tuvieron algo amoroso?

–Siempre tuvimos súper buena onda. El conoce a mi novio hace muchos años y nunca me insinuó nada de nada. Incluso, a veces, con mi pareja hacen negocios juntos porque los dos tienen concesionaria de autos. El Pollo es un hombre soltero, sin ningún tipo de compromiso y su vida puede manejarla como mejor le parece. De novio lo vi una sola vez, con Maypi Delgado, y cuando está con alguien es súper fiel. Pero no quiero hablar de nadie. Me costó mucho venirme de Tucumán para acá y no quiero que me vinculen con nadie. De la única persona que me interesa hacerlo es de Maribel, porque tenemos proyectos juntos.

–Estás de novia hace varios años…

–¡Y más enamorada que nunca! Cada uno tiene su casa pero vivimos a dos cuadras de distancia. Eso es re divertido, alimenta mucho a la pareja. Estaría siempre viviendo así. Y lo gracioso es que mi balcón da al de él.

–¿Cómo es eso?

–Hace un tiempito me tuve que mudar porque se venció mi contrato y justo alquilé en un octavo piso. Desde la altura se ve su balcón, que está en diagonal.

–¿Chusmeás a ver si está solo cuando no está con vos?

–Lo puedo tener controlado pero le tengo confianza. Lo que sí, cuando no me puedo comunicar por teléfono, chequeo que esté la luz prendida para asegurarme de que llegó bien. Está buenísimo vivir así, porque si nos queremos ver a las doce de la noche, uno o el otro se abriga, hace dos cuadras y ya nos encontramos. De hecho, hay veces que son las once o la medianoche y me pregunta si comí. Le digo que no, y me voy para allá. En su momento, por amigos en común, nos conocimos viviendo edificio de por medio. Así como estamos es perfecto. Para vivir con alguien necesitaría una habitación aparte para todas mis cosas.

–Dijiste que conocés a Maypi Delgado. Imagino, también, que debés conocer a Gisela Berger.

–Sí, la conozco. Fuimos muy amigas en una época. Tuvimos una linda amistad. Cuando yo llegué a Buenos Aires me pegué mucho, le tomé cariño porque sentí que me entendía, al ser también del interior del país. De hecho, le presenté a su ex novio, Diego, dueño de un negocio de tatuajes. Ibamos al mismo gimnasio, merendábamos. Pero cuando yo me mudé de Palermo el contacto se fue desarmando.

–Se dice que la pareja de Gisela era muy absorbente y que por eso ella se alejaba de la gente. ¿Es verdad?

–Gisela se había vuelto una chica muy callada, introvertida. El era un poco celoso, posesivo, y por eso ella se alejó un poco.

–¿Conociste a Daniel Scioli?

–No, en esa época con Gisela ya no nos veíamos más. Cerró la agencia en la que trabajamos juntas y al mudarme, como te conté, perdimos el contacto continuo. En su momento, cuando se conoció lo del romance con Scioli me sorprendió por la diferencia de edad.

–¿En alguna ocasión llegaron a hablar con Gisela de sus ganas de ser madre?

–No, nunca hablamos de esos temas. En ese momento estábamos pendientes de ir a la mayor cantidad de castings posibles para ver si lográbamos un lugar en la tele, de entrenar y de que nos salieran trabajos. Cuando pasó todo lo que pasó con el bebé, le mandé mensaje. Me lo contestó a las dos semanas, pero quería que supiera que si necesitaba algo yo estaba para ayudarla en lo que pudiera.

–Hablemos de tu cuerpo tallado: ¿hay mucho entrenamiento detrás?

–Sí, mucho, todos los días. Por las mañanas estoy dedicada al trabajo y las tardes son pura y exclusivamente para entrenar. Le doy mucha importancia a mi estética. Siempre fui así, ya es un estilo, una decisión de vida que tomé hace muchos años y que voy a seguir respetando. 

 

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