Entrevistas

¡Bien por él!

Peter Lanzani se refirió a su estado sentimental: "Mi corazón está..."

Noviembre 2018

El actor, talentoso y multifacético, disfruta de cada desafío. Actualmente, además de brillar otra vez como Nelson en la segunda temporada de Un gallo para Esculapio, se destaca en la obra teatral Matadero.

Hay que hacer memoria para recordar a Tábano, el primer personaje que interpretó en tele el actor Peter Lanzani (28), en la serie Chiquititas sin fin. Y no porque hubieran pasado muchos años, sino porque después de aquel debut vinieron muchos otros papeles, uno más impresionante que otro, que dejaron a Tábano marcado como aquel primer debut en el mundo  del espectáculo.  Y fue quizás en 2015 cuando la rompió interpretando en la pantalla grande a Alejandro Puccio, en El clan, lo que lo distanció de los roles más juveniles y lo instaló entre los actores más requeridos de su generación. Pero si hubo un papel con el que descolló, ese fue precisamente Nelson, el joven misionero que llega a Buenos Aires a buscar a su hermano, de Un gallo para Esculapio. La creación de Nelson requirió esfuerzo y dedicación. Y Peter se lo explicó a Paparazzi.

–¿Qué preparación tuviste para lograr la tonada de Nelson?

–Para la primera temporada me fui unos días a Misiones y estuve preparándolo con una coach. Después busqué modismos, palabras, latiguillos. Estuvo bueno, más teniendo en cuenta que en Misiones viajás una hora en auto y tenés tonadas completamente diferentes: una más brasileña, una más paraguaya, una más neutra.

–Después de mucho camino recorrido desde el semillero de Cris Morena hasta hoy, ¿creés que Nelson en particular marcó un antes y un después en tu carrera?

–Yo creo que últimamente cada personaje marca un antes y un después en mi carrera. Por eso los elijo, porque son todos desafíos. Todos me llevan a hacer cosas que  jamás hubiese imaginado. Tanto en tonadas o en cosas físicas o actorales de drama o un momento de comedia. Todo es un desafío, todo es un aprendizaje y sí, sin dudas marcó un antes y un después en mi carrera.

(Acaba de estrenarse la segunda temporada de la serie que en 2017 ganó ocho premios Martín Fierro, incluido el de Oro. Y Peter está muy  emocionado).

–¿Conocías algo del mundo de la riña de gallos? ¿Hubo algún acercamiento para hacer la serie?

–No conocía nada de ese mundo. Nosotros no hacíamos riñas de gallos, era todo ficcionado. En realidad también lo que se estaba haciendo era una denuncia, lo estábamos denunciando. Nos interiorizamos un poco de aquel mundo, más en la primera temporada, y eso lo fuimos ficcionando también. Yo siempre me lo tomé como una crítica... Mostrar básicamente qué es lo que está mal. No sé, a alguien le pueden gustar las corridas de toros o lo que sea, pero después ves un video y ves que el toro después de cinco estocadas se cae al piso, y no sé si es tan divertido. Y para ellos es arte, es cultura. El torero es un artista, el toro es otro arte y la relación entre ellos es amor puro.

–Con guiones tan bien escritos, ¿cuánto lugar hay para la improvisación?

–Improvisación no sé, me parece que con un buen guion hay más lugar para la intuición. Uno debe volverse más intuitivo y debe darles lugar al cuerpo y a las emociones a ver qué quiere interpretar el director. Quizás hay escenas que se improvisan un poco más para entrar en palabras o en comportamientos del personaje. Pero cuando un guion está tan bien escrito es hasta una falta de respeto cambiarle tanto todo.

–Hay un capítulo que codirigiste, ¿cómo fue esa experiencia?

–Fue una experiencia única. Me surgió, tenía muchas ganas de empezar a incursionar y sentí que era un excelente momento. Obviamente le pregunté al director, Bruno Stagnaro, si estaba de acuerdo y si tenía ganas. También les pregunté a Pablo Culel y a Seba Ortega y me dieron la derecha, pero sin ninguna imposición. Era poder estar ahí, aportar y aprender al lado de un maestro como es Bruno. Lo codirigí con Gastón Girod, el director de fotografía de toda la serie.

–¿Cuál sentís que fue el gran desafío de esta segunda temporada?

–Con todo lo que sucedió y lo que fue emocionalmente la primera temporada, más allá del éxito, porque podés ganar un Martín Fierro de Oro y eso te va a sostener un libro. El mejor premio es la calle. La gente se acerca, ve el programa, se enoja porque Nelson tomó una decisión... Y el desafío era cómo llevar eso a más, y la única manera era entrar en la locura, y entramos en terrenos muy oscuros y muy delicados a tratar de llevarlo hacia adelante. Cuando tenés un director como Bruno es un faro, sino te perdés completamente.

–¿Hay algo dando vueltas en cine?

–A principio de año filmé 4 x 4, una peli de Mariano Khon, que va a salir el año que viene. Trata de un chico que se mete a robar en una camioneta y lo dejan encerrado. Y ahora estoy haciendo en teatro El emperador Gynt, los martes y miércoles en la Sala 3 del Centro Cultural San Martín, a las 20 hs. Y, además, acabo de estrenar Matadero, una obra de teatro físico.

¿Qué es eso?

–El teatro físico tiene danza contemporánea, tiene parkour, tiene circo y es obra de texto, todo. Del maestro francés Redha Benteifour, y actúo con mi amigo Germán Cabanas, que es más del palo del circo. Y todo es un desafío para los dos, porque Rheda es una eminencia. Hizo la apertura del Mundial de Fútbol del ’98, coreografió a Michael Jackson, Cher, Madonna…

–¿Qué hubieses sido si no eras actor?

–Deportista, me parece. Yo jugaba al rugby. Siempre me apasionó mucho el deporte y le veo mucho paralelismo con la actuación por la manera de hacerse y de entrega. Pero no sé cómo arranqué a laburar tan chico…

–¿Y cómo está tu corazón?

–El corazón está tranquilo, relajado. Estoy con mucho laburo. 

 

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