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Entrevistas

¡Un genio!

Roberto Moldavsky: "Me da bronca levantarme a la mañana y no ser..."

Después de veinte años como vendedor en el Once, dejó su trabajo para dedicarse a su pasión, hacer reír. La remó de abajo, llegó a la radio, apareció en tele, actuó en el programa de Susana y desde el año pasado brilla en el Teatro Apolo.

En la Avenida Corrientes están Adrián Suar y Julio Chávez; Sugar, con Griselda o con Laurita; Peretti y Flor Peña; los genios de Toc Toc; Campanella y Francella –como directores–; Casa Valentina, Casi normales, Los tutores, y más… ¡Están todos! Y en esa lista, rodeado de tanto talento y trayectoria, un nombre, pero no uno cualquiera: Roberto Moldavsky (55). Moldavsky, el hombre que a los 50 años se animó a dejar su vida como vendedor en el porteño Once para dedicarse al teatro. Y su show, Moldavsky sigue suelto!, en el Apolo, está entre los espectáculos más vistos del momento.
 
Un rostro que se hace gigante en la marquesina, sobre Corrientes, en la mano derecha apenas se cruza la calle Uruguay. Una risa que parece constante cuando recibe a Paparazzi, tomando un café, en la confitería de la sala, minutos antes de la función. La gente que pasa lo saluda, y surge la primera pregunta. ¿Cuánto lo cambió la fama? “El otro día uno de mis hijos me preguntó algo parecido, qué se siente haberla pegado. Y yo le respondí: `Esta semana me hice tres implantes, sufro de la espalda, me aumentaron las expensas…´. ¡La fama no me cambió en nada!”, avisa Moldavsky, y parece creíble.
 
–Pero ahora te piden selfies…
–Sí, eso sí. Te conocen más, te paran en la calle, te piden una foto, te pasan cosas enternecedoras de gente que te escribe, ¡y te putean más también! Pero no, la fama no te cambia en nada. No es que de repente te nace una dentadura nueva y bajás 20 kilos… ¡eso sí estaría bueno!
–Bueno, pero el dinero debe ser otro…
–¿Comparado con el Once? Nooo, estás equivocado. En el Once se gana más que en el teatro, no tengas dudas. Un par de temporadas textiles buenas rinden más que un espectáculo. Al pasarme a la vida artística yo tuve que renunciar a cosas, a cierta comodidad. Yo no sabía que iba a estar acá, con la producción de Gustavo Yankelevich, la prensa de Anita Tomaselli, en el Teatro Apolo… Eran cosas que yo leía en las revistas. Mientras tanto fui a un montón de cuevas, a eventos privados, la tuve que remar muchísimo. Hay una fantasía con el teatro. Si sos Luis Miguel y llenaste veinte Luna Park, sí, la pegaste. Si no es una apuesta más a un cambio de vida, una búsqueda de felicidad. Y a mí me fue bien.
–¿Hay un secreto para este éxito?
–Siento que la gente está con ganas de reírse. Muchas de las obras que están funcionando son comedias o tratan sobre algo relacionado con el humor. Hay como una tendencia del público de ir al teatro para pasarla bien. Y tampoco voy a pecar de falsa humildad, estoy orgulloso del espectáculo que hacemos, una hora y media en la que le damos sin parar, y la gente nos acompaña.
–¿Es más difícil hacer reír?
–Y sí, puede ser… Con las cosas que se ven a diario se puede hacer más difícil. Pero también es más fácil, porque hay una necesidad de reírse. La risa es sanadora. Te doy un ejemplo, la revista Humor tuvo su mayor momento de éxito durante la dictadura, porque todos teníamos una gran necesidad de humor. La idea no es comparar esta época con aquella, obviamente, pero sí es cierto que en tiempos complicados el humor siempre pide su lugar.
–¿Te gusta hacer humor político?
–Sí, me encanta. Lo hago, y trato de hacerlo desde un lugar bastante equilibrado. No les pego a los políticos según el partido en el que están, sino con las cosas que me causan gracia. Y obviamente que el gobierno de turno recibe más palos por estar más expuesto. La política argentina es una de las cosas más graciosas que tiene este país. Es imposible no hacer humor con la política, y la gente lo recibe muy bien.
–¿Qué es lo que te causa gracia de la política de hoy?
–Lo del crecimiento invisible de Macri es algo difícil de superar, realmente. Y las escuchas de Cristina me parecen fantásticas. En algún momento la AFI tendría que sacar un CD con los grandes éxitos. ¡Es una cosa de locos! Tienen que hacer ese CD, y después se lo dan a Majul. En este país la realidad te supera, y si no la tomás con humor estás entregado. La risa es un atajo para enfrentar temas más complicados.
 
Once puntos. Hijo de Sara y Jacobo, digno representante de una familia judía, Moldavsky tiene dos hijos: Eial (26) y Galia (22), que trabajan con él, uno como guionista y la otra como productora en radio. “Los amigos de mis hijos les piden entradas para venir a verme al teatro”, cuenta orgulloso. En los ochenta, vivió diez años en Israel haciendo vida de granjero pero, de vuelta en Buenos Aires, Molda –como lo bautizó Susana Giménez– siguió el mandato familiar y se dedicó al negocio de camperas y trajes de baño en el Once. Su mayor felicidad era vender esos productos “clavos” que nadie quería llevarse. Su ex mujer lo alentó a hacer un curso de stand up en la AMIA. Ese fue el primer paso para una historia que hoy lo tiene llenando el teatro noche tras noche. “En el Once soy ciudadano ilustre. Vuelvo cada tanto porque están mis amigos, ahí me corto el pelo, compro la comida, consigo descuentos… Hoy mi rutina es completamente distinta. Ahora me levanto más tarde que mis hijos, ellos me miran y me insultan en todos los idiomas. Y lo más importante es que trabajo de lo que me gusta. Yo no lo padecía el Once, pero no era mi vocación”.
 
Futbolero, espera el Mundial de Rusia con la esperanza de que Messi pueda levantar la Copa. “Soy hincha de Boca, pero no soy de volverme loco por un mal resultado. Soy maradoniano, riquelmeano y messista”, se define. ¿Con qué hombres del humor compararía a estos ídolos del fútbol? “Maradona es el Negro Olmedo, por lo popular, la cosa innata; Riquelme es Tato Bores, fino, con estilo, genio total; y Messi tendría que ser uno actual… ¡Messi es Capusotto! Le tengo una envidia nada sana a Capusotto, me vuelve loco, me da bronca que no se me ocurran esas cosas, me da bronca levantarme a la mañana y no ser Capusotto”, dice Moldavsky, y completa: “Me gustan muchos humoristas, porque me gusta reírme, soy el público perfecto”.
 
Susana Giménez

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