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¡Revelación!

El actor que saltó de la calle a la fama: "En la calle pasé hambre, miedo y frío"

De joven fue indigente y transitó decenas de situaciones de riesgo. Hoy, que la rompe en El maestro, es un verdadero ejemplo de superación.

Abel Ayala (29) ganó ya de chico su espacio en el arte de la actuación. Con ansias de dejar atrás su pasado de vida en la calle, y luego un hogar, capitalizó cada una de las oportunidades que le dio la vida. Y hoy se luce, nada más ni nada menos, que en El maestro, el unitario protagonizado por Julio Chávez y por Inés Estévez en El Trece. “Entré al mundo de la actuación gracias a que Juan Carlos Desanzo, director cinematográfico, me eligió para protagonizar la película El Polaquito. Quería contar la historia de un chico de la calle que apareció muerto en Constitución, y como hacía un cine hiperrealista decidió trabajar con actores no profesionales. Fue más a fondo y decidió laburar con pibes de la calle. En ese momento, yo estaba viviendo en un hogar, en Moreno, y él llegó ahí. Nos hizo un casting a cuarenta chicos y así apareció la oportunidad. Vivir en la calle es duro. Me morí de frío muchas veces, pasé hambre, tuve mucho miedo y, sobre todo, no me voy a olvidar nunca de que tuve mucho frío. Pero sabía que iba a salir de ahí porque no me gustaba, a pesar de que disfrutaba de toda la libertad que tenía. Gracias a trabajadores sociales llegué al hogar, y gracias al director cinematográfico tuve la oportunidad de salir del hogar. Si bien en el hogar fui muy feliz y tuve una educación privilegiada, me daba vergüenza decirles a mis compañeros de colegio que vivía ahí. Me dio una educación muy buena pero tuve que aprender a ensamblar lo marginal con todo ese nuevo mundo de chicos bien”.

Entre sus trabajos más destacados, hizo La mano de Dios, interpretando a Diego Maradona, El baile de la victoria, El marginal, El criminal, Historia de un clan, entre otros destacados films. “Soy un pibe que tuvo suerte y ganas de crecer. Siempre quise estar mejor, no sé por qué… porque el ejemplo que me viene por herencia no tiene que ver con la prosperidad. Hasta mis siete años, mi mamá era mi hermana. Me la vendieron como mi hermana. A mi papá no lo conozco, no sé quién es. Y mamá murió de cáncer de mama hace tres años. Mis abuelos son muy pobres pero es muy típico en personas que vienen arrastrando la pobreza de generaciones anteriores. Nadie me daba bola, vivía prácticamente en la calle. A los nueve años decidí irme de Berazategui, de la casa de mi abuela, para no volver nunca más. Me hubiese encantado tener una familia que me proporcionara todo lo que necesitaba, pero no fue así y no estaba bien en mi casa. No había comida, no tenía cama, dormía en el piso. Es tremendo el sufrimiento con el que cargás por no poder llevar una vida digna. Me fui de ahí, y durante mucho tiempo mi casa fue Constitución”, recuerda el actor, de sensibilidad especial, sobre su historia de superación.

–¿Te buscaron cuando te fuiste?

–Sí, me buscaron y me encontraron un año después. Me di cuenta de grande de que mi abuela sufrió muchísimo por mi huida, lo sintió como un vacío en su corazón. Me encontraron estando en el hogar. Hay trabajadores sociales que visitan a los chicos de la calle, y a uno le pedí que por favor me consiguiera un lugar donde ir a vivir, teniendo nueve años. Es muy feo vivir en la calle, pasás cosas tremendas. Más allá del frío, todo el tiempo tenés que buscar un lugar donde dormir donde nadie te vea porque te pueden cagar a palos, robar, mear, violar, pinchar, es re heavy. A mí no me gustaba porque era pobre pero sano. Nunca robé, me drogué ni nada. Es muy bueno saber pedir ayuda a tiempo.

–¿Intentaron pedirte en adopción?

–No, nunca. Muchas veces tuve el deseo de que alguien me adoptara. De hecho, me enamoré fuerte de Desanzo. Un día tuve un sueño donde se moría, me desperté llorando y lo llamé. Le pregunté si me quería adoptar y me dijo que estaba encantado pero no podía porque era muy viejo, tenía setenta años en ese momento. Y, a través de las charlas que doy, trato de devolver lo agradecido que estoy, porque no me adoptaron pero tuve muchos padrinos artísticos. Las doy hace un año con un psiquiatra para ayudar a otros. Mi historia me pone en contacto con la gente que la está pasando mal. Además, hay algo de eso que a mí me atrapa y entiendo. Cuando alguien la está pasando mal, me doy cuenta rapidísimo. Las charlas son en escuelas, teatros, eventos, en cualquier espacio donde podamos reunir gente. Charlamos de forma amena en el país y en el exterior, nada de show. Viene gente que necesita fuerzas o una inyección de energía. Es la forma que encontré de devolver lo que me dio y da la vida. 

ETIQUETAS: El maestro , Abel Ayala

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