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¡Inflación!

La dura crisis financiera que atraviesa a Showmatch

Los aumentos registrados en los servicios públicos no solamente se ven reflejados en el pan de cada día: dicen que el Bailando atraviesa su peor crisis económica. Varios auspiciantes se bajaron, el valor del mantenimiento de la infraestructura se multiplicó y hay temor a despidos en el personal.

No pasa por un tema de camisetas. Da lo mismo ser de River o de Boca. El tema es más abarcativo y sus efectos golpean por igual en los diferentes ámbitos. Apenas unos pocos, como salvedad a la regla, podrían considerarse inmunes a los dolores de cabeza que causa la economía cuando el rumbo no termina de consolidarse. Explicaciones sobran. Es común que desde el atril se busquen justificar los aumentos. Una imagen ya vista, que se repetirá eternamente. El verdadero inconveniente no lo padecen los encargados de darlas. Generalmente el bolsillo de sus trajes trae una mayor capacidad y les cuesta, a los funcionarios, claro, terminar de interpretar con la sensibilidad necesaria las peripecias que un padre de familia debe hacer para pagar cada una de las facturas que mensualmente son lanzadas al buzón. Es todo un efecto cascada. Si un litro de leche aumentó más del ciento por ciento durante el último año y medio, es previsible que sus derivados lácteos también registren una suba similar. La manteca, el queso, el yogurt… En definitiva, los lácteos. Un componente irremplazable de la pirámide nutricional y de la canasta básica, nada menos.

Con los servicios públicos ocurre exactamente lo mismo. Los coletazos del incremento en el valor de la luz, el gas y el agua se reflejan, literalmente, en “todo”. En las fábricas, en el boleto del colectivo y hasta en la televisión. Ni hablar de los salarios de los trabajadores, aunque en una dirección contraria, pues quedan definitivamente licuados. No llamaría demasiado la atención que Marcelo Tinelli consiguiera zafar de este cuadro de situación, aunque no deja de ser curioso que el Bailando por un sueño transite uno de sus peores momentos económicos. Se habla de “crisis”, incluso. Volvemos a lo que veníamos remarcando: con boletas de vaya a saber cuánto dinero para pagar los “impuestos”, la capacidad de contratación de personal se reduce. El margen de no cumplir con los sueldos en tiempo y forma se agranda y los auspiciantes, al ver que los ingresos de sus empresas ya no son los de siempre, empiezan a escaparle a la publicidad de sus productos. A invertir menos en propaganda, sobre todo aquellos que son dueños de una firma ya consolidada, que no depende de un segundo más o un segundo menos de televisión.

Esta disminución en la entrada de plata a las arcas de la productora de Marcelo, obligó a sus contadores a reformular el tema números, pues venían acostumbrados a una realidad de abundancia, en la que las energías mayormente se direccionaban a la creación de nuevos proyectos y no tanto a sacar cuentas para no llegar a cancelar los compromisos asumidos. Y eso que, por lo que se comenta en la farándula, Marcelo está rodeado de un grupo de profesionales muy reconocido, cada uno en su rol. Entre esos colaboradores, se rumorea, existe un gerente que es el responsable de discutir cada uno de los contratos que firman los famosos para sumarse al certamen. “Es durísimo para sacarle un mango”, cuentan los que alguna vez tuvieron la oportunidad entrevistarse con esta persona. O sea, tampoco es que la gente de Tinelli estuvo tirando manteca al techo todos estos años, derrochando dinero o ensayando un libre albedrío en tesorería. El manejo, se asegura, fue austero. Giró en torno a una línea de conducta económica ya instrumentada en períodos anteriores, con variaciones compatibles con la oferta y la demanda, sin desviarse un milímetro. Sin embargo, lo macro obligó a barajar y dar de nuevo. Las cuentas no cierran como antes y el contexto general no ayuda para nada. Marcelo tuvo que aceptarlo y los trascendidos indican que dio la orden de apretar el cinturón. De poner en práctica todos los recursos que estén al alcance para que el saldo en rojo continúe siendo una utopía en su compañía.

El ajuste también lo invadió. No a él, obviamente, dado que es uno de los empresarios más ricos del país y hasta del continente. Pero sí a su criatura, el programa y el reality. Las tandas quizás sean más breves y hallar un hueco para publicitar en su espacio ya no resultará un milagro. Bajó la cantidad de interesados y el costo, posiblemente, siga en camino. De lo contrario, atraer empresarios otra vez demandará el doble de esfuerzo. Tal vez por primera vez desde que saltó a la popularidad, Marcelo sentirá lo mismo que un operario de fábrica cuando desea mantener sus obligaciones al día. Sacar de acá, poner allí. Mientras tanto, la visión desde el atril sigue siendo otra. Muy distinta.

Marcelo Tinelli

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