Entrevistas

¡Impensado!

La nueva vida de Axel en la montaña y su desconocido pasatiempo

Noviembre 2018

Detrás del éxito de su música y participaciones en La voz Argentina, el cantante habla de su realidad familiar y de su costado más sensible, sentir culpa por todo.

De los cantantes que superaron la barrera de la permanencia, Axel Fernando(41) no sólo sigue llenando estadios con sus presentaciones sino que suele ser parte de grandes shows televisivos en busca de talentos musicales. Y nuevamente es parte de La voz Argentina, formato fenómeno mundial, que se impone en las noches de Telefe. Papá de tres hijos, el cantautor habla de la difícil enfermedad que pasó una de sus hijas, de su vida en la montaña y de su relación con la culpa, entre otras cosas.“Estoy orgulloso de que, una vez más, Telefe haya confiado en mi criterio y en mi presencia para formar parte de La voz, que es el show más exitoso del mundo. Sabía que este año iba a ser muy sorprendente todo lo que se mostrara por la pantalla”,arrancó entusiasmado. 

–¿Cómo organizás tus tiempos? Vivís en Traslasierra, Córdoba…

–¡Me vuelvo loco! El año pasado evalué comprarme un helicóptero, de verdad. Allá están mi casa ecológica y mi familia. Ahora voy y vengo mucho, es una bendición, por un lado, y uno lo agradece. Pero ocurre esto de que estoy teniendo poco tiempo con mi familia. Si bien tengo muchas cosas, igual me organizo y lo disfruto. 

–¿Te reclaman en tu casa?

–Sí, por supuesto, porque tengo hijos que son chiquitos. Hoy, por suerte, la tecnología nos ayuda bastante, todos los días hay videítos ida y vuelta, pero no es lo mismo que la presencia. 

–¿Sos un papá culposo?

–Soy culposo como ser humano… siempre siento culpa. ¿De todo? ¡Sí, de todo! No sé decir que no a nada. Y me cuesta mucho decir mucho… voy aprendiendo con el tiempo. Siempre pienso que le puedo estar fallando a alguien. Por ejemplo, todos los días que salgo del canal, hay doscientos fans en la puerta. Por ahí, me saqué fotos con ciento ochenta y me siento mal con los veinte con los que no lo hice. Me quedo haciéndome la cabeza solito, pero bueno… 

–¿Lo hablás, tal vez, en terapia?

–Nunca hice terapia. Si estoy bien, para qué arreglar lo que no está roto. 

–Pero con la historia de vida que tuviste con tu padre, la enfermedad de tu hija, ¿nunca necesitaste la ayuda de alguien?

–No…Creo que tengo resiliencia continuamente. Y la música me ayudó mucho en mi vida para sanar. Componer es una forma de desahogar. De hecho, para lograrlo me inspiro en la vida misma, en lo que voy viviendo, pasando, veo cercano a mí y que me provoca que necesite decirlo. 

–A tus shows van muchos hombres, ¿te sorprende?

–Me gusta que se rompa el prejuicio de la sociedad machista que vivimos. De que el hombre no puede ser romántico, una tontería con mayúsculas pero, por suerte, de a poco se va cayendo eso. 

–¿De tus tres hijos alguno tiene oído musical, pensás que puede seguir tus pasos?

–Es muy difícil determinarlo, por ahora. En la más grande, que tiene ocho años, Agueda, lo percibo, me doy cuenta. En casa hay música todo el tiempo y cantamos casi todos los días. Veo que se pone en el piano y solita saca melodías. Mis hijos van a un colegio muy musical, de pedagogía Waldorf. Entonces hay mucha música, arte, Agueda está todo el día tocando la flauta. El otro día vino y me dijo que había sacado una melodía con ese instrumento, fui, la acompañé tocando el piano y era re linda. 

–En su momento dijiste que Agueda estuvo al borde la muerte, cuando tuvo el síndrome de Kawasaki. 

–Después de la enfermedad, seguimos con estudios que determinaron que no fue el síndrome de Kawasaki lo que tuvo sino una mononucleosis mal diagnosticada, por lo tanto mal curada. En el caso de Agueda pensaron que se trataba de una angina y le dieron Amoxidal, por eso después determinaron que era Kawasaki. Pero para tener esa enfermedad tendría que haber pasado por insuficiencia cardíaca, dilatación de los vasos, y la nena nunca tuvo nada de eso. Le hacíamos un electrocardiograma cada media hora casi. Colaboro con muchas fundaciones y después de lo que pasó se me acercaban muchos padres a decir que sus hijos habían tenido Kawasaki y que la vida de los nenes había cambiado mucho en la alimentación, que hagamos una fundación. Yo les respondía que mi hija no había tenido eso pero que, si querían, igual hacíamos una fundación y los ayudaba. Gracias a Dios, mi hija come bien, corre, salta, vivimos en el campo, se trepa a los árboles, baja, así que imaginate. 

–¿Cuándo supiste que no se trató de una enfermedad sino de la otra?

–A los seis meses… Nunca lo aclaré porque nadie me lo preguntó. Yo también tuve mononucleosis de adolescente y no tuve grandes problemáticas, a lo sumo me sentí mal una semanita, depende del grado. Es una enfermedad que se transmite por la saliva, la llaman la enfermedad del beso, y yo chapaba mucho. Hoy tener a Agueda, Aurelia y Fermín, mis tres hijos, tan sanos y vitales me hace feliz. Nosotros vivimos en el campo, literalmente hablando. En el medio de la montaña, juntamos agua de lluvia, que usamos, más que nada, para regar la huerta y los árboles frutales. Prácticamente todos los días, comemos alimento orgánico de nuestra huerta y hacemos dulce casero. 

–¿Qué notás de la sociedad cuando te alejás del campo?

–Yo también me engancho en eso de estar todo el tiempo corriendo. No te creas que soy un tipo sabio que como estoy en la montaña tengo todo resuelto… Llego acá, a Buenos Aires, y en dos o tres días estoy acelerado también. Y después de tres años de estar viviendo allá, no ves la hora de decir, por ejemplo, poneme todas las notas periodísticas en un mismo día, así me puedo ir para allá lo más rápido posible. Incluso, a veces, vengo por un solo día. El día que terminamos de grabar La vozfue a las ocho y media de la noche, me subí a la camioneta y manejé ocho horas y media hasta casa, llegué de madrugada. Fue sólo por un día porque tenía que volver pero quería estar un rato en la montaña, con mis hijos. Allá tallo madera a mano, sin máquinas, hago cosas distintas. Hago mates, bowls, cucharas y los regalo. De hecho, le hice y regalé un mate a la Sole para su cumpleaños, a mediados de octubre. 

–¿Te gustaría buscar un cuarto hijo?

–No, no… Lo que venga, lo que Dios diga, pero ya estamos muy bien así. Hay que viajar ahora, disfrutar. 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

#Málaga voy x Ti!!!! No se pierdan el concierto de esta noche en la sala @cocheracabaret #VolverASer1 🇪🇸

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