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¡Al natural!

Las fotos de Natalia Oreiro sin maquillaje ni retoque

Con dolores de cabeza, gripe y el termómetro marcando más de 38 grados. Así se fue la actriz uruguaya a presenciar El diario de Ana Frank, la obra en la que actúa su amiga y comadre Valeria Lorca. La acompañó su pareja, Ricardo Mollo.

La posibilidad de salir un sábado a la noche siempre tiene perfume a tentación. Fundamentalmente si hay manos de confianza en las que dejar a los chicos y la excusa de un paseo nocturno es motorizada por el deseo de no fallarle a una amiga. A Natalia Oreiro y Ricardo Mollo les salió todo redondito. Encontraron el combo perfecto para conseguir que Merlín Atahualpa quedara en casa y les permitiera aprovechar la presentación de Valeria Lorca en El diario Ana Frank, con la idea de matar dos pájaros de un tiro: presenciar la obra y respaldar desde las butacas a la comadre de la actriz uruguaya. Sí, claro, porque Natalia es la madrina del hijo que tiene Lorca con Oski Ferrigno, motivo por el cual entre ambas familias existe un lazo afectivo muy sólido. El problema surge, inexorablemente, cuando la salud no acompaña.

Los planes podrán ser los mejores, los más completos y prometedores, pero si sobre la mesita de luz perduran los remedios desde hace días, el tablero cambia. Es otro. Más complicado, condicionante. Sin embargo, están los que son capaces de desafiar a las altas temperaturas. Por supuesto no nos referimos a los que tienen preparada la tabla para soñar con una jornada de playa llena de olas y con un sol radiante. No. Lo que queremos decir que es que las enfermedades menores no resultan inmovilizantes. La gripe, con tos y fiebre, es un cuadro definitivamente molesto. Y en la mayoría de los casos requiere acostarse para reposar y, como máximo, plantearse mirar una película, alguna serie recomendada o simplemente leer. Lo bueno es sentirse con energía. Con ganas de restarle protagonismo al actor patológico y arremeter con el poco empuje que todavía queda. Precisamente, lo que hizo Natalia.

Desde el jueves que venía con dolores de cabeza y un estado gripal que la obligó a medicarse. Incluso, a la hora de utilizarlo, el termómetro no le dio la mejor señal. Le indicó, con su pantallita digital, que lo más coherente era permanecer en el “sobre”. Lejos de sentirse amedrentada por el diagnóstico, Natalia le comunicó al músico su decisión, indeclinable, de ir a respaldar a su comadre y amiga. El ex líder de Divididos le dio también su ok y la acompañó al Teatro 25 de Mayo, en Villa Urquiza, donde se presentó el show. A pesar de los impedimentos que intentaron frustrar la salida, ambos arribaron a la sala de la calle Triunvirato muy contentos. Saludaron, sonrieron y se mostraron muy emocionados al bajarse el telón, cuando debieron despedir al elenco. Desde luego que aplaudieron largamente, pues, aparte de haber considerado a El diario de Ana Frank un excelente producto, se dieron el lujo de ovacionar a una de las personas más entrañables para su familia. Más tarde pasaron a saludar por camarines y se fotografiaron con los integrantes de la compañía que salieron a escena. No faltaron los elogios ni los intercambios de buena onda. Se vieron rostros alegres. En el elenco, por entender que todo había salido de acuerdo con lo planeado, y en Natalia junto a Mollo, por el deber cumplido. 

Natalia Oreiro

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