Cómo son los días de Giselle Rímolo en la cárcel: hace cursos de computación y pintura, limpia el pabellón y espera las salidas transitorias – Revista Paparazzi

Cómo son los días de Giselle Rímolo en la cárcel: hace cursos de computación y pintura, limpia el pabellón y espera las salidas transitorias

Habla todas las noches con su pareja, el doctor Gaineddú. A pesar de todos los contratiempos y los malos momentos, siguen soñando con un futuro juntos.
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Algunos podrían decirle puntualidad inglesa. Otros, paciencia oriental. Se trata, más bien, de una arista poco conocida de una de las historias que más impactaron a la sociedad argentina en los últimos 20 años: todos los días, exactamente a las nueve de la noche, Giselle Rímolo conversa con su pareja, el abogado Juan Gaineddú, y hablan de lo que hicieron durante el día y de lo que harán cuando ella recupere la libertad y vuelvan a estar juntos.

Es el momento cumbre de cada interminable jornada para ella. El más importante. El único en el que se permite una sonrisa. Aquel en el que visualiza que probablemente haya algo afuera de esas paredes y detrás de esos barrotes que valdrá la pena aguantar tanto tiempo.  

LA ULTIMA IMAGEN DE RIMOLO, POCO ANTES DE QUE LA LLEVARAN A LA CARCEL DE EZEIZA.

Mientras tanto, mientras aguarda el momento del reencuentro con el hombre que le banco todas siguiendo ese sentimiento inexplicable que es el amor, la “falsa doctora” transita sus horas en la cárcel de mujeres de Ezeiza, ahora recuperada del nuevo golpe anímico que significó el fracaso de la estrategia de salir de allí por el coronavirus.

Lo primero que hay que hacer cuando uno está preso es encontrar la manera de ocupar el tiempo” dice una de las famosas leyes no escritas del mundo tumbero. Eso, para casi todos ellos, es la cárcel; un lugar donde todos están muertos. Y todos es todos; los que trabajan allí también. “Carcelero, vos también sos prisionero” se lee en las paredes de cada unidad penitenciaria del país.

RIMOLO CUANDO ERA LA NOVIA DE SILVIO SOLDAN. SE PRESENTABA COMO DOCTORA. EL CONDCUCTOR ESTUVO PRESO EN DEVOTO 63 DIAS.

Rímolo encontró en el estudio, justo, la manera más provechosa de hacer algo con tantas y tantas horas sin obligaciones. Curiosamente, es probable que salga de allí con algunos títulos, que aunque menores tendrán más validez de aquel que ostentó pero nunca tuvo, y que la llevó a ser la convicta más famosa de la Argentina. Los “estímulos educativos”, además, le sirven para acumular puntaje de buena conducta, algo que puede morigerar la pena o acelerar los tiempos de salida.

La ex novia de Silvio Soldán se anotó en dos cursos. Uno de computación y otro de pintura letrista. Es, de acuerdo a lo que trascendió, una alumna regular y aplicada. Asiste a las clases y ayuda a las compañeras cuando los temas se tornan un poco más complicados. Después de muchos cortocircuitos con ellas cuando llegó, ahora se lleva bien con la mayoría de las internas. Otras, en cambio, siguen sin perdonarle algunos aires de grandeza con el que intentó diferenciarse de las demás.

La condena de 9 años quedó firme en 2017. Giselle está presa bajo el programa “Prisma”, que establece algunas condiciones de alojamiento para quienes sufren o presentan afecciones siquiátricas. Con todo, ningún “beneficio” alivia la carga de estar encerrado durante tanto tiempo. Hace 15 años, Soldán también estuvo detenido: a los 63 días, dejó la cárcel de Devoto y volvió a su tradicional vivienda del barrio de Belgrano.   

Rímolo se congració con las otras presas cuando aceptó hacerse cargo de algunos trabajos que aliviaban las cargas de todas. En su caso, fue la limpieza del pabellón. Cuentan, en ese sentido, que es pulcra, prolija y muy detallista. Ahí donde está ella todo queda un poco más perfumado. Los olores son otro tema en una penitenciaria: la humedad, los escasos baños para tanta población y la carencia de elementos de limpieza son, en ese sentido, una combinación letal.

JUAN GAINEDDU, EL UNICO SOSTEN QUE LE QUEDA A RIMOLO.

Muchas veces la ganó la depresión. “Le costaba salir de la cama, pero muchas veces no le quedaba otra y tenía que hacerlo igual” se dice a su alrededor. El último mazazo se lo dio la pandemia: pensó que podía presentar un recurso y salir para “evitar riesgo de contagios”, pero no fue así. El único momento reconfortante, para ella, llegaba a las 9 de la noche. El momento de hablar con el hombre que antes del coronavirus la visitaba tres veces por semana.

En abril del año pasado sufrió otro golpe tremendo cuando le avisaron que Fabián, su hermano, había muerto en prisión. Le quedaba un año para recuperar la libertad. Le costó salir de la pena. Pero como pudo se sobrepuso.

A Rímolo la condenaron por homicidio, ejercicio ilegal de la medicina y estafas. Se hacía pasar por médica y hasta había montado su propia clínica, por la que pasaron decenas de personas. La denunciaron en la justicia, y una investigación periodística echó un manto de luz sobre lo que estaba haciendo. Y después de mil idas y vueltas, finalmente fue de la tele a la cárcel, donde aún permanece.

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