Rodeado por el imponente paisaje del Parque General San Martín y con la Cordillera de los Andes como telón de fondo, el estadio Malvinas Argentinas es uno de los escenarios deportivos más emblemáticos del interior del país. En su césped se vivieron noches inolvidables: desde los partidos del Mundial 78 hasta definiciones de torneos internacionales y encuentros de la Selección Argentina.
Por allí pasaron también clubes de todo el continente. En 2013, por ejemplo, el estadio fue sede de la final de la Copa Argentina en la que Arsenal venció a San Lorenzo. Y en diferentes temporadas recibió partidos de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana, además de ser la casa habitual de Godoy Cruz en sus campañas en Primera División.
El Malvinas Argentinas también supo transformarse para otros espectáculos. Grandes artistas internacionales y nacionales se presentaron en Mendoza aprovechando la magnitud del estadio, que se convirtió en un punto de encuentro cultural y deportivo para toda la región de Cuyo.

Pero su origen está ligado a un momento histórico para el fútbol argentino. El estadio fue construido especialmente para el Mundial de 1978, cuando el país se preparaba para recibir por primera vez la máxima cita del fútbol. En aquel entonces se lo conocía como Estadio Ciudad de Mendoza y fue una de las ocho sedes del torneo.
El complejo fue inaugurado el 14 de mayo de 1978 con un amistoso entre un combinado de Mendoza y San Lorenzo de Almagro. Apenas semanas después, el estadio recibiría sus primeros partidos mundialistas: allí se disputaron encuentros de la fase de grupos protagonizados por selecciones como Italia, Francia y Hungría.
Su diseño arquitectónico responde a las características del terreno y a las condiciones geográficas de la región. El estadio fue construido semienterrado, con tribunas que se despliegan en forma ovalada alrededor del campo de juego, una solución que permite mejorar la visibilidad y proteger la estructura frente a los movimientos sísmicos que pueden producirse en la zona.

Con el paso de los años, el estadio cambió su nombre en homenaje a los caídos en la Guerra de Malvinas, una decisión que se oficializó en 1982. Desde entonces, el Malvinas Argentinas se convirtió en un símbolo no sólo del deporte mendocino sino también de la memoria colectiva del país.
Hoy el estadio tiene una capacidad cercana a los 42 mil espectadores y forma parte de un gran polo deportivo dentro del Parque General San Martín, junto a otras instalaciones recreativas y culturales que lo convierten en uno de los complejos más importantes de la Argentina.
#TipCementero por Cementos Avellaneda
Una de las particularidades del Malvinas Argentinas es que fue diseñado teniendo en cuenta las condiciones sísmicas de Mendoza. Por esa razón, su estructura incluye sistemas de refuerzo y materiales capaces de absorber movimientos del suelo, algo fundamental en una región con actividad sísmica. Además, su diseño semienterrado ayuda a distribuir mejor las cargas y mejorar la estabilidad de toda la construcción.
A lo largo de las décadas, el estadio fue modernizado en distintas oportunidades. La reforma más importante llegó en 2011, cuando Mendoza fue una de las sedes de la Copa América. Para ese torneo se renovaron las butacas, los vestuarios, la sala de prensa, el sistema de iluminación y el campo de juego.

Gracias a esas mejoras, el Malvinas Argentinas se mantiene como uno de los estadios más importantes del interior del país y un escenario habitual para grandes eventos deportivos y culturales.
Entre la montaña y la ciudad, el estadio mendocino sigue escribiendo su historia, con la misma vocación con la que fue concebido hace casi medio siglo: ser un lugar de encuentro para el deporte y la pasión popular.