Con el mismo orgullo con el que inflan el pecho y dicen que su equipo es "el club de barrio más grande del mundo", los hinchas de Lanús cuentan con pasión la historia de su cancha, aquella vieja estructura de madera y de tablón que hoy es un contundente y hermoso edificio de cemento que tiene hasta techo. Esa transformación hecha a base de esfuerzo, sacrificio, trabajo y lucha también los hace sentir que son parte de algo muy importante y muy especial.
Lanús es un partido que nuclea barriadas muy populares ubicado en el sur del conurbano bonaerense. Las vías del tren Roca, la estación, la Avenida Pavón, la 9 de julio, el centro, la división entre "este" y "oeste" o ser el lugar de nacimiento de Diego Armando Maradona son referencias ineludibles del distrito. Marcas registradas que no se comparan, de ninguna manera, con la identificación que genera el club, su color granate tan particular y la cancha de la calle Ramón Cabrero al 2000. Ramón Cabrero, uno de los más grandes ídolos de la institución.
Cuando logró salir del ascenso y asentarse en primera, Lanus siguió creciendo y haciéndose fuerte. Así llegaron los títulos. Dos de primera (uno en la cancha de Boca y otro en la de River goleando en la final nada menos que a San Lorenzo), otro par internacional (primero la Copa Conmebol y luego la Sudamericana) y hasta llegó a jugar la decisión de la Libertadores, pero no pudo ser.
Cualquiera de esos trofeos se puede comparar, en el nivel de alegría y de felicidad, con lo que sienten los simpatizantes del "Grana" cuando llegan a su cancha y sobre todo cuando repasan lo que fue la transformación de su estructura, ese trabajo titánico que los encontró juntos, codo a codo y dando todo por amor la camiseta. Los que tienen más de 35 fueron testigos del cambio: de aquellos tablones humildes a este cemento con todos los chiches. ¿Quién no va a celebrar eso como el gol de un campeonato?
#TipCementero por Cementos Avellaneda
Lo diseño y supervisó el arquitecto Ariel Perzhalo, quien se encargó de la ampliación y las distintas reformas, y a principio de los años 60 se reconstruyó la tribuna oficial en cemento armado y en su coronamiento se ubicó el palco de la prensa.

CONSTRUYENDO PASIÓN: LA FORTALEZA GRANATA, AQUELLA CANCHA DE MADERA QUE HOY ES ORGULLO DE TODO LANUS
Hasta los 90, lo único que había de cemento era una platea en uno de los laterales. El resto era de madera. Para colmo, Lanús había tocado fondo en serio (el descenso a la C a fines de los 70) y tras un regreso a la vieja B estaba estancado en ese lugar. "A los dirigentes de Lanús no les conviene ascender a Primera, gastan más y no pueden mantener al equipo en la A", se escuchaba como mantra en ese momento.
Pero en lo peor de lo peor pasó lo que casi nunca sucede en los clubes: los dirigentes se unieron, dejaron de lado sus intereses personales y decidieron que de allí en más todos los gobiernos serían de unidad y con "pase de mando" entre los distintos sectores internos. De adentro hacia afuera, la idea prendió primero en los hinchas y luego en los jugadores y distintos cuerpos técnicos y así fueron llegando los triunfos, las mejores sustanciales, el ascenso, la consolidación y la vuelta olímpica.
Todo eso con la cancha -cuyo verdadero nombre es "Estadio Ciudad de Lanús Norberto Díaz Pérez"- como testigo y protagonista de esos cambios. Y aquellos tablones que vieron a Daponte, Guidi, Nazionale y los albañiles, Acosta, Silva, o al goleador uruguayo Gilmar Gilberto Villagrán después fueron el cemento que cobijó al Tero Di Carlo, a la Urraca González, a Huguito Morales, al Pepe Sand, al Laucha Acosta o al Maxi Velázquez.








