Fundado en 1904, Ferro Carril Oeste construyó su estadio apenas un año después, en pleno barrio de Caballito. Desde sus inicios, la cancha, hoy conocida como Estadio Arquitecto Ricardo Etcheverri, se convirtió en un punto de encuentro para generaciones de hinchas verdolagas que hicieron de ese espacio mucho más que un escenario deportivo.
Las primeras tribunas, levantadas en madera y zinc, reflejaban el espíritu de los clubes de barrio de principios del siglo XX. Aquel estadio sencillo fue testigo de los primeros grandes momentos del club y sentó las bases de una identidad que aún hoy sigue intacta.


Del tablón al cemento: la transformación del Templo Verdolaga
Con el paso de los años, el estadio de Ferro Carril Oeste atravesó distintas etapas de crecimiento y renovación. En 1931, un incendio obligó a reconstruir parte de sus instalaciones, marcando uno de los primeros grandes cambios estructurales. Décadas más tarde, en 1972, la inauguración de la tribuna de cemento con visera significó un salto clave hacia la modernización del estadio.
Ese proceso continuó en los últimos años, con obras que reemplazaron las antiguas tribunas de madera por estructuras más seguras y modernas, siempre respetando la esencia del lugar. Así, el Templo Verdolaga logró adaptarse a los nuevos tiempos sin perder el vínculo emocional con su historia.


El corazón de Ferro y del barrio de Caballito
Más allá de las obras, las tribunas y los cambios estructurales, el estadio de Ferro Carril Oeste es un espacio cargado de memoria colectiva. Allí conviven los recuerdos de las grandes campañas, las tardes inolvidables y el sentido de pertenencia de una hinchada que entiende que su cancha es mucho más que un lugar físico: es un símbolo que se hereda, se cuida y se defiende con orgullo.
Con la misma pasión que lo vio nacer y transformarse a lo largo del tiempo, el estadio sigue latiendo en el corazón de Caballito, reafirmando su rol como uno de los emblemas más auténticos del fútbol argentino.

