La muerte de Brigitte Bardot fue uno de los grandes sacudones del mundo del espectáculo por estas horas. La icónica actriz francesa falleció a los 91 años, dando cierre a una vida llena controversia. La noticia fue confirmada por su propia fundación, que informó el fallecimiento tras varios meses marcados por problemas de salud y reiterados ingresos hospitalarios.
Alejada de la vida pública desde hace años, Bardot seguía siendo una figura omnipresente. Mito del cine, emblema de los años 50 y 60, activista incansable por los derechos de los animales y, también, una personalidad incómoda para muchos. Más allá del ícono, su biografía estuvo atravesada por una vida sentimental intensa que la marcó. ¿Quiénes fueron sus grandes amores?
Su primer gran amor fue Roger Vadim. Se conocieron cuando ella era apenas una adolescente y él un director con olfato para detectar talento y magnetismo. Se casaron en 1952, cuando Brigitte acababa de cumplir 18 años, y juntos encararon la icónica cinta Y Dios creó a la mujer -él director, ella actuando-. Años después, la actriz admitió que ese matrimonio fue un error. Se divorciaron en 1957, aunque mantuvieron un vínculo cordial.
Luego llegó uno de los romances más comentados del cine francés: Jean-Louis Trintignant. Su historia comenzó durante el rodaje de la misma película que la había convertido en leyenda. Fue una relación intermitente, atravesada por idas y vueltas. En esos años, Bardot fue vinculada a músicos como Gilbert Bécaud o Sacha Distel, reforzando una imagen de mujer libre en una época que todavía no estaba preparada para eso.
CUATRO ESPOSOS Y MUCHOS ROMANCES: LA VIDA AMOROSA DE BRIGITTE BARDOT
En 1959 intentó una vida más convencional junto al actor Jacques Charrier. De esa relación nació su único hijo, Nicolas. Aquella etapa fue especialmente dura. Bardot nunca ocultó que la maternidad le resultó compleja y que se sintió atrapada entre la fama y un rol para el que, según sus propias palabras, no estaba preparada. El matrimonio terminó en 1962 y él obtuvo la custodia del niño, lo que derivó en un vínculo distante entre madre e hijo durante años.
La década del ‘60 sumó otro nombre clave: Gunter Sachs, millonario alemán y figura central de la jet-set europea. Su boda en 1966 fue puro espectáculo, con titulares internacionales y una estética que sintetizaba el glamour de posguerra. Sin embargo, este romance de Brigitte duró apenas tres años. Aun así, su imagen como pareja quedó grabada en el imaginario colectivo.
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Con el paso del tiempo y su progresivo alejamiento del foco, Bardot vivió relaciones menos expuestas, pero igual de profundas. Una de ellas fue con el escultor Miroslav Brozek, con quien convivió varios años. Y en 1992 llegó Bernard d’Ormale, su último marido, el compañero que más tiempo permaneció a su lado y con quien encontró algo distinto: una vida lejos del brillo, centrada en la intimidad y en su entrega absoluta a la defensa de los animales.
La historia sentimental de Brigitte es, sin dudas, la de una mujer que nunca supo vivir a medias. Amó con intensidad, rompió con la misma fuerza y decidió retirarse cuando sintió que la leyenda la había devorado. Tras su muerte, queda el retrato completo de una figura irrepetible que pasó la vida buscando algo tan simple -y tan difícil- como la libertad.





