Una de las figuras más respetadas y versátiles de Hollywood Robert Duvall, falleció este domingo en su rancho de Virginia, según confirmó su esposa, Luciana Duvall. Con él se va no solo un actor multipremiado, sino un intérprete obsesivo de la verdad escénica y un referente indiscutido de varias generaciones.
“Para el mundo, fue un actor ganador del Oscar, director y narrador. Para mí, fue simplemente todo”, expresó su esposa en un comunicado que rápidamente conmovió a colegas y admiradores.
Duvall dejó una marca imborrable en clásicos como El Padrino, Apocalipsis Now —donde pronunció la inolvidable frase “Me encanta el olor del napalm por la mañana”— y Tender Mercies, película que le valió el Oscar a Mejor Actor en 1983.
A lo largo de más de seis décadas de carrera acumuló siete nominaciones al Premio de la Academia y construyó una filmografía que combinó cine comercial, proyectos independientes y producciones televisivas de un enorme prestigio.
Su compromiso con el oficio era casi artesanal. En distintas entrevistas insistió en que no creía en interpretaciones prefabricadas, sino en dejar que el proceso guiara al resultado. Esa búsqueda constante de autenticidad fue el sello que lo distinguió en cada personaje, desde el consigliere Tom Hagen hasta el carismático teniente coronel Kilgore.

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Además de actor, fue productor y director, y fundó su propia compañía, Butcher’s Run Films, con la que impulsó proyectos personales y nuevas narrativas dentro de la industria estadounidense. En los últimos años continuó trabajando con la misma intensidad que lo caracterizó siempre.

Su legado no solo está en los premios y reconocimientos, sino en escenas que forman parte de la memoria colectiva del cine. Con su partida, Hollywood pierde a uno de sus intérpretes más profundos. Pero su obra —esa combinación de técnica, riesgo y humanidad— seguirá viva en cada pantalla donde vuelva a proyectarse su mirada inconfundible.


