La separación entre Wanda Nara y Martín Migueles no solo confirmó lo que venía rumoreándose desde hace semanas, sino que además dejó al descubierto un escenario inesperado: el delicado y según quienes lo rodean, deplorable estado emocional del empresario tras el final del vínculo.
La información fue revelada por Yanina Latorre, quien desde su programa y en comunicación telefónica dio detalles contundentes sobre cómo quedó Migueles después de que Wanda decidiera ponerle punto final a la relación. “Lo dejó ella. No le cree nada”, escribió primero la panelista, y luego amplió con una frase que no tardó en generar impacto.
“Él ahora está arrastrado, persiguiéndola y diciéndole que le va a demostrar que no es lo que dicen”, lanzó Yanina, sin filtro, describiendo un presente marcado por la desesperación, la negación y la insistencia.
Según contó la conductora, la ruptura se terminó de sellar hace aproximadamente una semana, en Punta del Este, cuando salieron a la luz los rumores de infidelidad que involucraban al empresario con Claudia Ciardone. “Esto le afectó mucho a Wanda. Obviamente él le mintió y ella, en ese momento, lo dejó”, explicó Latorre.
El contexto no ayudó. Estaban de vacaciones, con chicos en el medio y una situación que explotó en el peor momento. “Ella no quería blanquearlo rápido porque no se querían volver de un día para el otro, y estaban los chicos en el medio. Él estaba ahí y como que se bancó la situación”, agregó.
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Pero puertas adentro, la historia era otra. Lejos de una separación prolija o acordada, el relato que circula en el entorno es el de un Migueles intentando revertir una decisión ya tomada, insistiendo, buscando convencer y prometiendo una versión de sí mismo que Wanda, esta vez, no estaría dispuesta a creer.
La imagen contrasta fuerte con la que mostraban juntos hace apenas semanas, cuando se los veía sonrientes en eventos y salidas públicas. Hoy, ese capítulo parece cerrado sin retorno, y con un saldo emocional claramente desigual.
Mientras ella eligió el silencio y siguió adelante, él habría quedado atrapado en un lugar incómodo, casi humillante, intentando probar algo que, para Wanda, ya no importa. Dicen que hay separaciones que se viven en silencio y otras que se notan en la forma de caminar, en los gestos y en la urgencia por no quedar afuera...
Y en este caso, el contraste es brutal: ella firme, decidida y en control de la escena; él, dando vueltas alrededor de un final que ya no admite marcha atrás, intentando explicar lo que ya se rompió y persiguiendo una respuesta que, puertas adentro, parece haber quedado definitivamente cerrada.



