El día de furia de Susana Giménez: de la traición de su marido, a romperle la cara con un cenicero y perder 10 millones de dólares - Revista Paparazzi

El día de furia de Susana Giménez: de la traición de su marido, a romperle la cara con un cenicero y perder 10 millones de dólares

Susana Giménez y Roviralta_ una historia de amor, engaño y odio. (Archivo)
A casi tres décadas del escándalo que paralizó al mundo del espectáculo, el feroz enfrentamiento entre Susana Giménez y Huberto Roviralta sigue siendo uno de los divorcios más polémicos y costosos de la farándula argentina. Insultos, acusaciones de infidelidad, una fortuna en juego y un cenicero que voló por el aire, marcaron el final explosivo de una historia de amor que había empezado como un cuento de hadas.
ROMANCES
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¿Cuándo te vas a ir de acá? ¡Hijo de puta, ladrón!”, fue una de las frases de Susana Giménez que quedó para la historia en el mundo del espectáculo. Corría el año 1998, más exactamente un caluroso 13 de febrero, en el marco de la vuelta de un viaje de la diva a Miami. Su mansión de la calle Dardo Rocha, en Barrio Parque, se transformó en un subversivo escenario de discusión, insultos y agresiones con Huberto Roviralta, su ex marido.

En lo que se recuerda como uno de los divorcios millonarios más exorbitantes de la farándula argentina, todo comenzó con una historia de amor intensa. Susana y Roviralta se casaron a solo tres meses de haberse conocido y terminó de la peor manera. La histórica conductora de Telefe perdió 10.000.000 de dólares, y la pelea escaló a niveles de agresiones impensados con insultos, humillaciones y un cenicero que la propia diva le arrojó en la cara a Roviralta.

Huberto Roviralta y la foto luego del escándalo con Susana Giménez. (Archivo).

En 1987 la carrera de Susana tuvo su explosión definitiva, un año de consagración total. Por aquel entonces, la pantalla de ATC irrumpió con un programa que marcó para siempre un antes y después: Hola, Susana. Su nombre solo bastó para transformarse en un suceso fidedigno, que generó ganancias millonarias en la vida profesional y personal de Giménez.

Inspirado en el mismo formato que Raffaella Carrá realizaba en la RAI, los concursos telefónicos fueron la apertura a niveles inconmensurables de dinero. Sumado a las diferentes entrevistas a famosos y las apuestas con conciertos musicales, hicieron del ciclo un combo exitoso, inequívoco de fracaso, que le dio un vuelo infinito a Susana. La enorme exposición que tenía como estrella de la televisión hizo que, simultáneamente, logre llenar cada una de las funciones de la obra musical Sugar, que protagonizaba con Ricardo Darín y Arturo Puig.

Huberto Roviralta y Susana Giménez de viaje, en medio de unas vacaciones. (Archivo).

La popularidad crecía y Susana era catalogada como la mujer del año. Estaba en su prime. De forma paralela el país atravesaba con un hito como la promulgación de la ley de divorcio. Y Susana abrió camino (y mentes) demostrando que se podía ser amiga de un ex —Ricardo Darín—, incluso hasta compartir trabajo. En 1978 comenzaron su romance, que duró 13 años, y si bien nunca se llegaron a casar, todo iba cuesta arriba para la diva, que a su vez venía de salir de una traumática relación como la que vivió con Carlos Monzón.

DEL ÉXITO SUPREMO DE SUSANA GIMÉNEZ COMO DIVA DE LA TV, AL ESCÁNDALO MEDIÁTICO MÁS GRANDE DE LA HISTORIA

La figura de Alejandro Romay llevándola a Canal 9 no hizo más que ubicarla en el foco de todos los flashes. El glamour, la ropa de Gino Bogani, el rating que acumula cifras récords: las mujeres argentinas desde sus casas ya comenzaban a atender los llamados telefónicos con el tan característico “Hola, Susana”, por las dudas de que fuera ella quien estaba al otro lado. Ese subidón la llevó al estrellato máximo y se dio su pase a Telefe con un contrato acaudalado de 1.000.000 de dólares por mes, que la transformó en la estrella mejor paga de la televisión.

A finales de 1987, a la vuelta del Roof Garden del Alvear, adonde Susana brillaba por completo, vivía un “morocho con aires de nene bien”: Huberto Rivarola. Alejado por completo de la vida ostentosa de Susana, el hombre manejaba un Fiat 147, pero se codeaba con algunos aires de ricachones: jugaba al polo y su mamá tenía su casa en uno de los country más paquetes de Tortugas.

Huberto Roviralta, en su momento un hombre del polo, acompañado por Susana Giménez. (Archivo).

En una noche de pura conexión, Roviralta y Giménez coincidieron en un baile y todo fluyó de maravillas. La diva nunca antes había sentido algo igual y Huberto le pidió casamiento al mes de conocerse. Sí, de película pero real. El 5 de diciembre de 1988 la pareja pasó por el Registro Civil de la calle Uruguay; ella con una sonrisa de oreja a oreja, sin saber que años más tarde se borraría por completo, y por ese entonces, su flamante marido tuvo un cambio de vida de 180°. La fiesta fue en el Hotel Alvear y asistieron 500 personas.

Susana Giménez vestida de novia en su casamiento en el Hotel Alvear. (Archivo).

Durante los años posteriores pasó de todo. Llegó la década dorada del amor con viajes a Miami, el Caribe, paseos en moto de agua, o las ostentosas vacaciones por Egipto y la icónica imagen de los enamorados paseando en camello. Parecía todo tan perfecto que el estallido de su separación, el 30 de enero de 1998, acordando los términos de divorcio en el restaurante de Ocean Drive de Miami, pasó a ser la antesala de un escándalo sin igual.

Susana Giménez y Huberto Roviralta, enamorados en la antesala de un escándalo histórico. (Archivo).

Los rumores más fuertes señalaban infidelidades de Roviralta a Susana, que estaba en su pico máximo de trabajo. “Sus tiempos y metas eran diferentes. Ella era una mega celebridad, la número uno en el país, que trabajaba muchísimo, porque hacía televisión todos los días y también hacía teatro. Susana siempre trabajó y mucho, y él se dedicaba al polo, no tenía una actividad como la de un médico o un albañil. Y algunos se preguntaban de qué trabajaba”, afirmó Daniel Gómez Rinaldi en una entrevista con Infobae.

La bomba terminó de explotar con el divorcio. Lo que parecía ser un acuerdo legal de común acuerdo, tuvo tensiones máximas cuando los abogados de Huberto plantearon una presunta infidelidad de Susana, y la defensa del mediático ante el rumor de un engaño fue tajante. “Nunca le fue infiel”, reconoció. El patrimonio de la diva oscilaba los 100 millones de dólares y Roviralta, ni lerdo ni perezoso, reclamaba la mitad de todo porque el 90% de esas ganancias se gestaron durante su matrimonio de 10 años. Básicamente, pretendía obtener dinero por trabajos que jamás hizo y que Susana se ganó a base de años de esfuerzo, dedicación y trabajo.

Susana Giménez y Huberto Roviralta, felices. (Archivo).

El precio de la libertad que tuvo que pagar Susana fue cuantioso: un cheque de 10.000.000 de la divisa norteamericana. Para la figura de Telefe esa no fue una separación más. De esa forma pudo, de forma oficial y sin tener que ocultarse, vivir su romance con Jorge Corcho Rodríguez, el cual tuvo inicio el 98.

Empero, en febrero de ese año, cuando Giménez volvió de un viaje de Miami a su mansión, afuera se encontraba Gómez Rinaldi realizando una cobertura para el programa Indiscreciones. De un momento a otro, Huberto apareció en una de las ventanas para mostrarle a los periodistas unos papeles, reconociendo que aún había pendientes por resolver. Su llegó a bordo de su Mercedes Benz, y apenas entró, se lo encontró y se dio la feroz discusión. “¿Cuándo te vas a ir de acá? ¡Hijo de puta, ladrón!”, se escuchó gritar a la mediática.

Huberto Roviralta se retiró de la casa de Susana Giménez luego de la feroz discusión. (Archivo).

Lo que siguió luego fue la imagen de Rivarolta saliendo por el portón, buscando que la prensa lo vea: su cara ensangrentada lo decía todo. El rumor más fuerte instalado señala que Susana le arrojó un cenicero, pero en una conferencia de prensa ella contó que era una cajita de madera, peltre, traída de la India, y que era el primer objeto que tuvo a mano para defenderse de una situación que catalogó como “humillante y vergonzante”.

Las personas más cercanas a Giménez, Teté Coustarot, Pet Figueroa, su hija Mecha y su marido de ese momento, Eduardo Celasco, se quedaron para contener a la diva, mientras que Huberto se retiraba de la mansión por la tarde. “No es justo ventilar mi vida privada. Pero no puedo más. Lo que voy a hacer ahora es muy difícil. Necesito descomprimir porque así no se puede vivir ¿Si Huber lo hizo para sacarme plata? Quizá debe haber un interés, sí. Pero jamás hablamos entre nosotros de una cifra. No hay acuerdo prenupcial. Sí, le tiré un cenicero. Pero hace mucho que trato de salvar la pareja viviendo, no sé si llamarlo así, humillaciones. Sí, pudieron ser infidelidades…”, expuso Susana durante su descargo en el hotel Alvear.

Huberto Roviralta con el rostro manchado de sangre, tras acusar a Susana Giménez de tirarle un cenicero. (Archivo).

Con los años, Susana logró reconstruir su vida sentimental y consolidar su carrera como una de las figuras más influyentes de la televisión argentina. El escándalo con Roviralta, sin embargo, quedó como un símbolo de una época donde la vida privada de los famosos empezaba a convertirse en espectáculo público, amplificado por cámaras, cronistas y una audiencia que seguía cada capítulo como si fuera una telenovela.

Hoy, casi tres décadas después, aquella frase que gritó en medio de la furia sigue resonando como un eco de aquel verano de 1998. No fue solo una pelea matrimonial: fue el final abrupto de una historia de amor que empezó como un cuento de hadas y terminó convertida en uno de los divorcios más escandalosos, y costosos, de la farándula. Porque detrás de los millones, los titulares y el mito televisivo, también estaba la historia de una mujer que decidió, a cualquier precio, recuperar su libertad.

Búsqueda de material e investigación de archivo: Gustavo Ramírez.
Jefa de archivo: María Luján Novella.
Archivo Atlántida
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Susana Giménez y Huberto Roviralta durante su relación. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta en celebrando su boda. (Archivo).
El amor entre Susana Giménez y Huberto Roviralta que terminó de la peor manera. (Archivo).
Huberto Roviralta y el look de su casamiento. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta en uno de sus viajes románticos. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta paseando con caballos. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta de vacaciones. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta en la nieve. (Archivo).
La felicidad de Susana Giménez y Huberto Roviralta en el agua. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta de paseo y enamorados. (Archivo).
   
 

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