El pasacalle romántico que Luciano Castro le dedicó a Griselda Siciliani parecía haber sellado, al menos de cara al público, un momento de sinceridad sentimental del actor. La imagen recorrió redes sociales, portales y programas de espectáculos, instalada como una postal de amor sin vueltas.
Sin embargo, como suele ocurrir en el mundo del espectáculo, no todo lo que brilla es oro y, con el correr de los días, empezó a emerger el llamado “lado B” del gesto que enamoró a muchos. Mientras el mensaje colgado frente a la casa de la actriz seguía generando revuelo, puertas adentro comenzaron a circular audios privados y comentarios que encendieron el escándalo aún más.
Según trascendió, se trataría de mensajes de voz atribuidos al actor que no coincidirían del todo con la imagen de romance absoluto que dejó el pasacalle. Sin confirmaciones oficiales, pero con múltiples versiones, los audios habrían sido compartidos en círculos reducidos y luego comentados en voz baja por productores y colegas.
El contenido exacto de esos mensajes no fue difundido de manera pública, aunque sí se habló de conversaciones con otras mujeres que no pasarían inadvertidas para el entorno de Griselda Siciliani. Lejos de señalar infidelidades concretas, las versiones apuntan a vínculos ambiguos, charlas subidas de tono y un frente sentimental que no estaría del todo cerrado.
En ese contexto, el nombre de Luciano Castro volvió a quedar envuelto en rumores que recuerdan capítulos anteriores de su vida personal. A este escenario se suman los comentarios sobre “nuevas mujeres” orbitando alrededor del actor.
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Algunas vinculadas al ámbito laboral, como una profesora de pilates de Mar del Plata, con quien haría un año está en una relación donde hasta viajarían para verse. Otras a encuentros sociales recientes, todas envueltas en un manto de versiones que, por ahora, no tienen confirmación directa. Sin embargo, el run run es suficiente para poner en duda la tranquilidad que el pasacalle parecía transmitir.
El gesto romántico, entonces, quedó atrapado entre dos lecturas: para algunos, una demostración sincera de amor; para otros, una puesta en escena que no logra tapar del todo las tensiones que se estarían gestando detrás. En el universo del espectáculo, donde la frontera entre lo público y lo privado es cada vez más difusa, el pasacalles puede emocionar, pero los audios —aunque no se escuchen— pesan.


