- “Beatriz, ¡No puedo más! ¡No puedo más!... Voy a acabar con todo esto. Esto no es vida. ¡Me voy a matar!” (Alberto Olmedo).
-"¿Pero qué decís, pedazo de pelotudo? ¿No te das cuenta que sos el mejor? ¿No te das cuenta que podés elegir a la mujer que quieras?" (Beatriz Salomón).
Olmedo, acaso el humorista argentino más grande de todos los tiempos, lloraba como un nene y gritaba como podía todas esas amenazas. La Turca, indescriptible belleza mitad sanjuanina mitad árabe, lo agarró del brazo, lo zamarreó y lo ca... bien a pe.... Lo retó duro y parejo, hablando en criollo. Fue la misma vedette, un tiempo después, quien recrearía la charla urgente y desesperada que tuvo con el Negro en algún momento de los desoladores -para él- primeros días de febrero de 1987.
Algunas horas antes, el comediante rosarino había confirmado las sospechas que no lo dejaban dormir. Una tapa de la revista Gente (protagonizada por una jovial Merlina Licht, quien se enfermó y falleció en el momento cúlmine de su carrera televisiva) mostraba juntos, por primera vez, a la mujer que lo tenía loco de amor, Nancy Herrera, con uno de sus mejores amigos, nada más y nada menos que Cacho Fontana, uno de los más grandes locutores/conductores de radio y tevé de todos los tiempos.
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Tanto la foto como el título fueron dos puñaladas que se clavaron directo en lo más profundo de la autoestima de Olmedo, que estaba total y completamente enamorado de esa joven a la que se había llevado a trabajar con él y a la que no podía sacar, por nada del mundo, de su cabeza, de sus pensamientos y prácticamente de su sangre. "¿Qué pasa entre Cacho Fontana y la mujer de Olmedo?" se preguntaba esa portada que le astilló hasta los huesos al hombre que hizo reír, divertirse y emocionarse a todo un país con cada uno de sus personajes.
Algo se veía venir Olmedo en los meses previos. Cuentan que le habían parecido extraños algunos gestos de Fontana y de Nancy -ciertos coqueteos- cuando habían decidido tomar una cierta distancia porque no terminaban de coincidir en algunos temas clave. La diferencia de edad era uno de los escollos más difíciles de resolver para la pareja: él le llevaba 27 años y tenían una vida y algunas costumbres muy muy diferentes. Eran, para muchos que los conocían, el agua y el aceite. Pero Olmedo se había enamorado, y contra eso, se sabe, no se puede.

EL GRAN DOLOR DE ALBERTO OLMEDO: SU MUJER Y SU AMIGO SALIENDO DE UN HOTEL ALOJAMIENTO EN UN AUTO
Dos de los mayores escándalos faranduleros de la historia sucedieron arriba de autos y fueron captados en el momento justo por paparazzis intrépidos, decididos y sobre todo eficaces. El más reciente, el de Juana Viale y el por entonces funcionario Martín Lousteau, provocó un verdadero terremoto tato al interior como al exterior de la familia más tradicional del ambiente artístico. Aquellas fotos del "Gitano" Cristián Córdoba llegaron a la tapa de Paparazzi para escandalizar a medio mundo. O a un mundo y medio. El otro sucedió el 7 de febrero de 1987, cuando el reportero Claudio Divella, enganchó a Fontana y a Nancy Herrera saliendo de un hotel alojamiento de Mar del Plata.
En esa época, el Peugeot 505 era una auto fachero, modernoso y que usaban famosos, millonarios, empresarios y potentados. Aquel cochazo patente C1328574 salía de un albergue transistorio de la zona de Constitución despertando, de inmediato, las preguntas que se harían desde un novato hasta un experimentado o desde una doncella hasta una abuela: ¿A qué otra cosa iban a ir ahí que no sea tener sexo? ¿Qué otra cosa que no sea pegarse un buen revolcón podían hacer en un "telo" una mujer y un señor adultos y que se conocían bien?
Pero lo que parecía imposible, sucedió: en un intento vano por calmar a Olmedo y evitar el escarnio público tanto para él como para ellos (el creador de Rucucu era una de las figuras más queridas por el público y una traición de su mujer y su amigo podía costarles caro) salieron a decir que tenían "un problema" del que debían charlar y que precisamente para evitar el acoso de la prensa y las miradas de la gente eligieron encontrarse en un hotel alojamiento. Sonaba, cuanto menos, poco creíble. "Tomaron a la gente de boluda" sentenciaron los menos educados.
Pero ellos insistieron con esa palabra, o con esa fórmula. "Teníamos un problema del que debíamos hablar y no había otra forma de hacerlo sin ser vistos". Aclaraban, además, que nunca tuvieron sexo. "No hay manera de comprobarlo, pero la cama quedó tal cual la encontramos. Intacta. Ni siquiera la tocamos. Nos juntamos, sí, pedimos champán y lo bebimos, también, y hablamos de lo que teníamos que hablar, pero nada más, de la cama ni cerca estuvimos" se excusó él en el único testimonio que le sacaron por entonces. "Tiene razón Cacho, un verdadero caballero, todo fue tal cual lo contó" corroboró Nancy.

EL GRAN DOLOR DE ALBERTO OLMEDO: NANCY HERRERA, CACHO FONTANA Y LA SOMBRA DE LA COCAINA
Algún tiempo después Nancy volvió a entrar en contacto con la prensa y, por fin, se animó a contar cuál era ese famoso "problema" del que tenían que hablar a escondidas del mundo. Y efectivamente era un problema, un problemón, porque aunque mantuvo que nunca se ensabanaron terminó contando que esa relación con Fontana la llevó a tomar cocaína por primera vez.
“Estaba en una temporada que era un infierno de gente que venía… y dije ‘probemos’. Pero ahí dije basta. ¿Esto era? Esa noche probé por primera vez. Yo no engañé a Olmedo. Yo probé una o dos veces” le confesó, no hace tanto, al programa Confrontados, aquel que le dio la chance a Rodrigo Lussich de convertirse en animador de televisión.

EL GRAN DOLOR DE ALBERTO OLMEDO: LA FOTO FUE ARMADA O FUE "NATURAL"?
Desde un primer momento se discutió la veracidad de la foto. O más que la veracidad, porque nadie podía negar que eran ellos, que era el auto de Cacho y que salían de un hotel, se debatió acerca del origen del armado. De si fue lograda de manera "natural" o "espontánea" o sí, por el contrario, resultó producto de un acuerdo o de una negociación entre la revista Gente y una de las personas involucradas, Nancy, que quería presionar a Olmedo o darle celos por verlo con un amigo.
Curiosamente se dieron dos versiones opuestas y fue la periodista que cubrió la nota, Sandra Jacobson, la que habló de un "arreglo" y fue Herrera, es decir la figura, la que negó eso y dijo que ella y Fontana fueron descubiertos en su buena fe. Cualquiera hubiera imaginado un discurso inverso, pero sucedió así por más inverosímil que parezca.
Sandra Jacobson siempre defendió su postura de que habían "arreglado un afano" con Nancy y hasta dijo tener pruebas (grabaciones, lo único que había en aquel tiempo) que podían demostrarlo. Incluso contó detalles bastantes fuertes, como que Nancy le había contado que le iba a pedir un regalo caro a Fontana porque también lo tenía enganchado. "“Esta noche le pido a Cacho que me regale un Rolex Presidente. Es divino. Le voy a decir que se lo pedí a Olmedo y él me dijo que yo era poca cosa para merecerlo. Cacho, para demostrarme que es más hombre, me lo va a comprar” contó ella que le dijo Herrera.

También dejó entrever que fue la propia Nancy la que le jugó un enigmático para darle a entender que había dejado a Olmedo por Fontana. "¿No me ves que estoy distinta, mejor? Estoy enamorada. Y no es Olmedo, tiene un año más que Olmedo. Tiene hijas mujeres y dice que conmigo va a tener un varón. Es de la farándula, pero no es actor. Vive en el Hermitage y está haciendo temporada” contó Jacobson, quien recordó que Herrera llegó a preguntarle "¿Qué nota, no? ¿Es tapa o no es tapa?". Nancy dijo todo lo contrario una y ogrta vez.
Como sea, con acuerdo o sin él, con negociación o con un golpe de suerte del destino para el fotógrafo, el que sufrió fue el Negro.
EL DOLOR DE ALBERTO OLMEDO POR LA TRAICION DE SU MUJER Y SU GRAN AMIGO CACHO FONTANA
"Cuando se supo lo de Nancy con Cacho Fontana se derrumbo Alberto. Allí empezó su tristeza, su bochorno. Para él fue muy fuerte. Si eso le hubiese pasado a un hombre cualquiera, a lo mejor se enteraba el barrio. ¡Pero cuando se entera todo un país! Tenía los ojos llenos de lágrimas. Se le doblaban las rodillas. Lo de Nancy con Fontana le había hecho mucho mal. Lo hizo sufrir mucho, mucho" (Beatriz Salomón, otra vez, en Revista Gente).
Olmedo ya no estaba para responderle.


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