No debe ser fácil para nadie revisar el celular de una pareja y encontrar mensajes, audios, fotos y videos con otra persona. Bueno, imagínense para Griselda Siciliani que vio todo eso sin agarrar a escondidas el teléfono de su novio, Luciano Castro, sino que las pruebas de sus infidelidades empezaron a aparecer en cadena nacional por la tele, las redes, los portales. En fin, el dolor, la desazón y la bronca multiplicadas por mil, porque es abrir los ojos y escuchar que todo el mundo habla de ella.
En medio de ese presente caótico, la protagonista de Envidiosa la lleva como puede. Se "refugia" en su trabajo (a los famosos les encanta usar esa palabra, "refuigia", cuando cualquier hijo o hija de vecina estaría llorando a mares por los rincones) y también el el hombro solidario y la oreja amiga de sus seres más cercanos, aquellos que no dan consejos sino compañía, afecto y muchas veces silencios que son necesarios.
Siciliani, lo dijo el mismo Castro en las dos o tres apariciones públicas que protagonizó tras decirle a una joven danesa "Buen día guapa" y otras "exquisiteces" por el estilo, está enojada. "Enojadísima" afirmó él con exactitud copernicana, algo que quedó reflejada cuando Intrusos la encontró en plena calle y ella prefirió "escaparse" a pesar de los pedidos y casi ruegos del cronista.
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Apenas observó la presencia del reportero -y advirtió que el micrófono tenía el logo del ciclo insignia de América- Siciliani apuró el paso y se metió de una al vehículo que la estaba esperando. Saludó al periodista (se la reconoce como una de las personas más respetuosas del ambiente artístico), ingresó al vehículo y cerró la puerta. Antes, solo dijo un "buen día", agradeció "por la preocupación" y cuando le preguntaron si seguía con Luciano Castro respondió un raro "gracias a Dios" que desconcertó a todo el mundo.
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Por más que el movilero intentó una y otra vez que la actriz le dijera algo -y hasta le tiró que "me re ayudás a mi"- ella se mantuvo en silencio y una vez que logró adentrarse en el rodado lo que hizo fue ofrecer un par de gestos con sus manos. Un además, un beso y un saludo pero todo detrás de la ventanilla. Efectivamente, el coche estaba herméticamente cerrado.
En Intrusos tanto el conductor Adrián Pallares como sus panelistas se tomaron el tiempo de analizar las imágenes y todos coincidieron en que era "algo extraño" verla huir de esa forma. "Ella siempre se para y habla, que raro todo esto" dijo el líder del ciclo. Paula Varela fue un poco más allá y consideró que "da pena verla así, porque ella siempre está contenta y ahora no". Viene a ser como un remedo de aquel "pagan justos por pecadores", porque el que se "la mandó" fue Castro pero la que sufre es Siciliani.

