Eduardo Costantini y su esposa Elina viven un presente de máxima plenitud y visibilidad. A sus 36 años, la joven modelo de 36 años acaba de tocar el cielo con las manos al impulsar una importante muestra en el museo de su marido, el MALBA, dedicada a Frida Kahlo.
Padres de una pequeña llamada como la artista mexicana (Kahlo Milagro), Eduardo y Elina jamás perdieron ese magnetismo del primer día en el que se enamoraron una mañana de lluvia de 2019 en la que la modelo buscó refugio en el café del museo hasta lograr conocerlo.
Su historia de amor es conocida: el flechazo fue inmediato y, contra todos los prejuicios y ante el inicial rechazo de los hijos de Costantini, Eduardo y Elina se convirtieron en una de las parejas más sólidas del medio. Juntos, enfrentan todas las batallas, la del apellido que le quieren sacar a Teresa Costantini, la primera esposa del empresario, y la de agrandar la familia.
No fue nada fácil lograr la llegada al mundo de su pequeña hija, su “milagro”. Por eso, encomendados a los designios de la Providencia, Elina y Eduardo se entregan, con fe. Así lo contó ella en una entrevista de Hola! en la que posó en la tapa junto a la nena de un año y medio. Los médicos nos habían dicho que, para que yo pudiera quedar embarazada, tenía que hacer tratamiento”, contó.
LA MILAGROSA GESTACIÓN DE LA HIJA DE EDUARDO COSTANTINI Y SU MUJER, ELINA
Elina recordó que, en uno de sus tantos viajes a México, fue con su marido al santuario de la Virgen de Guadalupe a pedirle un bebé. “¡Y me quedé embarazada de manera natural! Fue muy movilizador porque, además, coincidió con la aparición de un boceto que Frida había hecho durante uno de sus embarazos”, relató.
Fue entonces que ella decidió que su bebé tenía que llamarse “Kahlo”. “Y también Milagro”, le dijo él, convencido de que la gestación había sido obra de la Virgen. Ahora, ya con su hija, la pareja va por agrandar la familia. Pero sabe que tendrá que mediar algo más que el deseo.
“Nos encantaría, pero eso está en manos de Dios. Yo, sobre todo, brindo por la vida. Es corta, puede cambiar de un momento a otro y, por eso, hay que disfrutarla”, señaló, y aseguró: “Con Eduardo, vivimos intensamente. Dios nos presta las cosas por un ratito y, después, nos vamos sin nada, solamente con lo que sentimos, lo que amamos y lo que dimos”.

