"Te perdono y perdoname". En un posteo desgarrador, Analía Franchín despidió a su mamá, Amalia, el 11 de abril. Y acercó aquella reflexión que, aun desde la conmoción por su profundo dolor y por la partida de su madre, sembró el interrogante: ¿a qué se refería Analía?
Pues bien, Pamela David —en el cara a cara de PH— se atrevió a consultarla: "¿Qué cosas perdonaste?", le dijo, en una pregunta cargada de respeto. Franchín suspiró, tomó aire, y contó. "Ella fue una mujer muy sufrida, muy abusada por sus papás. Era una mujer que tenía muchas cicatrices en el cuerpo, por los golpes. Y siempre dijo que antes de morirse nos iba a contar un gran secreto, que en realidad no nos lo contó, sino que se lo tuve que sacar".
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La referencia incluía también a Sandra, la hermana de Analía que murió años atrás. Por eso la panelista de A la Barbarossa usa el plural: "Nos iba a contar". Sin embargo, la relevación del secreto llegó demasiado tarde. "Yo ya había perdido a mi hermana, y le dije (a mi mamá): 'Sandra se fue sin saber este gran secreto que capaz podría explicar un montón de conductas tuyas'".
Fue entonces cuando Franchín contó aquello que Amalia había guardado durante décadas, llevando encima un peso difícil de soportar: "Me terminó confesando que su mamá la agarraba y su papá abusaba de ella. Y que... fue... tremendo. Le han puesto hasta una plancha caliente en la espalda".
EL DÍA QUE ANALÍA FRANCHÍN LE SALVÓ LA VIDA A SU MAMÁ Y EL RETO QUE RECIBIÓ
Cierta tarde, un sábado cualquiera, Amalia intentó suicidarse. Analía tenía apenas 12 años. Y estaba en el living, mirando la televisión con su hermana, cuando le llamó la atención que su madre, que solía ser muy activa, se encerrar en el cuarto. La intuición —y la insistencia— la llevó a entrar varias veces a la habitación para corroborar que su mamá estaba bien, hasta que... "Vi un blíster de pastillas vacío. Me desesperé y traté de despertarla, y no se despertaba. Se me estaba muriendo mi mamá, literal".
Vino una ambulancia, y cuando Amalia recuperó la conciencia, miró a su hija. "Lo primero que me dijo cuando me vio, fue: '¿Por qué me despertaste? De verdad, me quería morir'. Yo estuve un tiempo enojada con eso, como: 'Che pará, te salvé la vida'. Y después entendí que era una persona a la que le dolía tanto el alma. Tuvo tanto sufrimiento que quedó o adormecida del dolor: ya nada le dolía después. Nada".
Fue su nieta la que le devolvió el alma a Amalia, quien pudo disfrutar de sus últimos años. Con la compañía de Analía, quizás sanando heridas a la par.

