El silencio se rompió, pero no trajo alivio. Desde una celda y con un tono que no pasó desapercibido, Lucas Pertossi habló por primera vez en profundidad sobre el crimen de Fernando Báez Sosa. Su relato, lejos de cerrar heridas, volvió a encender la indignación.
La entrevista, realizada desde la cárcel, mostró a un Pertossi sereno, sin quiebres visibles y con una postura firme: “Para mí no es un asesinato. Fue una pelea que terminó mal”, afirmó. La frase, directa y sin rodeos, se convirtió rápidamente en el eje de la polémica.
Durante el mano a mano, evitó en todo momento señalar a sus compañeros y sostuvo la estrategia de defensa en bloque. “No todos hicimos lo mismo ni tuvimos la misma participación”, aseguró, marcando una diferencia interna pero sin dar nombres ni responsabilidades concretas.
Al reconstruir la noche del ataque, Pertossi habló de una situación “confusa” dentro del boliche y de un clima que fue escalando sin control. “Todo fue muy rápido, no me di cuenta de la magnitud”, explicó. Sin embargo, insistió en que nunca vio directamente el momento en que atacaban a Fernando.
Uno de los puntos más impactantes de su testimonio fue la naturalidad con la que describió lo que ocurrió después. Según su versión, tras la golpiza el grupo continuó la noche como si nada hubiera pasado. “No hablamos de nada en particular, hablamos de chicas”, dijo, generando aún más rechazo.
También se refirió al polémico mensaje que envió esa madrugada —el recordado “caducó”— y trató de explicarlo: “No podía creer por qué me referí de esa manera. Estaba en shock”. Aun así, sus palabras no lograron despegarse del peso simbólico que tuvo esa frase en la causa.
En otro tramo, reconoció que el grupo había estado involucrado en peleas anteriormente, aunque relativizó esos antecedentes. “No tomaba dimensión de que estaba mal”, admitió, en lo que fue uno de los pocos momentos de autocrítica.
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La escena, sin embargo, dejó más preguntas que respuestas. Sin emoción evidente, sin quiebres y con un discurso medido, Pertossi sostuvo una versión que contrasta con lo que determinó la Justicia: que se trató de un ataque brutal y coordinado.
Mientras tanto, el dolor por la muerte de Fernando Báez Sosa sigue presente en la sociedad argentina. Y cada nueva declaración, lejos de cerrar la historia, vuelve a poner en primer plano una herida que todavía duele. Porque a veces, no es solo lo que se dice. Sino cómo se dice. Y en este caso, esa diferencia fue suficiente para que todo vuelva a estallar.



