La despedida de Chiche Gelblung dejó escenas de un dolor profundo, pero ninguna tan conmovedora como la de su esposa, Cristina Seoane, quien atravesó el último adiós visiblemente quebrada, durante lo que fue su velorio y posterior entierro.
Su figura concentró la emoción de una historia compartida durante años, marcada por el amor, la compañía y una vida en común atravesada por la intensidad del propio Chiche. En la sala de la AMIA, donde se realizó la despedida, el clima fue de recogimiento absoluto.

Allí, rodeada de familiares, amigos y colegas del periodista, Cristina se mostró afectada, sostenida por su círculo íntimo mientras recibía el cariño de quienes se acercaban a despedir a una de las figuras más influyentes del periodismo argentino.

Cada gesto suyo reflejaba el impacto de la pérdida; abrazos largos, miradas cargadas de tristeza y silencios que lo decían todo, la escena transmitía una mezcla de dolor y respeto. La emoción era evidente y compartida por todos los presentes.
LA SENTIDA DESEPEDIDA DE LA ESPOSA DE CHICHE GELBLUNG
A su alrededor, desfilaron distintas personalidades del medio que quisieron acompañar en ese momento tan difícil. Compañeros de trabajo, amigos de años y figuras del espectáculo se acercaron no solo para despedir a Chiche, sino también para contener a su esposa, entendiendo el golpe que significaba su partida.

El velatorio tuvo ese tono íntimo que suelen tener las despedidas más profundas. Más allá de la exposición pública que rodeó siempre a Gelblung, el último adiós estuvo atravesado por la humanidad de quienes lo conocieron de cerca, y especialmente por el dolor de quien compartió su vida cotidiana.

En ese contexto, Cristina Seoane se convirtió en el símbolo de esa despedida. Su presencia, atravesada por la emoción, reflejó el costado más personal de una pérdida que trascendió lo mediático y se metió de lleno en lo humano.


