David Kavlin rompió el silencio desde el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro luego de atravesar uno de los momentos más dramáticos de su vida. Con bata, acostado en la cama y visiblemente emocionado, el conductor decidió grabar un video para explicar qué fue lo que le pasó y llevar tranquilidad a quienes se preocuparon por su salud.
“Hola amigos, quería dedicarles estas palabras a aquellos que se preocuparon, a aquellos que rezaron, a aquellos que pidieron por mí. Me quería tomar el tiempo para poder explicar un poco más a todos lo que me pasó”, comenzó diciendo.
En su relato, Kavlin no ocultó la dureza del episodio: “Realmente fueron días muy complejos, muy duros, muy tristes, muy difíciles, pero estoy. Estoy vivo, estoy con muchas ganas de vivir”. El hecho ocurrió un sábado por la mañana, luego de jugar al pádel. “Fue después de dejar a las 9:30, 10 am la paleta de pádel, hacía calor, es verdad y eso es un tema para tomarlo serio y para tener en cuenta”, explicó.
En ese momento comenzaron los síntomas y fue su hijo quien dio la primera alerta. “Desde mi hijo, que advirtió lo que me pasaba, hasta cada uno de los socios y amigos que se pusieron a disposición para que cada segundo valiese mi vida, que hoy la tengo”, relató.
Kavlin contó que fue atendido de inmediato en el club: “Me atendieron en el mismo club, hicieron rápidamente el protocolo de enfermería, me hicieron un chequeo cardiovascular”. Y agregó un dato clave: “Yo sabía que me había infartado. Hacía una semana que había aprendido un poco más acerca de esto con lo que le había pasado a Joaquín Levinton”.
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“Sentís el dolor en el pecho, el dolor en la espalda, la opresión tan grande. Hay que darle importancia a esos síntomas”, remarcó. Incluso recordó el momento exacto en el que se lo confirmó al médico: “Le dije ‘yo estoy infartado’ y me dijo ‘sí’”.
Luego se activó un operativo de urgencia con varias ambulancias: “El club llamó a tres ambulancias. Dos me llevaban a lugares donde no iba a haber hemodinamia y hubiese sido un gran error ir a esos lugares”. Finalmente, fue trasladado al Sanatorio de la Trinidad. “Capítulo aparte la Trinidad de San Isidro, una institución ejemplo de cómo hay que trabajar en rapidez en situaciones de alta crisis”, destacó.
El momento más crítico ocurrió a metros de llegar: “Mi amigo que me acompañaba en la ambulancia se da cuenta, junto con el médico, que yo entro en paro justo a metros de llegar. Salta de la ambulancia y pide ayuda desesperadamente a los gritos”.
“Yo me había muerto en ese momento, no tenía más signos vitales”, confesó. Y agradeció especialmente al equipo médico: “Gracias a Tomás Guerrero, al cardiólogo que me salvó la vida. Cuando digo Tomás Guerrero digo todo el equipo cardiológico de urgencia”.
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Kavlin explicó que no recuerda nada de ese instante: “Yo no me acuerdo nada de eso que les estoy contando, es porque me lo fueron relatando. Me despierto en una cama de hospital sin entender absolutamente nada, por más de que yo sabía que iba a la trinidad, pero tenía como imágenes vagas de mi infancia, sentí que estaba en mi dormitorio de los 10 años”.
Ya estabilizado, fue sometido a una intervención: “Me hacen el primer stent y me cuentan lo que había pasado y que había estado muerto”. También agradeció al equipo del doctor Juan Arellano y al jefe de servicio Walter Nieto, además de enfermeros, personal de limpieza y nutrición.
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Emocionado, reflexionó sobre su presente: “Cumplí 54 años el 26. Vuelvo a nacer el día 27”. Y dejó un fuerte mensaje de concientización: “Hay que hacerse chequeos, hay que hacerle caso al corazón y a los síntomas”.
Por último, cerró con una reflexión profunda: “La felicidad es una actitud. Nos hicieron creer que la felicidad es una zanahoria que hay que alcanzar. Vivir en felicidad es vivir en actitud de felicidad”. Entre lágrimas, concluyó: “Estoy vivo por los médicos, por mi familia, por ustedes y porque cuando me subí a la camilla le dije al médico: ‘yo no me voy a morir’. Y acá estoy”.



