La muerte de Marcelo Araujo dejó un vacío enorme en el mundo del fútbol y el periodismo deportivo. Su estilo marcó una época y acompañó a generaciones enteras frente al televisor. Pero, en medio del dolor por su partida, comenzó a conocerse una información que nadie esperaba: el último deseo que dejó antes de morir.
Mientras el periodista Martín Liberman reveló detalles del confuso episodio ocurrido durante su despedida en el cementerio de la Chacarita —donde no hubo velatorio y todo se dio de manera íntima—, hubo un dato que llamó especialmente la atención y que hasta ahora se mantenía en estricta reserva.
Según contó Liberman, Araujo expresó en vida su voluntad de que sus cenizas fueran esparcidas en un estadio del fútbol argentino. Un pedido cargado de simbolismo para alguien que hizo del relato deportivo su legado. Sin embargo, lo más impactante no es ese deseo en sí, sino el lugar elegido.
De acuerdo a la información a la que accedió Paparazzi, el estadio en cuestión sería el de San Lorenzo de Almagro. Una revelación que generó sorpresa incluso dentro del ambiente futbolero, ya que el relator jamás hizo pública su simpatía por ese club.
A lo largo de su extensa carrera, Araujo se caracterizó por mantener una postura absolutamente imparcial en sus transmisiones. Nunca dejó entrever preferencias ni inclinaciones, algo que reforzó su credibilidad y lo convirtió en una de las voces más respetadas del país.
Sin embargo, en la intimidad, la historia era otra. Personas de su círculo más cercano aseguran que su vínculo con San Lorenzo era real, profundo, pero completamente reservado. Nunca lo expuso públicamente ni permitió que eso interfiriera en su trabajo profesional.
Esa coherencia, incluso en silencio, fue parte de su sello. El dato sobre el destino de sus cenizas se suma así a una serie de revelaciones que comenzaron a surgir tras su muerte y que permiten reconstruir una faceta más personal del relator, lejos de los micrófonos.
Por ahora, no se confirmó cuándo ni cómo se llevará a cabo este último deseo. Pero lo cierto es que, de concretarse, sería una forma tan simbólica como emotiva de despedir a una de las voces más icónicas del fútbol argentino.
Porque si hubo alguien que supo vivir el fútbol con intensidad, fue Marcelo Araujo. Y, tal vez, también quiso quedarse para siempre en una cancha.



