Gonzalo Valenzuela se sincera: no puede creer que Silvestre, su hijo mayor, ya tenga 18 años. "Tremendo", suelta, negando con la cabeza. "Es igual a mí el hijo de p... ¡Perdón! El niño, el niño", dice, tapándose la boca y sonriendo. Entonces se pone orgulllo al contar que "es un gran artista". Y además por allí anda Alí, de 14, y "una chiquitita" de seis años, Anka.
—¿O sea que tenés, cuántos hijos?— le pregunta periodista.
—Cuatro. Tuve cuatro, sí, sí...— responde. Y por un instante se le nubla la mirada.
La referencia tiene que ver con Ringo, el bebé que Juana Viale perdió durante el parto. Por eso, como explica en esta nota con el diario mendocino Los Andes, la obra que protagoniza en el teatro por estos días en esa provincia —El Performer— lo moviliza tanto: habla mucho sobre la muerte.
"Pasé por la muerte de mis viejos, de mi hermano, sí; hijo, de todo —remarca Gonzalo, de 48 años—. Y la muerte está muy presente ahí (en la obra), pero la muerte como un acto generoso también, ¿no? No solamente el duelo, también lo positivo de la muerte, que es una certeza al final".
"Son etapas, y (es) empezar como a amarte si se quiere. Y hay que atreverse a hacer el duelo, que no es fácil, porque es permitirse el dolor. Dejar que te duela. Permitirlo", aconseja el actor chileno, íntimo amigo de Benjamín Vicuña, quien debió transitar por un dolor similar con la partida de su hija Blanca.
CÓMO FUE LA MUERTE DE RINGO, EL BEBÉ DE JUANA VIALE Y GONZALO VALENZUELA
El actor y la conductora ya eran padres de Silvestre cuando en 2011 ella quedó embarazada de Ringo, a quien no llegó a dar a luz. Al año siguiente nacería Alí.
"Fue durísimo. Fue una negligencia médica absolutamente", expresó Valenzuela en una entrevista que concedió el año pasado. Explicó que en ese momento con Juana Viale vivían a "40 minutos de Buenos Aires": estaban hospedados en la casa que Mirtha Legrand posee en un country de zona norte.

"Juana estaba metida en la tina con contracciones. Y la partera me decía que no vayamos a la clínica, que era lo mismo ir al otro día —amplió Gonzalo—. Fui a comprar unos remedios, se los tomó y seguía con estas contracciones. Así que la subí arriba del auto como estaba y nos fuimos a la clínica (por el Sanatorio Los Arcos, de Palermo)".
"Llegamos tarde (al hospital). El bebé ya se había hecho caca adentro. Es terrible", concluyó Valenzuela, muy angustiado.


