Créase o no, guste o incomode, Agostina Páez ya se transformó en un personaje mediático. Incluso pocos la registran por su nombre. Para la mayoría de la gente, ella es "la abogada racista", aquella muchacha santiagueña que se trenzó en un entrevero con dos empleados gastronómicos de un bar de Río de Janeiro e intento resolverlo haciendo gestos de "monos".
El resultado fue el inverso, lógicamente. En Brasil, un país con 110 millones de habitantes de origen afro, el racismo es un delito castigado y perseguido por la ley. La actitud de Agostina fue registrada por las cámaras y eso le impidió negar los gestos o desdecir a las autoridades. Pocas horas después de mover las manos y las piernas imitando a esos tiernos animalitos bastante mejores que muchas personas, la doctora quedó retenida.
Allí comenzó una suerte de calvario que llegó a dividir a la sociedad argentina. La partió en dos, literalmente. Una mitad creía que Agostina "tuvo la reacción que podría haber tenido cualquiera cuando se pelea y pierde los estribos" y de esa forma la eximía de cualquier culpa y cargo, el otro cincuenta por ciento exigió penas y sanciones por sus actitudes racistas. Todos, en cambio, estuvieron de acuerdo en que el tratamiento que se le estaba dando en el país vecino era un tanto exagerado.
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Se dijo que Agostina podría recibir una sentencia de 15 años de prisión. Parecía una locura. Tanto fue así que la propia muchacha aseguró que podría tomar una decisión urgente -la peor de todas- para el caso de que sucediera eso. En medio de un clima de creciente tensión, llegó una noticia tranquilizadora para todos, pero sobre todo para ella: el caso continuaría, pero con Agostina en la Argentina. A los pocos días pudo volver después de otra demora incómoda.
JORGE RIAL APORTO UN DATO CLAVE SOBRE LA ABOGADA RACISTA Y SU PAPA
Una vez acá, Agostina se volvió una figura pretendida por la televisión, las radios, los portales y los stream. Pero cuando estaba empezando a negociar llegó otro sacudón inesperado: el padre de Agostina fue a un bar en donde entró en una discusión con unas personas y no tuvo mejor idea que repetir el gesto de su hija. Además de eso, gritó bravuconadas tales como que "odia al estado", es "millonario, usurero y narco, primero que todo narco". De locos.
Fue tan grande el rechazo que hasta la propia Agostina tuvo que emitir un comunicado tomando distancia de lo que hizo su papá. Después ella empezó a dar notas (una con Eduardo Feinmann, otra con Olga, una tercera con Georgina) y algunos arriesgaron que "no sería raro, en un tiempo, que sea candidata de algún partido que tenga ganas de hacer ruido en próximas elecciones". Precisamente sobre esto, o sobre las inclinaciones políticas de Agostina y su padre, fue que habló Jorge Rial, desentrañando un dato clave de ambos: "Libertaria. Ella y el padre. Punto" informó.


