Ya lo decía Guillermo Francella en su memorable escena de El secreto de sus ojos: "No se puede cambiar de pasión". Y Chechu Bonelli puede confirmarlo. Por caso, si nos guiamos por aquella máxima, ha cambiado de pareja: ya no está junto a Darío Cvitanich, como sucedió durante 14 años. Y también modificó su profesión: ahora se define como periodista, cuando antes era modelo.
Lo que nunca perderá Chechu es su amor por la pelota, como al fin, lo aseguraba Francella. "La felicidad de ir a jugar al fútbol todos los fines de semana no me la saca nadie", advierte Bonelli, quien le tomó el gustito jugando al baby en su San Nicolás natal, y hasta prendiéndose en los picados en el campo, cuando faltaba uno.
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"Yo le decía a mi papá que quería ser modelo y jugadora de fútbol. Y mi papá me decía que era la antítesis, que era totalmente diferente. 'Sí, papá, se puede'", narró Cecilia, en una entrevista con Infobae. Claro que esta pasión le generó más de una complicación en el plano profesional. Porque la pasión también tiene su costo.
CHECHU BONELLI Y SUS PROBLEMAS EN LOS DESFILES
Cecilia recordó que en el mundo de las pasarelas la "miraban medio raro". "A veces llegaba a los desfiles repleta de moretones", se sinceró Chechu. "Me decían (imposta una voz firme): '¿Qué te pasó?'. 'No, fui a jugar al fútbol el fin de semana y salió la arquera a rechazar una pelota y me la dio de lleno...'. Y la maquilladora me miraba como diciendo: 'Dale, ¿es verdad todo esto que me estás contando?'. 'Bueno, maquillaje y se tapa'". De esa manera, disimulando las marcas, Bonelli cumplía con su obligación.

Su caso recuerda a Luciano Castro y una de sus grandes pasiones. ¿Qué cosa? ¿Mandar audios con acento gallego? ¿Colocar pasacalles? No sean malos... El actor es aficionado al boxeo. Y realizó varios combates como peleador amateur. El problema es que al otro día se presentaba a grabar la novela de turno y, después de recibir varias trompadas, su aspecto no era el mejor.
Una vez, siendo una de las figuras de una serie del prime time, tuvo que filmar de perfil durante toda una semana, para así ocultar los moretones visibles en un lado de su rostro. Eso le valió más que una advertencia. "Adrián (Suar) vio las escenas. Entonces me llamó a su oficina, se sentó en la punta de la mesa, me mostró mi contrato y me dijo: 'No boxeás más'. Ahí dejé”, recordó Luciano Castro, que ahí, supo cambiar a tiempo.

