La visita de Luisana Lopilato a Otro día perdido (El Trece) dejó a todos helados. Frente a Mario Pergolini, la actriz sorprendió con un relato íntimo y desconocido: un milagroso episodio de su infancia con su hermano Darío que la marcó para siempre. Porque él, cuando eran chicos, le salvó la vida.
Todo surgió cuando en el primer programa del año le mostraron a Luisana un mapa de Parque Chas, el barrio donde crecieron. Ahí, casi como un flash, apareció el recuerdo de la “Plaza del Trébol”, escenario de un accidente que tenía guardado. Entre risas y nostalgia, el clima cambió de golpe cuando empezó a reconstruir lo que vivió cuando era una nena y "la seguridad era Dios”.
Lopilato lanzó la bomba: “Me acuerdo perfectamente de esa plaza. Me he electrocutado ahí. Nadie lo sabe, nunca lo conté. Tengo hasta una marca en la mano y todo”. Según contó, tenía entre ocho y nueve años y había ido a acompañar a su hermano Darío, que jugaba al fútbol en ese lugar.
El episodio fue tan rápido como peligroso. Mientras esperaba, se puso a jugar en un poste de luz sin notar que estaba en malas condiciones. “Me empecé a electrocutar”, relató, recreando con su cuerpo los movimientos involuntarios que sufrió en ese instante, completamente fuera de control.
LA REACCIÓN DE DARÍO LOPILATO QUE LE SALVÓ LA VIDA A LUISANA
La situación pudo haber terminado en tragedia, pero hubo una reacción clave. “Mi hermano me vio desde la cancha, salió y me pegó una patada. Literal”, recordó. Ese golpe de Darío fue lo único que logró separarla del contacto eléctrico en medio de la desesperación.
Conmovida, Luisana cerró con la frase más fuerte: “Si él no hacía eso me moría. Mi hermano me salvó la vida”. Y explicó el porqué de esa maniobra extrema: “Se tiene que pegar una patada o algo así porque sino no podés despegarte”, dejando en claro que, en ese segundo crítico, no había otra salida.
