Natacha Jaitt: El triste final de una mujer que vivió al límite – Revista Paparazzi

Natacha Jaitt: El triste final de una mujer que vivió al límite

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Tuvo una vida agitada y llena de excesos que ella misma reconoció. La noche fue su peor compañera. Los amigos que hizo cuando el sol se va y la luna asoma colaboraron y fueron cómplices. Así vivió y transitó hasta el último día, por un camino sinuoso y lleno de espinas que la marcaron desde que volvió de España para intentar una carrera en Argentina. Más allá de su pasado y de peleas con ex parejas, de su lengua tan polémica como filosa, 2017 marcó un quiebre para Natacha Jaitt (41).

 

Allí se puede encontrar la punta del ovillo que desencadenó en el peor desenlace. Luego de acusar a Diego Latorre de serle infiel a Yanina, su mujer, de mostrar pruebas que acreditaban que ella era su amante, se le vino el mundo encima. En 2018 fue por todo. Luego de las denuncias por abuso en las inferiores de Independiente, de que se comprobó que chicos salían de la pensión para tener sexo con adultos a cambio de unos pocos pesos, Natacha fue quien abrió la puerta del infierno para intentar desenmascarar una red de pedofilia. Una noche de sábado, en el programa de Mirtha Legrand, apuntes en mano, empezó a dar nombres de empresarios, políticos y famosos de la televisión. Olvidada por el medio, casi sin pantalla, llamó la atención verla en el programa de Mirtha.

 

Salpicó para todos lados sin importarle las consecuencias. Si bien gracias a sus aportes se pudieron certificar pistas sobre locaciones y movimientos de la red, de relacionistas públicos que se mueven al borde de la ilegalidad, no fue así con gran parte de los nombres que aportó, sobre todo de los famosos. “Si no me ponen protección, me voy a tener que ir del país. Denuncié a personas muy, pero muy pesadas. Me la jugué por los pobres pibes indefensos. Con los pibes no”,declaraba en abril del año pasado.

 

Lejos de detenerse, las denuncias se transformaron en su mejor arma. A través de las redes sociales, donde encontró refugio, fue su mejor trinchera para disparar a mansalva. Por esa vía, en agosto de 2018, denunció a Corcho Rodríguez de participar de fiestas sexuales en 2010, cuando su mujer, Verónica Lozano, estaba embarazada. Más acá en el tiempo, en enero de este año, el trauma golpeó nuevamente su puerta. Denunció a un amigo director de cine y a un amigo de este de violación. Se presentó en una comisaría, la llevaron a una clínica para los exámenes que acreditaron su relato. Siempre vivió al límite, coqueteando con la droga y jugando con fuego. Sus detractores no le tuvieron piedad, sus íntimos resaltaron ese amor incondicional que tuvo para su grupo más selecto. Su hermano Ulises y sus hijos Antonella Valentino fueron su luz. Vaya si alguien se atrevía a meterse con ellos. Una mujer que defendió con uñas y dientes, a capa y espada y que se la jugó por lo que creyó justo. 

 

El final. Dejó este mundo muy joven, pero con mucho camino recorrido. Lo caminó a su manera y, si se quiere, en su ley. No pasó desapercibida. El escándalo y las declaraciones sin medias tintas, al hueso, como le gustaba ir a ella, estaban a la orden del día. Sin prejuicios, hablaba de relaciones con hombres casados, de ejercer la prostitución, y de otras yerbas. La marginalidad convivió con ella más allá de transformarse en uno de los personajes mediáticos por excelencia.

 

En la madrugada del sábado 23 fue encontrada muerta en la habitación de un salón de fiestas en Villa La Ñata. Según el parte médico, fue encontrada sin vida cuatro horas después de su llegada. Según las otras cinco personas que estuvieron en el lugar y que declararon ante el fiscal, en la noche del viernes hubo alcohol, LSD, cocaína, prostitutas y sexo. Gonzalo Rigoni fue el último que estuvo con ella en una habitación, según sus declaraciones, entró, la vio desnuda sobre la cama y quiso tener relaciones con ella. Al ver que Jaitt no contestaba, pensó que se había quedado dormida. Enseguida un hombre de apellido Duarte, quien fue el que la llevó al lugar para cerrar temas contractuales, fue a verla y la encontró desvanecida.

 

En este momento tres de los que estaban se fueron del lugar, y Duarte y Rigoni se quedaron intentando reanimarla. Sin conseguir los resultados esperados, llamaron al 911 para decir que tenían a una persona desvanecida. Según los primeros informes, el deceso fue a causa de un accidente cerebrovascular por la ingesta de alcohol y cocaína. ¿Qué dicen desde el entorno? Su abogado y su hermano, que Natacha llevaba un año sin consumir y que lo tenía prohibido por una medicación que estaba tomando. Ella estaba alertada de que si mezclaba ese remedio con cocaína se moría. A raíz de esto, es que piden que la investigación no se detenga y que siga su curso. Mientras tanto, el domingo 24, después del mediodía, su cuerpo fue enterrado en el cementerio judío de La Tablada. La acompañaron amigos y familiares consternados. “La mitad de los que estuvieron esa noche dicen que llevó drogas, la otra mitad no, una mitad dice una cosa, la otra mitad otra… Hay muchas contradicciones”, soltó acongojado su hermano luego de la sepultura. El tiempo, como siempre, dirá… o callará para siempre.

 

 
 
 

 
 
 
 
 

 
 

 
 
 

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