Casi sin que nos diéramos cuenta, los policiales nórdicos se convirtieron en un clásico de Netflix. Los guiones sólidos y con giros impredecibles, las actuaciones destacadas y la ausencia de clichés, tan típicos de las producciones norteamericanas, los ubican entre los favoritos del público. Y La tierra del pecado es una confirmación de esta regla.
Escrita y dirigida por Peter Grönlund (Beartown), y con solo cinco capítulos (¡sí señor, sí señora!: es de esas series que arrancan y terminan, sin tener que esperar eternamente las siguientes temporadas) en Land of Sin -tal su nombre en inglés- la trama gira en torno a una disputa familiar y a los secretos más oscuros.
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Todo comienza cuando el cuerpo de un adolescente, Silas, es encontrado en una granja de la península de Bjäre, en Suecia, cercana al límite con Dinamarca. El caso lo toma la peculiar Dina (Krista Kosonen), una investigadora hosca con cara -y actitud- de pocos amigos, pero con una mente brillante y sagaz.
Dina tendrá como escudero a un policía recién graduado, Malik (Mohammed Nour Oklah) para investigar el asesinato de un adolescente. De a poco, sin quererlo pero encontrándolo, irán enredándose en un enfrentamiento familiar que viene de décadas atrás, y que involucra a un patriarca, Elis (Peter Gantman). Y entonces los secretos más oscuros, las lealtadas férreas y las traiciones.
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Netflix estrenó La tierra del pecado el viernes 2, casi en sintonía con el notable policial británico Run Away. Y en pocas horas se convirtió en la favorita del público argentino, al punto que le disputa su lugar a la entrega final de Stranger Things. Y eso es mucho decir.