La jornada televisiva comenzó con sorpresa: este lunes, Nancy Pazos cumplió su deseo de ponerse al frente de A la Barbarossa y lo hizo en dupla con Analía Franchín, reemplazando a Georgina Barbarossa, de vacaciones, y ante la ausencia de Robertito Funes. Un movimiento que muchos interpretaron como jugada, y que dejó el clima más espeso que el café de camarín. Desde Intrusos se siguió cada paso, atentos a la chispa del escándalo.
Tras la emisión, la flamante conductora improvisada se sinceró frente a los micrófonos. “El programa de hoy creo que salió bien, hicimos una buena dupla. Más allá de la ansiedad, salió bien”, expresó con un alivio que se percibía a distancia, intentando mostrar calma mientras las redes ardían. Detrás de cámaras, la sorpresa se mezclaba con comentarios cruzados, y los pasillos eran un festival de miradas esquivas. Nadie quería admitirlo, pero el murmullo se escuchaba hasta en maquillaje.
Consultada por las internas, Analía Franchín decidió despegarse. “A mí no me metas en la pulseada. Yo vengo aunque conduzca una marioneta, no digo que lo sea, sino que no me importa quién conduzca”, lanzó, con ironía filosa. Su frase cayó como un baldazo en el equipo, donde cada gesto se analiza al milímetro. Los panelistas, mientras tanto, preferían mirar el celular para hacerse los distraídos.
La explicación oficial apuntó a decisiones estructurales de la producción. “Nos dijeron que hoy teníamos que conducir en dupla, con toda la actualidad. Entiendo que mañana ya viene a conducir, y no va a venir, como ya sabemos”, detalló, dejando ver que el calendario se maneja con precisión quirúrgica. Pero en los estudios de televisión nada es casual, y menos cuando hay egos en juego.
EL ESCÁNDALO ENTRE ANALÍA FRANCHÍN Y ROBERTITO FUNES UGARTE
En paralelo, las dudas sobre la convivencia laboral se intensificaron. Robertito Funes y Nancy Pazos, protagonistas involuntarios, ya arrastran discusiones que tomaron vuelo al aire. Dicen que los camarines son fríos como un freezer, y ni el café caliente logra descongelar la tensión. El equipo sabe que algo se quebró, pero nadie lo quiere decir claramente.
Finalmente, la panelista dejó de lado la diplomacia y admitió lo que todos comentan por lo bajo: “Ellos ya la última vez se agarraron horrible al aire. Se odian, y ahí hay algo que se rompió”. Una frase que hizo temblar los pasillos de Telefe… y que promete nuevos capítulos.


