Hombre de palabra si los hay, y después de haber prometido sumarse a la sección A solas una vez concluida el Mundial 2026, Flavio Azzaro finalmente encontró un hueco en su cargada agenda de compromisos laborales y personales para sentarse a charlar con Paparazzi.
Lejos de aquella producción con poca ropa que protagonizó para esta revista hace una década, el periodista deportivo transita un presente completamente distinto. No solo disfruta de un gran momento profesional, consolidado como una de las figuras fuertes del streaming con AZZ, sino que también vive una etapa personal marcada por la familia, el matrimonio y la reciente llegada de su primer hijo.
Feliz por el nacimiento de Piero, fruto de su relación con su esposa Sol Nobile, el conductor y empresario volvió a dejar su sello en una charla en la que no esquivó ningún tema. Frontal, picante y transparente como siempre, habló de fútbol, de sus cruces con colegas, de las versiones que lo señalan como un “ensobrado” de Juan Román Riquelme y hasta de la posibilidad de terminar a las piñas con Luis Majul.
Pero detrás del personaje polémico también apareció una faceta mucho más sensible. Azzaro habló de su pareja, dejó en claro que hoy no imagina una infidelidad en su vida, reconoció que no descarta volver a ser padre y hasta confesó algunos sueños que todavía tiene pendientes: desde postularse algún día como presidente de Racing hasta ir a la cancha con su hijo y poder discutir con él sobre fútbol.
Así, entre confesiones, chicanas y momentos de sensibilidad, Flavio Azzaro mostró una versión distinta de sí mismo: la del periodista que sigue disfrutando de la polémica, pero que hoy también habla desde otro lugar, atravesado por la paternidad, la familia y un cambio profundo en su vida personal.

"Esas fotos mías con toalla en cuero, haciéndome el galán... La etapa de estar de joda”, lanzó Azzaro para entrar en clima y comenzar la entrevista. Todavía hoy recibe algunas chicanas sobre aquella recordada sesión de fotos en Paparazzi. "Las redes te recuerdan cosas que uno hace. De vez en cuando por ejemplo uno me pone en Twitter: 'Callate, te hacés el serio preguntando tal cosa y mirá', y pone una foto mía así, con los pelos en cuero y un Rosario. Y medio como que uno dice: 'Bueno, no condice con lo que hago hoy...'".
—¿Te cosificamos?
—Era más joven. Pasaron como 12 años de eso. Es una locura...
—Te ves más delgado que en ese momento.
—Estoy más flaco, sí, porque no estoy consumiendo harina, que es una droga. No lo hago por ser celíaco, pero como como si lo fuera... Me gustan mucho los alfajores: mi vieja tiene un kiosco y nací comiendo alfajores, o sea, soy un catador de alfajores profesional.
—Bajaste de peso y la piel también mejora.
—Y... bajé bastante. La piel no me doy cuenta. Sol me dice que sí. Lo que pasa que yo, en el mismo momento que dejé de consumir harina, dejé de fumar, o sea, que mi sistema nervioso debe estar sintiendo ese impacto.
—¿Cómo manejaste dejar dos cosas adictivas?
—Lo manejé... En realidad, en un momento lo necesité y lo hablé con mi terapeuta. Y él me dijo: "Bueno, habla con una psiquiatra". Y necesité durante uno o dos meses, en algún momento por ahí, tomar algo para bajar un poquito. Porque realmente no es una boludez dejar de fumar y dejar las harinas en el mismo momento. Y después, gracias a Dios, lo fui manejando. Pero quizás a veces, a la noche o en algún momento, sentía que estaba más revolucionado que de costumbre. Bueno, lo charlé. Y me dijeron: "Pará, es lo más común. O sea, estás dejando de fumar y dejando de comer harina". La gente cuando deja de fumar, aumenta de peso. Yo no solo no aumenté... Bueno, en la vida, problemas son otros.

—Estás en un gran presente personal y laboral. ¿Era lo que anhelabas?
—A ver, me hago cargo de que lo que estamos haciendo... Digo estamos porque, si bien yo soy la cara del canal, no soy la única. Hoy, gracias a Dios, funcionan programas sin que yo esté, que para mí esa es la clave pasar de ser un streamer a ser un canal de streaming con programación. Sí, me siento más feliz porque encontré un lugar. Para mí lo laboral es muy importante. Los que laburamos de lo que nos gusta, en lo laboral encontramos algo más que trabajo: encontramos pasión, le dedicamos mucho tiempo. Y siempre me sedujo ir acomodando el barco para los lugares donde mayor libertad sienta que tengo para poder desarrollarme profesionalmente. Y hoy siento que en AZZ hay más libertad que en otros ámbitos.
—No sé si estaban condicionados, pero una camada que se quedó sin pantalla y, como vos, encontraron la libertad de expresión en Internet.
—Sí. Tiene que ver con la edad de cada uno. A los 35, más allá de laburar en América, en TyC Sports o Crónica, yo también mantenía mis producciones. O sea, todavía seguía en la de comprar un espacio y hacer el programa en la radio, tenía mis auspiciantes, entonces, salir de la tele y meterme en el streaming no me resultó tan difícil como si, por ejemplo, tenés 45, 50 años y dos pibes. No estoy diciendo que sos un viejo, pero ya tenés otra realidad y te cuesta más dar el salto. A los 30 años, trabajando en los medios tradicionales, te pagan del 1 al 5, tenés tu cobertura médica, sabés que llegás y no tenés que apretar nada, te sentás, te ponés los auriculares si es radio, te microfonean si es tele, y hablás, toda esa zona de confort. Y empezás a sentir: "Che, me estoy perdiendo el streaming. Mirá qué bien le va a aquel con una camarita y hablando y la puta madre, no tiene jefe y está ahí...". La responsabilidad que tenía era estar casado y Sol me banca en lo que yo hago, entonces cuando yo le dije: "Me quiero ir de la tele", y como encima lo de YouTube lo empezamos juntos porque ella era la productora, la camarógrafa, la todo, es más fácil tirarte a la pileta. Yo también sentía que las producciones autogestionadas eran lo mío. Ahora, voy a poner el ejemplo, pero porque tengo la mejor, de Martín Liberman, a quien le mando un beso. Martín, por ejemplo, para mí sufre más el salir de los medios tradicionales a pesar de que está en el streaming. ¿Por qué? Porque arrancó a los 18, 19, 20 años trabajando en los medios tradicionales, le fue muy bien de entrada, y ganaba mucha guita cuando le pasa esto de que no está más en los medios porque no lo convocan. Claro, él tiene dos pibes, una carrera, una manera de ser que, te repito, es muy distinto tener que ser vos el que se encargue de todo un proyecto, no un proyecto periodístico y nada más: la puesta en escena, ser vos hasta tu propio CM (community manager) al principio, eso te lleva a un cambio. Pero sentí que, en un punto, mi estadía en la tele se estaba agotando porque yo ya me aburría, sentía que no estaba pudiendo hacer todo lo que yo quería, y bueno, llegó esto, que fue espectacular.

—¿Qué tiene este Flavio que tanto atrajo al público?
—A pesar de haber sido un pibe que estuvo en los medios tradicionales durante muchos años, siempre tuve como una cosa más transgresora, más políticamente incorrecta, más directa, y lo que se empezó a buscar en los últimos años, que se vio representado con el streaming, tiene más que ver con eso. Entonces, no es lo mismo para un periodista, vamos a decir, más hegemónico. Tengo mi manera de ser, que no cambia mucho de mi manera de ser a cuando me estoy comiendo un asado con los pibes o estoy con parejas amigas, comiendo y charlamos. Y sí, a veces tengo salidas que son polémicas, medio alocadas, o una postura que no siempre tiene que ver con lo que la mayoría diría en esas circunstancias. Tengo 40 años, tengo un pibe, me casé, me di cuenta de que la vida también pasa por otro lado.

—Ahí apareció Sol.
—Ahí apareció. Fue determinante en todo lo que yo hago e hice, y me dio mucha más tranquilidad. Estar acompañado te da otra perspectiva de vida: si sos egoísta, te baja el nivel de egoísmo. Estar acompañado con una persona que te quiere te mejora como persona. Además, es una persona que me interpretó y que yo la interpreté, y que casi que desde el primer momento nos dimos cuenta de que esto iba en serio.
—Los dos de Racing; por ende, Piero de Racing.
—Y... pobre Piero: va a tener opción de elegir todo, menos una cosa.
—¿Cambiás pañales?
—Le cambio pañales. Tengo que reconocer que de cada 15 pañales, yo cambio uno; pero son seis, siete por día, así que no es tan malo. Sí es verdad que con la práctica, cada vez se lo cambio más rápido. Al principio sentía que Sol se lo cambiaba mucho más rápido que yo, porque era más ágil, porque yo, con los brazos soy medio... Mido dos metros. Pero ayer, por ejemplo, que se recontra cagó, y aparte en un momento la caca se va para arriba, lo meto en la ducha en un momento, porque se cagó hasta la nuca, o sea, ¿qué tiene, un ventilador en el culo? Entonces bueno, lo limpio. Y ahí te das cuenta de que hay una cosa ahí que es distinta a todo: "No, no, pará, pará, pará, él depende de mí, no puede hacer todo, y yo tengo que estar a la altura de esto con lo espectacular y emocionante que es eso, y también con los miedos, porque al principio, viste, 'ay, si le dejo un poquito cagada, ay, no'". Después te vas dando cuenta de que lo vas manejando.

—Y más cuando son chiquitos. Mis hijos estuvieron en Neo al nacer.
—Yo también. No, olvidate... Te convertís en un tipo que da partes médicos, y es muy triste, porque a nadie lo preparan y, de repente, te encontrás en Neo, porque tiene alguna complicación. El día que nació, un amigo me llamó y me dijo: "¿Viste que vos te creías que eso era miedo? Ahora vas a saber lo que es el miedo". Corté, seguí, y me di cuenta de que de todo lo que me dijeron desde que nació mi hijo hasta hoy, la única verdad es que ahora sé lo que es el miedo. Pero desde cualquier cosa: se puede caer, se mueve bien, se mueve mal, me miró, no me miró...
—¿Pensás en más hijos?
—Sí. Vuelvo a lo que decía antes de tener a Piero: esas decisiones las toman las mujeres, y más ahora, lo digo, porque es verdaderamente mucho mucho más complejo para la mujer, no solo porque lo lleva consigo, sino porque después hay una etapa que es de solamente vivir para el nene. Sol igual ya está volviendo a laburar, es una mina muy activa, pero a la que después el cuerpo le cambia, no estoy diciendo ni para bien ni para mal, pero te cambia, no tenés las mismas ganas de cosas que antes tenías ganas. Entonces todo ese proceso lo tiene que manejar ella. Ya lo hablamos de que nos gustaría tener más, pero no me voy a poner en ese lugar de "Che, dale, vamos por el segundo". Igual es inevitable que te pones a hablar de vez en cuando: "¿Cómo se va a llamar el otro?". Pero es normal, porque para mí la vida pasa. Ella tiene una teoría falsa de que este lo tiene que elegir ella, si viene un segundo.

—¿Sos un hombre celoso?
—Cero cero celoso. Tampoco Sol es una mina que me ha dado lugar a los celos. Si vos un día llegás a tu casa y está el celular ahí, y prende luces y dice "Roberto", y son corazones, te da lugar a los celos. Pero nunca hubo nada que a mí me dé para pensar que me podía llegar a estar engañando. La verdad que no lo tengo ni en la cabeza.
—Hay un mito de hay mujeres a las que les atraen los hombres casados. ¿Te pasó?
—Creo que esa es una teoría que la impulsaron los hombres casados que quieren ser infieles. A ver, salvo que seas Brad Pitt o un pibe muy fachero, si vos estás todo el tiempo no mirando minas, no conectando, no buscando, si no estás de una mirada queriendo ya generar...
—Siempre le echan la culpa a la mujer, pero nadie entra adonde no te invitan a entrar.
—Si vos todo el tiempo te la pasás hablando de tu familia, de tu hijo, no creo que sea verdad eso de que te empiezan a mirar más. No es que ahora me voy a hacer el "Juan Fidelidad", pero le conviene al hombre que, por más que está en pareja, quiere seguir jugando el partido. Yo ya no lo juego más.

—¿Comprarías los derechos para la transmisión de fútbol por streaming?
—Transmitir los partidos me llevaría a una negociación, por ejemplo, con Conmebol, a sentarme y tener aceptar ciertas reglas. ¿Cuáles son? Por ejemplo, se están agarrando a piñas en la tribuna no lo podés mostrar. Si hubo un fallo grave del árbitro, no podés decir: "Esto es una vergüenza teniendo las cámaras que tienen". Mi canal se construyó, y los que trabajamos en el canal nos enorgullece, que justamente por poder decir eso que te dicen que no digas, es un gran valor. Gano que me vean más personas el partido, ¿pero qué pierdo? Que no voy a poder decir cosas que quiero. Y la verdad es que los medios nuevos tienen mucho de comunidad. Así como te eligen, te putean, te bancan. Y no quiero traicionarme primero a mí, y tampoco a mi comunidad. Ahí es ver hasta qué punto estás dispuesto a ceder o no. En un mundo ideal, igual me sentaría: me interesa ver cuánto es, discutamos sobre eso que no me dejan mostrar. En el caso de torneo local, si se quieren sentar saben que algo van a ceder. ¿Por qué tendría que cambiar eso? Hay cosas que no gustan. No voy a pervertirme en algo para lograr tener los partidos.
—¿Alguien que te gustaría tener en tu canal?
—Hablé algunas veces con Gastón Edul. Él tiene ganas de hacer algo. Lo hace con Davo y les va bárbaro. Le gustaría en algún momento, tiene mucho laburo. Hay que ver si es compatible. Hugo Balassone, pero más temprano que tarde, él va a estar trabajando con nosotros.

—Algunas veces te acusan de ensobrado de Juan Román Riquelme.
—Eso es normal. Lo tomo como algo gracioso. Hablé tanto de los sobres que es normal que si impusiste esto y hablás bien de alguien, te van a decir que estás ensobrado. Soy amigo de Román, lo quiero mucho, quiero que le vaya bien. No me gusta que no le vaya bien, más allá de que está claro que no es presidente de mi club, pero es un amigo, más allá de criticarlo, porque lo he hecho en el último tiempo, por decisiones deportivas. Y si le va mal, como le ha ido en oportunidades en las que él estuvo como presidente, lo voy a decir porque antes de mi amistad está mi condición de periodista. Y si somos amigos es porque justamente ambos entendemos las responsabilidades y así nos conocimos.
—¿Te interesa la política del club y meterte en Racing?
—Sí, me interesa mucho, desde siempre me ha encantado la posibilidad de ser presidente de Racing. No a cortísimo plazo, porque me gustaría seguir desarrollándome con el canal y porque es incompatible con ser periodista, pero en un futuro. Me siento preparado, y lo voy a estar más todavía. En el 2032, porque sería la otra elección, pero va aparejado de cosas que te puedan pasar. Por ahí quiero disfrutar de ir con mi hijo a la cancha y no como presidente. O por ahí Racing está mal y digo: "Tengo que estar".
—¿El Tribunero, de Luquitas Rodrígues, te gusta?
—Sí, me cago de risa. Casi todo lo que hace me gusta. Paren la mano es el programa que más tiene que ver con AZZ. Si se queda sin canal y se le puede pagar el sueldo, me gustaría que venga a AZZ.
—Si te pagan un millón de dólares, ¿con quién te gustaría agarrarte a trompadas?
—De pendejo hubiera contestado, porque me encantaba agarrarme a trompadas, lo cual es una pelotudez: hay un riesgo muy alto y te das cuenta de que no pasa por ahí. Pero me están poniendo un palo verde... Me gustaría con Luis Majul. Pero, ¿le saco cuánto (de altura)? Él tiene como (un metro) 60. Lo cagaría a trompadas. De peso, yo debo de estar en 80 y el 70 y pico. Nah, no. ¿Por ideología? Vamos a meter un mix.

—Por último, ¿cómo imaginás a este Flavio dentro de 15 años?
—Me gustaría verme conversando con mi hijo ya adolescente y viendo una parte de la película paterna, que ya es una prueba de lo que hice bien y qué tendría que mejorar. Del laburo no tengo ni idea, pero me imagino yendo a la cancha con él en el auto y discutiendo, y que me diga lo bien que jugó uno y que yo le diga que no. Que estacionamos el auto y nos abracemos, preguntando qué habrá hecho mamá para comer. Aunque en realidad es probable que Sol esté en la cancha con nosotros. Y Sol diría: "No rompan, hoy comemos pizza".