Entre aromas, especies y sahumerios, el camarín del Metropolitan se convirtió en su refugio. Uno de los tantos: Moria Casán tiene la enorme capacidad de hacer nido allí donde se encuentra. Se adueña de los lugares, los habita, ya sea un teatro o un estudio televisivo, se trate de su hogar en Parque Leloir o de la casa de su pareja, Pato Galmarini. Porque Moria está. Siempre. En cuerpo y alma. Disfruta de la vida con la intensidad de quien sabe que lo único eterno es el presente. Y el suyo, según lo define, es de los mejores.
Se muestra feliz con la obra Cuestión de género, que desde mediados del 2025 encabeza junto a Jorge Marrale, e interpreta a una mujer trans. Además, es la protagonista de las mañanas de El Trece, justo el número que -según confía- es el de su suerte. Y por si fuera poco, tendrá en Netflix una serie sobre su vida: con las grabaciones ya concluidas, la biopic se encuentra en postproducción. "Va a ser épica", se entusiasma la Casán.
Entre tanta vorágine, este es su momento de paz: allí, en la intimidad de su camarín y un rato antes de salir a escena, Moria recibe a Paparazzi. “Siempre atiendo y doy notas: no puedo escapar a la prensa porque me ahorraron los psicólogos, años de terapia", destaca la Casán, conocedora del juego mediático como pocas estrellas. Y entonces se presta a la charla sincera, confesional, descubriéndose como lo que es: La One.
—¿Qué le dirías a esa Moria que se va a ver en la serie, la que eras antes de todo este recorrido hasta llegar a este presente?
—Que era lo que quería. Yo trabajé para construirme, no para ser famosa. No quería ningún mandato social ni cultural, ni casarme: quería ser yo. Priorizarme. Así que le diría: "Hiciste bien tu trabajo". Además, tengo a mi niña interior, que es mi juego lúdico, que siempre lo tengo. No hay que abandonarlo para seguir jugando con la vida.

—¿Le tenés miedo a algo?
—Parecería que decir que no es de un rango de superioridad. Miedo no tengo, pero trabajo mucho para la prevención. Prevenir y estar divina de salud, hago todo para estar bien. Soy cuidadosa con la posibilidad de tener un accidente: voy al mar y, aunque sé nadar, no me meto. El deporte de alto riesgo de mi vida es la vida en sí, el no haber faltado nunca al teatro por salud. Subo y bajo escaleras a diario y salgo al escenario donde hace más de seis meses de trabajo. No decaer.
—Muchos ven desde afuera la vida de los famosos y piensan que es fácil. Pero vos sos muy responsable, comprometida y profesional.
—Obvio. Es el respeto por uno mismo. Esto es quererse. Profesional y responsable.

—¿Hay algo que en lo laboral o en el plano personal te haya quedado pendiente?
—Nunca pensé que iban a hacer una serie mía. Me convencieron, y feliz. Después, todo queda porque tengo una vida muy mágica y siempre viene algo más. Siempre dije: "Yo voy a poder hacer Shakespeare en el San Martín, pero ningún artista del San Martín va a poder bajar en bolas una escalera". Y terminé haciendo Shakespeare en el San Martín: era un decreto, una metáfora. Y terminé abriendo el festival más importante en Europa, cerca de Madrid. Esas cosas son muy mágicas.
—Tenés una energía joven, a pesar de rozar los 80.
—Sí, soy gánica y sana. Soy una gran administradora de energía, muy expeditiva: no gasto la energía en ninguna huevada. Lo realmente importante es tu salud, los tuyos, tu familia; todo lo demás es de tránsito. No quilombo; no me enrosco. Todo la mierda afuera. Si tenés un bolo fecal, te morís. ¡Imaginate un bolo mental!

—Susana Giménez y Mirtha Legrand amenazaron con retirarse en varias oportunidades. ¿Vos no lo tenés pensado?
—Parar es como jubilarte: te dicen "clase pasiva" y es un horror. Tendría que ser jubileo, cuando decidís retirarte de algo para disfrutar tu tiempo. Yo disfruto haciendo cosas.
—A lo largo de tu vida tuviste varios amores. ¿Pero te animás a decir quién fue tu gran amor?
—No tengo amores. El amor de mi vida soy yo y mi extensión, que es mi familia. Y después, tengo relaciones diferentes con los hombres con los cuales he estado y estoy. Pero no tengo a nadie por el cual haya dejado de hacer. Se supone que el amor de tu vida… No, no. Si tenés una vida muy intensa es raro que tengas un solo amor. Cada relación te parece diferente y en cada una ponés una emoción distinta. Ahora tengo una relación adulta con un hombre adulto, de 83 años, y yo también lo soy. Un amor súper pasional, pero más relajado. Pero un amor que me haya movido el piso para dejar de ser yo, no. Mi hija y mis nietos no entran en esta porque es mi matrix, que anda por el mundo.

—Así como en su momento hicieron Julio Iglesias y Chacho Castaña, ¿te animás a contabilizar con cuántos hombres estuviste?
—Muchos, pero no me acuerdo... Divertido. En ese sentido soy muy sensual y nunca tuve culpa por nada. Soy muy liberal, desenvuelta y desenfadada por el sexo. Muy bien. A mí, el afuera no me importa nada. Ni la buena, ni la mala. Acá se mueven muchos egos y, obviamente, dependo de que la gente me vea en televisión o venga al teatro, pero no dependo de la aprobación. Soy independiente de la opinión porque sino, sos un Túpac Amarú: no tenés vida, estás condicionada.
—¿Te quedó en el tintero algún hombre o una aventura?
—No. No tengo uno que diga: "Me gustaría ese". O el sueño del príncipe azul, o que me gustaría conocer uno. Nunca estuve enamorada de un artista ni tuve un póster de chiquita. Sí me gustaba mucho la música y me compraba muchos discos de pasta, pero nunca tuve esa cosa de decir: "Muero por este".
—En eso de que te comprar discos, ¿sos coleccionista?
—No, no colecciono nada. Mi hija, discos de vinilo. Yo soy muy de la lectura y cinéfila desde chiquita.

—Dicen que el poder erotiza. ¿A Javier Milei lo ves como un hombre seductor?
—A mí no me erotiza el poder de otro porque siento que el poder, lo tengo yo. Si fuiste elegida por el universo y desde el primer momento fuiste figura, sentís que tenés poder. Después, el equilibrio está en vos: manejar ese poder es no creerte lo que sos. Sabés lo que sos, pero no creértelo porque la mayoría que se cree el poder en este medio, termina destruido. Yo, divina, gozosa, sé que soy una mina convocante, pero sé quién soy y cada día tengo más trabajo. Eso es algo mágico. Tantos años y siempre estar en teatro, en la tele y cada vez con más trabajo, es porque nunca me la creí. Por eso soy taquillera: porque nunca me la creí. Nunca me mareó la fama.
—Carisma y talento.
—Sí. Lo cual no es fácil. Después, tenés que manejar la cabecita.
Créditos. Video: Cande Petech. Redes: Rocío Contreras


