Después de preparar carnes, papas, pastas gratinadas u otras comidas al horno, es habitual que quede una capa de grasa adherida a la fuente. Cuando esos restos se enfrían, pueden endurecerse y resultar difíciles de retirar, incluso después de varios intentos con detergente.
Sin embargo, raspar con fuerza no es la mejor solución. Las esponjas metálicas, los cuchillos y otros utensilios duros pueden rayar el vidrio, desgastar el esmalte o dañar un recubrimiento antiadherente. El método más práctico consiste en ablandar primero la suciedad con agua caliente y detergente, y después utilizar una pasta de bicarbonato de sodio. Los fabricantes de utensilios recomiendan el remojo y las esponjas no abrasivas para desprender residuos adheridos sin deteriorar las superficies.
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Antes de empezar, la fuente debe estar completamente fría. Colocar agua sobre una pieza todavía caliente puede producir un cambio brusco de temperatura y deformar o dañar algunos materiales.
Cómo aplicar el truco para aflojar la grasa
- Retirar los restos sueltos con papel de cocina o una espátula de madera.
- Cubrir la zona afectada con agua caliente y agregar unas gotas de detergente.
- Dejar la fuente en remojo durante 15 o 20 minutos.
- Vaciar casi toda el agua, pero conservar la superficie húmeda.
- Colocar dos o tres cucharadas de bicarbonato sobre la grasa pegada.
- Agregar unas gotas de agua hasta obtener una pasta espesa.
- Dejar actuar entre 10 y 15 minutos.
- Pasar una esponja suave con movimientos circulares.
- Enjuagar bien y secar antes de guardar.
El remojo con agua jabonosa ayuda a suavizar la comida endurecida, mientras que la pasta de bicarbonato funciona como un limpiador de abrasión moderada. Para residuos especialmente resistentes en acero inoxidable, algunos fabricantes aconsejan dejar actuar la pasta varios minutos antes de frotar suavemente.
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En fuentes antiadherentes, esmaltadas o de cerámica es importante utilizar únicamente el lado suave de la esponja. En hierro fundido o acero al carbono no se recomienda prolongar el remojo, porque la humedad puede favorecer la oxidación; después de limpiarlos, deben secarse por completo.
La clave no está en hacer más fuerza, sino en darle tiempo a la mezcla para que ablande la grasa. Con este procedimiento, la suciedad suele desprenderse con menos esfuerzo y sin someter la fuente a raspados que podrían acortar su vida útil.
