La misión Artemis II de la NASA marca un nuevo capítulo en la exploración espacial: es el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna desde la era Apolo. Pero más allá del objetivo histórico, hay un detalle que despierta curiosidad: en el espacio, los astronautas no pueden llorar como lo hacemos en la Tierra.
Aunque suene extraño, no se trata de una imposibilidad emocional, sino física. Los astronautas sí pueden sentir tristeza o emoción, pero las lágrimas no se comportan igual en condiciones de microgravedad, el entorno en el que viajará la tripulación de Artemis II.
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En la Tierra, la gravedad hace que las lágrimas caigan por las mejillas. Sin embargo, en el espacio no existe ese abajo que guíe el movimiento de los líquidos. Como resultado, las lágrimas quedan adheridas al ojo y forman pequeñas burbujas que no se desprenden fácilmente.
Este fenómeno está directamente relacionado con la microgravedad, una condición en la que los objetos —y también los fluidos del cuerpo humano— flotan o se redistribuyen sin una dirección clara. De hecho, los líquidos tienden a concentrarse en la parte superior del cuerpo, lo que también explica por qué los astronautas suelen tener el rostro más hinchado en órbita.
Cuando un astronauta llora en el espacio, las lágrimas no caen: se acumulan alrededor del ojo formando una especie de película o burbuja líquida. Si el llanto continúa, esa burbuja puede crecer y extenderse hacia la nariz o incluso el otro ojo, generando incomodidad e irritación.
Además, este comportamiento puede convertirse en un problema operativo. La acumulación de líquido puede nublar la visión y dificultar tareas críticas, algo especialmente delicado en misiones complejas como Artemis II, donde cada movimiento cuenta.
Qué le pasa a las lágrimas en el espacio
- No caen por efecto de la gravedad, porque no hay una fuerza que las arrastre hacia abajo
- Se agrupan en forma de burbujas adheridas al ojo
- Pueden crecer y expandirse si el llanto continúa
- Generan ardor e irritación ocular
- Pueden afectar la visión y complicar tareas dentro o fuera de la nave
Este tipo de fenómenos demuestra hasta qué punto el cuerpo humano está adaptado a la vida en la Tierra. En el espacio, incluso las acciones más cotidianas cambian por completo.

