Mientras su nombre resuena en cada convocatoria de la Selección argentina y su presente deportivo en Europa lo mantiene en la cima, Lautaro Martínez también construye, lejos de los flashes, un proyecto personal que sorprende por su ambición y perfil premium. Un costado poco conocido del delantero...
Lejos de la cancha y del ruido mediático, el “Toro” apostó por un negocio que combina tradición, raíces familiares y una fuerte inversión económica. Se trata de un proyecto vitivinícola que Lautaro desarrolla junto a su familia, una iniciativa que crece en silencio y que hoy ya empieza a posicionarse como una marca de elite.
La bodega, ubicada en una de las zonas más reconocidas para la producción de vinos en Argentina, nació como una idea íntima, casi personal. Según contó el propio futbolista en distintas oportunidades, el proyecto está profundamente ligado a su historia familiar y a su deseo de construir algo que trascienda su carrera deportiva.
Aunque Lautaro suele mantener un perfil bajo cuando se trata de su vida privada, en algunas entrevistas dejó entrever que este emprendimiento no es un simple “hobbie de famoso”, sino una apuesta a largo plazo. “Es algo que hacemos en familia, con mucha dedicación y respeto por el proceso”, deslizó en una ocasión.
El vino que produce su bodega se presenta como un producto premium, pensado para un público exigente y con una estética cuidada al detalle. Desde la elección de la uva hasta el diseño de la etiqueta, todo responde a una lógica de exclusividad y calidad, muy alineada con la imagen que el delantero construyó fuera de la cancha: disciplina, constancia y proyección.
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Este emprendimiento vitivinícola se suma a una tendencia creciente entre futbolistas de elite que buscan diversificar sus ingresos y dejar una huella más allá del deporte. Sin embargo, en el caso de Martínez, el componente emocional y familiar parece ser la clave del proyecto.
Así, mientras sigue rompiendo redes dentro de la cancha, Lautaro Martínez construye en paralelo un negocio sólido, silencioso y con proyección internacional. Un imperio que crece sin estridencias, pero que confirma que el delantero piensa su carrera —y su legado— mucho más allá de los 90 minutos.





