Seis años atrás, a finales de febrero de 2020, Elina Fernández cumplió su gran sueño: se convirtió en Elina Costantini al casarse con Eduardo Costantini. A pesar de la reprobación de buena parte de la familia, el acaudalado empresario dio el sí con la jovencísima Elina, entonces una modelo de 30 años.
Él tenía 73 bien plantados y no dudó en oficializar la relación con la mujer que lo había conquistado apenas un año atrás, al verla sentada en el bar del MALBA, local que la mendocina, que siempre se declaró amante del arte, frecuentaba. Las sospechas y teorías no se hicieron esperar.
Y fue en el seno de la familia de Costantini que se empezó a cocinar un rumor muy polémico. Según ciertos miembros del clan, la joven Elina le habría hecho un gualicho para hechizarlo y atraerlo a sus brazos. Cabe recordar que apenas dos de los siete hijos del empresario estuvieron presentes en la íntima boda que se realizó en el Hotel Alvear.
¿En qué consiste este hechizo del agua de tanga? Muy simple. En mojar una tanga usada en agua, estrujarla y dársela de beber a la persona que se intenta engualichar, mezclado con otra bebida. Cosa de Mandinga, en su momento incluso dijeron que Elina habría acudido a un brujo conocido del barrio bonaerense de San Martín.
LAS TERRIBLES SOSPECHAS DE LA FAMILIA DE EDUARDO COSTANTINI
La enorme diferencia de edad entre Eduardo y Elina (43 años) y la descomunal fortuna del empresario fueron, de inmediato, una señal de alarma para parte de la familia Costantini. Pero hubo un detalle más en la historia de la modelo que generaba ruido. Es que, al parecer, el dueño del Malba y Nordelta no era el primer señor grande y acaudalado en su historial amoroso.
Antes de Eduardo hubo otro hombre, que falleció. Un empresario millonario con el que Elina habría estado cuatro años en pareja. Otro dato llamativo es que, tras su muerte, dicen las malas lenguas que la joven habría intentado reclamar con parte de la herencia, por los años compartidos.
Creer o reventar, la relación de Elina y Eduardo sigue firme, consolidándose día a día. Hoy son padres de la pequeña Kahlo Milagro y tienen ganas de agrandar la familia, mientras luchan por quitarle el apellido a Teresa Costantini, la primera esposa del empresario.
