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Guillermo Andino revela como consiguió ser feliz en familia

El conductor, su mujer y sus hijos se relajaron y recuperaron energías en Uruguay, donde pasaron días a pura playa hasta el atardecer: “La clave para ser feliz…”

El año pasado fue intenso desde lo laboral para Guillermo Andino (51). El país tuvo su pico álgido de una crisis y las elecciones tuvieron peso propio. Desde el noticiero de América 2, el que condujo en los últimos dieciséis años, el periodista estuvo al frente de las noticias que hablaban de una realidad cada día más difícil. Y, para finalizar el año, previa salida de Mónica Gutiérrez, su histórica compañera de ciclos, el marido de Carolina Pratt decidió hacer un giro en su camino laboral.

Él también se despidió del programa de noticias, previo acuerdo de ser la cabeza de un nuevo proyecto que promete empezar en los próximos días. Consensuado lo que será su nuevo desafío laboral, junto a su esposa y sus tres hijos se instalaron en Punta del Este y José Ignacio, sus lugares elegidos para pasar siempre las vacaciones.

Para todos los gustos. Durante largos días, Guillermo; Pratt; Sofía, la mayor del clan con diecinueve años; Victoria, la del medio con catorce y Ramón, el principito de la familia, de cuatro, se instalaron en la playa uruguaya a sabiendas de que esta es una temporada más que especial para el capitán. Porque no sólo significa el cierre de una etapa de años y años sino que además es el momento indicado para recargar las pilas para lo que vendrá, la nueva etapa laboral.

Con ansias de descansar, de dejar todo el año atrás y, sobre todo y fundamental, compartir con los suyos, aprovecharon la estadía esteña para hacer lo que les gusta. Entre las actividades que repitieron con frecuencia estuvo, claro, la de ir a la playa.

Con reposeras, inflables y bolso en mano, el comunicador y los suyos se acercaron una y otra vez a La brava, uno de los balnearios top del lugar, donde compartían hasta que el sol empezaba a esconderse. Al estar todos juntos también aprovecharon para degustar ricos almuerzos con largas sobremesas, donde no solo charlaron de todo lo que quisieron sino que también aprovecharon el rato de descanso para conectarse con sus respectivos celulares.

Uno de los lugares que más visitaron y que les gustó a la hora de elegir opciones para comer fue el parador La balsa, en José Ignacio –pueblo pesquero por excelencia–, frente al puente circular que cruza la laguna, uno de los más exquisitos en cuanto a variedad en mariscos. “Aquí, en la paz de la familia está la clave para ser feliz”, dice Andino.

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