Hay separaciones que, además de ponerle punto final a una pareja, obligan a reconstruirse por completo. Cada uno debe tomar nuevos horizontes y destinos, y ese proceso de duelo no es el mismo para todos. Algo de esto le está pasando a Chechu Bonelli, que luego de pasar una ruidosa y dolorosa separación de Darío Cvitanich, está intentando dar vuelta de página.
Después de catorce años juntos, tres hijas y una estructura familiar que parecía sólida, la ruptura que se hizo pública en junio dejó marcas profundas. Pero recién ahora Chechu puso en palabras lo que vivió por dentro. Y lo hizo con una sensibilidad extrema, de esas que conmueven y que dejaron a la vista que todavía le cuesta mucho procesar la ruptura.
Bonelli estuvo de visita en Vuelta y media, en una charla íntima donde mezcló dolor, aprendizaje y una honestidad poco frecuente. “Estoy disfrutando mucho de la soltería”, dijo. La frase, en otro contexto, podría sonar liviana. Pero en su caso apareció cargada de recorrido. Porque no habló de una libertad eufórica ni de revancha, sino del reencuentro consigo misma.
Contó que volvió a disfrutar de cosas simples. Salir con amigas. Tener tiempo propio. Sentirse linda otra vez. Y entonces lanzó una frase que resumió ese proceso: “Dentro de todo lo malo, lo bueno es que volví… volví”. Esa idea de “volver” atravesó por completo a Chechu. Porque cuando también dijo “todo lo malo”, advirtió que antes de ese regreso hubo una fuerte caída.
CHECHU BONELLI SE CONFESÓ SOBRE SU SEPARACIÓN DE DARÍO CVITANICH Y EL DUELO DE SU MATRIMONIO
Y ahí apareció una de las confesiones más crudas que tuvo con su psicóloga. “Le pregunté si estaba mal sentir que este dolor era más fuerte que cuando perdí a mi papá y a mi mamá”. Una frase durísima. No como comparación, sino como intento de entender la intensidad de un duelo que, según dijo, la desbordó. “Nunca había sentido algo así”, dijo Chechu.
Luego fue aún más gráfica. “Estuve hecha bosta. Tirada en el piso”. Pero más allá de esa revelación, Bonelli también se mostró feliz de haber salido de ahí. “Ver a esa Cecilia que sufrió y hoy a esta Cecilia que volvió a la vida me da mucho orgullo”. Definitivamente, todas esas aristas de su ruptura con Cvitanich -que hoy está en pareja con Ivana Figueiras- pueden verse.
Chechu no le escapa a la verdad y admitió que todavía está de duelo por su separación, algo que trata en terapia. “Estoy laburando muchísimo psicológicamente, haciendo terapia. Tengo que terminar de hacer este duelo. Después de catorce años en pareja, tres hijas, que se deshizo la familia… fue todo muy de golpe”.
También habló de revisar errores, de la culpa, de lo que necesita sanar antes de una futura relación. Incluso se animó a ponerle porcentaje al proceso. Dijo sentirse “en un noventa y cinco por ciento. Falta un poquitito, pero estoy encaminada”. Ese “poquitito”, en realidad, parecía enorme. Porque ahí vive lo que todavía le duele a Chechu.
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Sin embargo, en esa reconstrucción también apareció Facundo Pieres, con quien Bonelli tuvo un breve romance este último verano. “La relación con Facu, si bien duró poco, fue hermosa. Él me hizo muy muy bien en este tiempo”, dijo sin minimizar aquel vínculo con el polista y ex de Zaira Nara. Pero la verdad es que todavía había -y hay- un dejo de Cvitanich. O sea, no terminó de soltar todo.
Hasta cuando habló de la soledad, el camino que hoy Chechu transita, no quiso romantizar. “Me gusta la soledad… pero a veces es dura”. Una verdad simple y brutal. Porque ahí conviven la libertad y el vacío. Y reconoció una frustración íntima que todavía la atraviesa. “Yo me había casado para toda la vida”. Lo soñó así. Como sus padres. Para siempre. Pero no fue, y ahora queda rearmarse desde las cicatrices.



