Este año, la vorágine de la ceremonia de los Martín Fierro de Moda 2026 coincidió para Luis Ventura con un día muy especial: el cumpleaños de su hijo Antoñito, que ya tiene 12 años. Y a horas de celebrar el evento, luego de tantas corridas, Ventura salió al aire con Moria Casán y reveló un percance que no se esperaba: un tema de salud del nene.
“Ante la multiplicidad de obligaciones, muchas veces hay que doblarse. Yo, por ejemplo, estoy volviendo recién ahora, estoy varado acá en General Paz y Rivadavia, porque Antonito ayer cumplió 12 años”, contó Luis en el programa de El Trece.
El presidente de APTRA repasó todo lo que ocurrió ese día tan movido en el que también le tocó dirigir a Victoriano Arenas en Berazategui. “Fui a dirigir, salí corriendo, fui a buscar estatuillas, vine a darle un beso en la frente a Antonito”, contó. Fue ahí, al llegar a la casa de Fabiana Liuzzim cuando notó que el nene “no estaba bien”.
“La mamá lo estaba llevando ahí a una guardia para ver qué era lo que le pasaba, estaba raro”, dijo Luis, y se sinceró sobre la multiplicidad de tareas y preocupaciones aquella noche: “Era engorroso tener la cabeza en la cancha, en APTRA, en Los Martín Fierro y en mi hijo”. Asimismo, aseguró que en los próximos días le celebrarán a su hijo la fiesta que merece. “Se la vamos a hacer entre familia y algún amigo. Seguro”, anticipó.
QUÉ TIENE ANTOÑITO, EL HIJO DE LUIS VENTURA
Antoñito, el hijo de Luis Ventura y Fabiana Liuzzi, arrastra desde su nacimiento un cuadro neurológico complejo. Nació prematuro, con apenas seis meses y medio de gestación, y fue diagnosticado con una encefalopatía crónica no evolutiva, una condición cerebral que no empeora pero sí deja secuelas en el desarrollo, especialmente en el habla y el comportamiento.
Con el paso de los años, el propio Ventura fue poniendo en palabras lo que vive puertas adentro: “Yo tengo un hijo que no habla… se hace entender”, contó, al tiempo que explicó que el diagnóstico nunca fue del todo lineal y que incluso se lo vincula a una “rama del autismo” y a lesiones cerebrales que se van recuperando lentamente. En ese contexto, cada episodio o cambio en su estado —como golpes, convulsiones o alteraciones de conducta— enciende la alarma en la familia, que convive con una evolución día a día, sin certezas absolutas.
