Duele y va a doler. El Indio Solari transmutó de la superficie terrestre a otra galaxia, a un espacio indescifrable pero en que brillará siempre. La partida física del cantante sacude a todo el país, millones de personas lloran por este desenlace a los 77 años.
El impacto se torna imposible de comprender en todas sus dimensiones, solamente queda atravesar la tristeza, así como también puede brotar la postura de recordar con amor a un símbolo, que modificó la vida de millones de personas con más de cuatro décadas de arte.
Así adquiere relevancia la más reciente aparición en público del Indio, que solía seleccionar con mucha prudencia sus entrevistas, para lo cual debía sentirse cómodo con el periodista. En ese sentido, Perros de la calle produjo una charla, que se emitió en diciembre.
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En ese diálogo con Andy Kustnezfoff, el líder de Los Redondos describió su estado de salud y contó: "Esta no es una buena mañana, pero me estoy acostumbrando a eso. Es una enfermedad que te obliga a aprender a vivir de nuevo. Cuando no tengo asistencias tardo 40 minutos en ponerme un suéter, el día que estás mal, estás mal".
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Ante la inquietud del conductor de Urbana Play, respecto a la visión sobre el final de la vida, Solari reflexionó: "No tengo ninguna expectativa para después de estar muerto. No pienso en el futuro, vivo de la misma manera en la que vivía cuando tenía 20 años, en el presente. No se me ocurre pensar en eso y no se me ocurre saber cómo es nada”.
Honesto y sincero, el cantante procuró transmitir su modo de analizar el apagón de la luz vital. “No sé cómo abarcar la muerte, es una gloria que te excede. No tengo fe en que hay un Dios, puede ser o no. Por ahí no hay nada. No tengo ni idea de la vida después de la muerte".
Otro de los fragmentos interesantes de ese feedback con los micrófonos, que se extendió durante una hora, el Indio recordó su padecimiento personal durante la dictadura. "Viví en la clandestinidad, fui torturado y no era agente de ningún partido político", explicó.
