Durante meses, Sabrina Rojas protagonizó uno de los escándalos mediáticos más sonados del espectáculo argentino. La relación entre su ex, Luciano Castro, y Griselda Siciliani detonó una serie de declaraciones, pases de factura y hasta acusaciones de vieja data.
Sin embargo, algo cambió en el último tiempo: Sabrina bajó los decibeles y sorprendió al mostrarse mucho más serena al hablar de la actriz que hoy comparte la vida con el padre de sus hijos (aunque eso también se fue al tacho después que él no apareció en el cumple de Esperanza).
Aunque en un principio Rojas fue tajante —al punto de ventilar que Siciliani había intentado conquistar a Luciano años atrás, cuando ellos aún estaban juntos—, hoy su discurso es muy diferente.
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En una reciente entrevista, no sólo evitó las indirectas punzantes, sino que incluso reconoció que ya no le molesta escuchar a Castro decir que quiere envejecer con Griselda.
“No, ya no. En otro momento sí me hubiese dolido, pero ya no”, confesó, sorprendiendo a todos. Cuando le preguntaron si en el fondo siempre supo que ellos terminarían juntos, respondió con madurez: “Claramente tuvieron una historia de amor, que por cosas de la vida se desencontraron y se terminaron reencontrando”.
Lejos de seguir alimentando la polémica, Sabrina explicó que atravesó un proceso interno muy fuerte para sanar su bronca y no vivir en guerra con una realidad que ya no podía cambiar. “Con la catarsis que hice, exploté como una bomba y me di cuenta que sané lo que tenía adentro”, reveló.
CATARSIS Y UNA NUEVA MIRADA FAMILIAR
Y si algo fue determinante para que diera ese paso, fueron sus hijos. En su testimonio, Rojas contó que supo que debía dar vuelta la página cuando notó que los chicos hablaban con entusiasmo de Griselda. “En otro momento era: ‘ni me la traigan’. Y hoy no tengo problemas. Mis hijos la adoran”, señaló.
El punto de inflexión fue una charla con Esmeralda, su hija, quien le habló con cariño de Margarita, la hija de Siciliani. “Adoran a su hija, Margarita, que es una genia por todo lo que me cuenta Espe. Se ponen muy contentos cuando van a su casa”, dijo, dando por tierra con cualquier resquemor previo.

Si bien Sabrina no lo dijo con todas las letras, en el entorno se comenta que la figura que funcionó como puente clave entre las dos mujeres fue Florencia de la V. La conductora, que mantiene una excelente relación con ambas y conoce el detrás de escena desde el inicio, habría sido quien suavizó tensiones, llamó al diálogo y ayudó a cambiar el foco por el bien de la familia ensamblada.
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Hoy, la historia parece ir por otro carril. Sabrina se muestra feliz con su presente, segura de su vínculo con los hijos y sin resentimientos. De la guerra con Griselda, solo queda el recuerdo. Y una enseñanza.
“Mis hijos la adoran. Y eso me alcanzó para entender que yo también tenía que soltar”, sentenció Rojas.



