En un momento bajará la guardia. Y hará a un lado aquella imagen de mujer fuerte —que lo es— para desnudar sus sentimientos más profundos. Por una vez, y en este A solas con Paparazzi, Débora Plager se permitirá mostrarse vulnerable. Porque el periodismo político no da tregua: allí hay que mantener la compostura y no dejarse llevar por las emociones. Se sabe: el que se enoja, pierde.
Cada vez que sale al aire en LN+, Plager exhibe ese aplomo propio de un extenso recorrido en la profesión. Le apasiona lo que hace. Y lo hace con pasión, pero también con responsabilidad, conocimiento y entereza. Del mismo modo responderá esta entrevista, como cuando hable de los agravios que recibió del Presidente, tiempo atrás.
En un clima cálido y ameno, el reportaje la irá llevando a Débora a hablar de su vida personal. De sus mellizos. También de su pareja desde el 2013, José Luis Rodríguez Pagano. De la familia ensamblada. Del amor a los 56 años, de la reconstrucción personal, de las segundas oportunidades de la vida.
Entonces, Débora Plager bajará la guardia. Y se emocionará como pocas veces se la vio.
—Tu trabajo, quizás no tanto ahora, siempre fue un espacio difícil para la mujer.
—Ahora por suerte no: ya se va equiparando y eso está bueno. Cuando arranqué, sí: en los noticieros las mujeres presentábamos las notas más livianas. Era una cosa más decorativa. Siempre traté de pelear porque las mujeres tengamos un lugar más destacado desde el punto de vista de lo que queremos hacer. Que no tengamos una función decorativa, que nos escuchen y respeten. Y eso se va ganando mostrando aplomo, contundencia, estudiando temas.

—¿Y también con personalidad y carácter para no dejarse avasallar?
—Sí. Seguramente tengo mi personalidad y mi carácter. Pero mi filosofía fue siempre no ir demasiado al choque, sino ir buscando espacios, momentos. Y el camino fue largo, no de un día al otro. Si vas al choque tenés dos opciones: te estrellás contra la pared o agarrás rápidamente el objetivo.
—Hoy hay mucho debate y choques en la televisión. De hecho, fuiste parte de Intratables: esas peleas, ¿quedan en el aire o trascienden la pantalla?
—La época de Intratables para mí fue extraordinaria. No sé si hoy se podría hacer un programa así porque la agresividad ha escalado a niveles tales, producto de lo que pasa en las redes. Se ha perdido un poco la capacidad de debatir con argumentos. Pero normalmente, no: era propio del show televisivo y todos teníamos un lindo vínculo. Te diría que con el correr del tiempo ya las posiciones se iban exacerbando y cuando el otro era contrario o faltaba el respeto, eso ya se llevaba fuera de la pantalla, y no te sentías cómoda con determinada persona.

—En su momento Javier Milei fue violento con vos. ¿Cómo lo sentís a la distancia?
—Me parece inaceptable que un Presidente tenga ese tipo de vocabulario, de improperio con la prensa. No lo quiero hacer personal, pero claramente es una manera de cortar la libertad de expresión. Este Gobierno tiende a decir que no hay asimetría de poder y que todos podemos emitir opiniones, desde el Presidente para abajo cualquiera y, no es lo mismo porque uno puede sentir que tiene más espalda, capacidad para seguir adelante con sus trabajos a pesar de, pero quizás otros no, y tienen miedo de perder su trabajo, el temor por el poder que tiene un presidente de turno. En mi caso, tomé la decisión de no responder, de no escalar, ni hacer una retroalimentación constante. Pero no está bueno, para nada.
—Si de diferencias hablamos, ¿irías con el Gordo Dan o los integrantes de Carajo en caso de que te inviten?
—Alguna que otra vez, no formalmente, porque conozco chicos que trabajan en ese streaming. Lo tendría que pensar, porque a mí me encanta debatir ideas, contraponerlas, pero los agravios personales me resultan inaceptables. Yo no construí mi carrera así.
—En el streaming pasa mucho eso.
—Puedo refutar una idea, contradecir, pero tratarte de basura, retrógrado, tarado... Todo eso me parece horrible. En mi caso el Presidente me imputó dos delitos penales, como decirme asesina o cómplice de genocidio por mis posiciones respecto de la interrupción del embarazo sin pruebas, y por defender algo que es una ley. Así que no incurrí ningún delito. Y me parece horrible. Yo no estaba hablando del Gobierno ni del Presidente ni de funcionarios; estaba hablando de mis opiniones.
—En el streaming tomó relevancia Pedro Rosemblat. ¿Te gusta? ¿Cómo lo ves si se involucra en política?
—Fui a Gelatina porque tiene una sección donde llevan gente que piensa totalmente diferente, pero sin agravios. Fue una convivencia súper interesante porque uno, en la confrontación con el otro, enriquece su posición, ya sea para ratificar lo que piensa o para modificarlo. No sé si él tiene vocación política, pero creo que el peronismo/kirchnerismo está bastante escaso de dirigentes, sobre todo de gente joven, que tenga una visión menos sesgada, cerrada. Y Pedro, así como otros chicos jóvenes, son potenciales candidatos, si les interesa.

—¿Y a vos, te interesaría la política...?
—(Interrumpe) No. Ni te dejé terminar la pregunta... Alguna vez he conversado con gente que me invitó a tomar un café. Trato de no decirlo ni menciono con detalle porque es como eso de que los caballeros no tienen memoria. Si uno dijo que no, ¿para qué decirlo? Es feo. Prefiero no contarlo. La verdad que no me interesa: es un clima tóxico el de la política. A pesar de que trabajo con ese material, soy muy crítica. Uno ve los hilos.
—Alejandro Fantino se abocó a la política y es como un alfil de Milei. ¿Cómo lo ves?
—Es un personaje muy popular, está en contacto con la gente en su provincia (Santa Fe), es potable para candidatearse, ¿por qué no? Desconozco si es una vocación suya. Él tomó una posición abiertamente, tomó partido, y no lo juzgo. Es libre de manifestar sus posiciones políticas.
—Si te hago elegir entre dos mujeres como Nancy Pazos y Mariana Bey, ¿cuál te gusta más?
—Lo que a mí no me gusta es el pensamiento termo. Trato de abrir un poco más la cabeza: ni todo lo que hace Milei puede ser fantástico, ni todo lo que hace Milei es un horror. Ni todo lo que hizo Cristina. Ofende a la inteligencia humana creer ciento por ciento en un determinado proyecto político, no tener matices. Algunas cosas son inaceptables, a pesar de que lo haga aquel con el que coincidas. Y no me gustan ninguno de los dos casos; igual, me parecen dos mujeres inteligentes. Pero si sos inteligente abrí un poco más la cabeza para poder encontrar los grises. No pondría las manos en el fuego por nadie: ya estaría toda quemada.
—Jorge Rial dejó el mundo del espectáculo y también se abocó a la política de lleno. ¿Cómo lo ves en ese rol?
—Me gusta más este ese rol, está bueno. Lo noto muy genuino, le creo sus posiciones. Él ya lo venía haciendo en radio, e hizo una transición hacia la actualidad política. En este rol tiene mucho para dar: tiene opinión y con qué argumentar.
—En el Mundial aparecieron periodistas anti Messi, Scaloni y Selección. ¿Por qué pensás que se generó todo eso?
—Porque hay una especie de chatura intelectual y estupidez mental en la cual se cree que si determinados jugadores no tienen opinión política, o no quisieron ir a la Casa Rosada cuando gobernaba el kirchnerismo con Alberto, ah, entonces son desclasados. Ahora, lo pensás dos minutos, las figuras más queridas de la Argentina son los jugadores de nuestra Selección: Messi, Scaloni, todos. Así que el que intentó hacer una campaña y ponerse en contra de estos jugadores y de esta Selección, realmente le falla algo si quiere conectar con la gente. Si sos un comunicador y querés conectar con la gente, sos un idiota si hacés eso. Es la ceguera mental de la gente termo. Y tuvieron que recular cuando vieron la bandera desplegada de "Las Malvinas son argentinas". Ahí quedaron en offside. Pero fueron cinco gatos locos, nada más. Los mismos de siempre, que no entendieron nada.

—Te cambio de tema y voy a la mujer que sos, que no le pasa el tiempo.
—Me cuido. Entreno hace muchos años, desde que soy adolescente, voy un montón al gimnasio. Es más constancia que otra cosa. A partir de los 40 lo hago con mayor conciencia y planificación. Siempre tuve un personal (trainer) y ahora ese personal es mi hijo. Entender qué comer para que lo que entrenes tenga mejor resultado. Siempre fui delgada, pero con la flacura sola no alcanza porque tienes que sostenerla. Tengo mi esteticista también, desde hace un montón de años: siempre voy y hago alguna cosita, todo lo que no deje marcas de un día para el otro, o un viernes, y el lunes, trabajando otra vez. Gracias a Dios y al trabajo, desde hace 25 años estoy todos los días en vivo. Y en el vivo, no podés aparecer con la cara hinchada.

—¿Cómo es ser mamá de mellizos?
—Es hermoso. Nunca fui una mujer que sienta que se define por su maternidad. Respeto un montón a las mujeres que por decisión propia no tienen hijos. Pero a mí, mis hijos me llenan el corazón, el alma. Son mi mejor proyecto, mi orgullo más grande. Son buenos. Me la hicieron tan fácil... Nunca me reprocharon una ausencia a un acto escolar al que no pude ir porque estaba en la tele, en vivo. Yo estoy muy feliz con mis hijos.
—Dicen que cuando una está bien, también puede darles calidad.
—Creo que lo perciben. Tomé una decisión intuitiva de nunca jamás llegar a mi casa y que mis hijos vean que yo venía enojada o puteando por algo del trabajo. Lo absorben, y es inculcar la cultura del trabajo y ser agradecido porque uno tiene trabajo. Y bueno, si tengo más trabajo vamos a poder conseguir más cosas. Eso lo vivieron así: con lo no dicho. Me gusta lo que hago y tengo trabajo.
—¿Decidiste cerrar la maternidad en ellos dos o fue por la historia de vida con el papá de tus hijos, con tu ex marido?
—Sí. Me casé con el papá de mis hijos y la maternidad no llegó rápido, fue a través de tratamiento. Cuando los chicos nacieron al poco tiempo el papá enfermó, y hoy está internado desde hace muchos años. Cuando rehice mi vida, ya estaba más cerca de los 40. En algún momento se me cruzó (ser mamá de nuevo), pero rápidamente me golpeé la cabeza contra la pared y dije: "Vos estás loca". Cuando volví a formar pareja con mi marido actual, ellos eran chiquitos, estaban en la primaria.

—¿Cómo fue ese volver a empezar?
—No me preguntes cómo, pero siempre pude separar. Si bien traté de hacer lo mejor que pude como mamá, sé que se podía hacer todo: ser madre, ser una profesional y tratar de crecer, ser mujer y volver a enamorarse, tener una relación de pareja que te llene, que te complete, sin meter a los hijos en el medio. Tenía muy claro que si iba a volver a formar una pareja, no le podía meter a los pibes o hablar de mis hijos todo el día. A cualquier mujer que se separa y tiene hijos, le recomiendo que ni en la primera cita, ni en la segunda, ni en la décima, no hablen de sus hijos. Tenía todo claro y se puede todo junto.
—En las redes sociales de tu pareja se lo ve muy enamorado, con todo su muro cargado de fotos con vos. ¡Hay que sostener 12 años de casado!
—Casados, con anillo y todo: 12. Pero juntos, un montón: como 16. Es un trabajo que no sé cómo se construye. Creo que con admiración mutua. Cada uno sabe que el otro ha hecho un esfuerzo grande por compartir la vida... (Se conmueve). Me hiciste emocionar, que nunca me emociono pensando en él. No lo hablamos, pero sé que él sabe que hice un esfuerzo muy grande. No me gusta la palabra esfuerzo porque lo hice convencida y por amor, pero dejamos muchas otras cosas de lado, tratamos de acomodar la familia como podíamos, de la mejor manera, porque queríamos estar juntos, y sé que él también lo hizo. Nunca lo hablamos pero sabemos.
—¿Es el gran amor de tu vida?
—Sí. Hay un hilito que nos une, en que los dos sabemos que apostamos un montón por este amor. Está buenísimo seguir construyéndolo: no hay que dar nada por sentado, es un día a día. (El otro día) estábamos viendo una noticia donde decía que la moda, a partir de los 60, es divorciarse. Y le dije que yo todavía no estaba por esa edad. Y lo cargaba que él ya podía. Me decía que a esta altura de la vida…

—Hay matrimonios que a cierta altura también deciden abrir la pareja. ¿Ustedes son abiertos en la intimidad?
—Eso puede ocurrir, primero, si una pareja decide hacerlo. Pero también con parejas que están desde hace muchos años o que arrancaron de muy jóvenes, y que llega un momento en que dicen: "Che, ¿no voy a conocer nada más en la vida?". Nosotros ya nos conocimos grandes, ya habíamos vivido la vida, y no teníamos tantas asignaturas pendientes.
—A esta altura, ¿perdonarías una infidelidad?
—Creo que no porque la infidelidad no es lo sexual, es la mentira. Si hay algo que tengo es que no se mentir, no me sale. La mentira me pone muy mal: cuando no es sincero, honesto o compruebo que mintió, aunque sea en algo tonto, no la tolero. He dejado amigos porque me enteré que me mintieron. No sé si perdonaría, pero no por la connotación sino por la mentira.
—Mirá si un día viene uno de tus hijos y te dice: "Mamá, te presento a mi novia, la China Suárez".
—¡Qué linda que es! Por un lado es divina, hermosa. No sé que pasaría porque es una hipótesis demasiado loca, pero como mamá de varones, es lo que más me interpela. Tengo todo más o menos acomodadita de cómo son ellos, que son rebuenos como hijos, buenos hermanos entre sí, amigueros, buenos nietos, pero lo que nunca voy a poder controlar es el corazón de ellos, de quién se van a enamorar. Supongo que si es con valores, te vas a cruzar con alguien más o menos así.
—¿Mauro Icardi o Wanda Nara?
—Me parece muy tóxico todo, de los dos lados. Me costaría tomar posición. Condenaría a ambos, siempre que vea hijos tironeados de ese modo, porque son chicos que tienen acceso a las redes sociales, a los portales. Es horrible cuando Wanda o Mauro ponen a los hijos con esa exposición pública. Son daños jorobados para el futuro de esos chicos, más allá de la plata o viajes en primera que tengan. No hay nada que compense la falta de amor y contención. A Maxi López ahora lo veo agradable, simpático y todos amigos, y le hizo la vida imposible, no al tipo, a los chicos, tratando de reconstruir el vínculo por las distancias y conflictos.
—Por último. A veces no es fácil hacer amistades en el medio. Lamentablemente Ernestina Pais perdió la vida, y le dedicaste un posteo donde hablaste de tu vínculo.
—Sí. La recuerdo con amor, admiración y respeto. Me interesó mucho recordarla como una mujer importante en los medios: disruptiva, vanguardista, que marcó un camino, desde Mañanas informales a CQC, dejó una huella. Más allá de mi vínculo y por su memoria, por su hijo y su familia. Ernestina fue una mujer importante en los medios de comunicación.

—Una más: ¿cómo te gustaría verte en 20 años?
—Me gustaría seguir trabajando un poco más. Así que, ¿por qué no? Pero a esta altura ya se convierte en workaholic... Por más que pasen los años, sigo agradecida de tener trabajo. Y ver a mis hijos felices, y compartiendo con mi pareja mi amor. Y tener salud, que es lo más importante.