En el extremo sur del mapa, donde el clima impone condiciones y el viento forma parte del paisaje cotidiano, el deporte también busca su lugar. En la ciudad de Río Grande, en Tierra del Fuego, Argentina inauguró el microestadio cubierto más austral del mundo, una obra pensada para transformar la actividad deportiva en la región.
Con una superficie de casi 8 mil metros cuadrados cubiertos y capacidad para 4.182 espectadores, el nuevo recinto no solo se convirtió en un hito geográfico, sino también en una pieza fundamental para el desarrollo local. Porque en la Patagonia —y especialmente en el sur fueguino— contar con infraestructura cerrada no es un lujo: es una necesidad.

La historia del proyecto comenzó en septiembre de 2018, cuando se iniciaron los trabajos sobre un terreno que debió ser acondicionado antes de levantar la estructura. Como ocurre en las ciudades australes, la obra avanzó de manera estacional, concentrándose en primavera y verano debido a la veda invernal que obliga a frenar los trabajos durante los meses más duros.
Los primeros movimientos incluyeron la limpieza del predio y el montaje, mediante maquinaria pesada, de las columnas y las gradas que darían forma al estadio. Con el paso del tiempo, la estructura fue tomando identidad hasta llegar a una de las etapas más visibles: la colocación del techo, clave para un espacio pensado íntegramente como cubierto.

El microestadio cuenta con una cancha principal de 20 por 40 metros, además de sectores de servicios, vestuarios, boleterías, cocina, depósitos y espacios destinados tanto a la prensa como al equipo médico. Todo fue diseñado para albergar competencias y actividades de distintas disciplinas, adaptándose a las necesidades de una comunidad que demanda espacios multifuncionales.
Pero el proyecto no se limita al estadio principal. Como parte del complejo, se construyó una cancha auxiliar cubierta de 1.900 m², que ya se encuentra finalizada y será utilizada tanto por equipos profesionales como por instituciones educativas de la zona. Este espacio permitirá sostener la actividad deportiva durante todo el año, sin depender de las condiciones climáticas.

Además, el predio cuenta con estacionamiento para 400 vehículos, reforzando su carácter de polo deportivo regional. En una zona donde las distancias y el clima pueden ser determinantes, cada detalle de accesibilidad cobra un valor especial.
Cuando abrió sus puertas, el microestadio de Río Grande marcó un récord por su ubicación, sino que también representó una mejora concreta en la calidad de vida de la comunidad.
#TipCementero por Cementos Avellaneda
Se desarrolla en dos niveles mediante una de estructura principal de hormigón armado, principalmente premoldeado y una estructura metálica para la cubierta y para los cierres tanto horizontales como verticales. Para éstos, se usarán paneles térmicos modulares de chapa con poliuretano inyectado, brindando una óptima aislación con un sistema de encastre que reduce los tiempos de construcción.

En este tipo de obras, el desarrollo de estructuras cubiertas resulta clave para garantizar su durabilidad y funcionalidad. Desde la colocación del techo hasta la elección de los sistemas constructivos, todo apunta a crear espacios eficientes, capaces de sostener la actividad durante todo el año.
Así, más allá de su condición de estadio más austral del planeta, el recinto de Río Grande se proyecta como un ejemplo de cómo la ingeniería y la planificación pueden adaptarse al entorno. Porque incluso en los confines del mapa, la pasión también necesita un lugar donde crecer.