Dormir ocho horas seguidas parece hoy la forma más natural de descansar. Sin embargo, durante milenios, las personas no dormían de corrido, sino en dos bloques separados por un período de vigilia en plena noche. A ese patrón se lo conoce como sueño bifásico o sueño segmentado.
El historiador Roger Ekirch investigó referencias al “primer sueño” y al “segundo sueño” en documentos judiciales, diarios personales, textos médicos y obras literarias de la Europa preindustrial. En esos registros, la noche aparecía dividida en dos partes: una primera etapa de descanso, un despertar durante la madrugada y luego un segundo tramo de sueño hasta la mañana.
Ese intervalo nocturno no era necesariamente vivido como insomnio. Muchas personas lo usaban para rezar, conversar, leer, pensar, tener intimidad o hacer pequeñas tareas tranquilas. En un mundo con menos iluminación artificial y jornadas más ligadas al ciclo solar, despertarse en medio de la noche podía formar parte de una rutina aceptada.
El cambio fue gradual. Entre los siglos XVII y XIX, la expansión del alumbrado público, la iluminación dentro de las casas, la vida urbana y los nuevos horarios de trabajo, con la Revolución Industrial, empezaron a modificar la relación con la noche. Más tarde, la Revolución Industrial terminó de consolidar jornadas ordenadas por el reloj, con horarios más rígidos para trabajar, dormir y levantarse.
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Cómo era el sueño bifásico y por qué dejó de ser común
- Se dividía en dos partes: el primer sueño y el segundo sueño.
- Entre ambos había una pausa de vigilia durante la madrugada.
- Ese intervalo podía durar alrededor de una hora o más, según la época y la rutina.
- No siempre se vivía como un problema: muchas personas lo consideraban normal.
- La luz artificial extendió la actividad después del anochecer.
- La vida urbana cambió los hábitos sociales durante la noche.
- La Revolución Industrial reforzó horarios laborales más estrictos.
- Con el tiempo, dormir de corrido pasó a verse como el modelo ideal.
Esto no significa que despertarse todas las noches sea algo deseable ni que haya que copiar rutinas antiguas. Pero la historia del sueño bifásico muestra que nuestra forma de descansar no depende solo del cuerpo: también cambia con la cultura, la tecnología y el ritmo de cada época.

