Hay alimentos que terminan en la heladera casi por reflejo. Volvemos de la verdulería, abrimos la puerta y guardamos todo junto para que dure más. Pero no siempre esa es la mejor decisión. Uno de los casos más comunes es el tomate, un producto cotidiano que puede perder parte de su sabor si se conserva mal.
El problema no es solo la temperatura, sino el momento en que se guarda. El tomate sigue madurando después de ser cosechado, por eso, si todavía está firme o algo verde, conviene dejarlo a temperatura ambiente. Meterlo en la heladera antes de tiempo puede frenar ese proceso y afectar la textura, el aroma y la intensidad del sabor.
La clave está en entender qué tipo de tomate tenemos delante. Si está inmaduro, lo ideal es dejarlo fuera de la heladera, en un lugar fresco, seco y alejado del sol directo. Si ya está maduro y no se va a consumir en los próximos días, puede refrigerarse por poco tiempo para evitar que se eche a perder, pero no conviene olvidarlo varios días en el cajón de las verduras.
El frío también influye en los compuestos volátiles, que son parte de lo que percibimos como aroma y sabor. Por eso, un tomate que estuvo demasiado tiempo refrigerado puede sentirse más apagado, menos perfumado y con una textura menos agradable. Para recuperar mejor su sabor, se recomienda sacarlo de la heladera un rato antes de comerlo y dejar que vuelva a temperatura ambiente.
Cómo guardar el tomate para que no pierda sabor
- Si está verde o muy firme, no lo pongas en la heladera.
- Guardalo a temperatura ambiente, lejos del sol directo.
- Evitá dejarlo en bolsas cerradas si hay humedad.
- Si ya está maduro, consumilo en pocos días.
- Si necesitás refrigerarlo, hacelo por poco tiempo.
- Antes de comerlo, sacalo de la heladera para que recupere temperatura.
- Si está cortado, sí debe ir a la heladera en un recipiente cerrado.
Guardar bien el tomate no requiere ningún truco complicado, apenas prestar atención a su punto de madurez. La heladera puede ayudar cuando ya está muy maduro, pero usada antes de tiempo puede apagar justo lo que más se busca en este alimento: su aroma fresco, su textura y ese sabor que cambia por completo una ensalada, una salsa o una tostada.


