El Año del Caballo de Fuego arrancó fuerte, pero lo más potente e intenso todavía no pasó. Para Ludovica Squirru, el 2026 recién está mostrando la punta del iceberg: la energía del Caballo de Fuego sigue acumulando presión y todavía no desplegó su verdadero impacto. Lo que viene, según advierte, es un giro mucho más intenso.
El ciclo comenzó el 17 de febrero y no es uno más: se trata de una combinación que aparece cada 60 años. El Caballo de Fuego trae una energía yang, impulsiva, apasionada y difícil de domesticar. Nada de medias tintas: acá todo se vive al límite, con decisiones que no admiten vuelta atrás.
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Pero hay un punto clave que cambia la lectura. Este no es un año que explota de entrada. Al contrario, funciona como una olla a presión: lo importante se cocina con el tiempo y va escalando. Por eso, para la astróloga, pensar que lo más fuerte ya pasó es un error.
El verdadero pico todavía está en camino y llega en agosto. Squirru sostiene que la energía del Caballo de Fuego alcanza su máxima expresión meses después de iniciado el ciclo, cuando ciertas combinaciones terminan de activarla. Ahí es donde el año se pone realmente interesante… y también más desafiante.
QUÉ PASA EN AGOSTO EN EL AÑO DEL CABALLO DE FUEGO, SEGÚN LUDOVICA SQUIRRU
En ese mapa, agosto aparece como una fecha bisagra. La llegada del mes del Mono no solo modifica el clima energético, sino que abre una etapa mucho más favorable. Es el momento donde la tensión puede empezar a transformarse en movimiento concreto y oportunidades.
¿La clave? La alianza entre el Caballo y el Mono. Aunque el Caballo puede ser individualista, también tiene un impulso solidario que en este período se potencia. Para Squirru, agosto trae algo que hasta ahora faltaba: cooperación, iniciativas colectivas y un respiro en medio de tanta intensidad.