Las razones de la crisis que atraviesan Adabel Guerrero y Martín Lamela – Revista Paparazzi

Las razones de la crisis que atraviesan Adabel Guerrero y Martín Lamela

ROMANCES
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Todas las historias de amor tienen un comienzo, incluso las que se terminan. Esta se inició en agosto de 2008. Adabel Guerrero (38) era una joven vedette con presencia constante en el teatro de revista. Había superado una situación familiar muy conflictiva, de pobreza, con ausencia y limitaciones, y el trabajo por fin le permitía avanzar en el plano económico. Pudo dejar su vida en La Plata para instalarse en un bonito departamento de Buenos Aires. Ya no hacía falta viajar en micro de línea cada vez que la invitaban de algún programa de la tele o si tenía que hacer una producción de fotos. Su celular dejó de tener el 0221 delante, y se compró uno nuevo. Le estaba yendo bárbaro, por fin cumplía su sueño. Y decidió comprarse un autito. Fue a una concesionaria que le recomendaron, y tuvo la suerte de que la atendiera un tipo pintón, amable y simpático. Pasearon por Parque Chacabuco, un barrio de clase media, lleno de pasajes y casas bajas. Mientras el muchacho describía el coche, los dos se reían nerviosos ante cualquier situación, como chicos. Ese viaje los unió para siempre. A Adabel le encantó el auto –un Suzuki Fan gris, usado, modelo 2004–, pero más le gustó Martín Lamela (43). Fue amor a primera vista. Casi diez años después, Adabel y Martín vuelven a compartir un auto pero en circunstancias completamente distintas a las de aquel primer trayecto juntos. Viajan con Lola, su beba, que el 13 de mayo cumplió un mes de vida. Y en sus rostros se lee tristeza, angustia, dolor. Martín la pasa a buscar por su departamento en el barrio de Boedo, y le abre la puerta desde adentro, sin bajarse, para que Adabel se suba a la camioneta Honda CRV, cero kilómetro. Son las 5 de la tarde del martes 15. Ella cubre con sus brazos y una campera a Lola, la protege del frío y del ruido del tránsito. Unos minutos después bajarán por la Avenida San Juan hacia el centro, siempre en silencio, rumbo a Puerto Madero. A la escena la domina una frialdad que confirma lo que se dice, que atraviesan una nueva crisis de pareja. No es la primera, pero podría ser la última. Ellos eligen no hablar, pero con sus actos lo dicen todo.

El amor. Cuando se conocieron, en agosto de 2008, Martín estaba separándose de quien es la madre de sus tres hijos. Fue un comienzo accidentado para la relación con Adabel, pero que siempre los tuvo juntos y muy enamorados. Cada verano, cuando ella hacía temporada, Martín la acompañaba. Pasaron sus primeras vacaciones juntos, decidieron probar convivencia, se comprometieron, y una y otra vez fantasearon con la idea de casarse. Hasta que se decidieron por tener un hijo juntos. Empezaron a buscar, y sólo detenían los intentos cada vez que ella quedaba comprometida con algún proyecto laboral. Hasta que en algún momento la ilusión de ser padres se convirtió en una frustración. Algo andaba mal. Y así llegó su primera gran crisis. Fue en diciembre de 2015 cuando decidieron enfrentar aquel verano solos, con toda la libertad de hacer lo que quisieran. Conclusión: se extrañaron tanto que en julio ya estaban anunciando su reconciliación. Y volvieron a la carga con el sueño de ser padres. Ella ya no sabía qué hacer para quedar embarazada. Fue a la Virgen de San Nicolás y se bañó en agua bendita. También cumplió el ritual de atarse en la cintura las cintas de las monjas carmelitas de Salta. Y le escribió una carta a una bruja milagrosa conocida de la familia. Lo que no logró con la fe, lo buscó en la ciencia, y decidió iniciar un complejo tratamiento de inseminación. Un par de meses antes de comenzar el procedimiento, en julio del año pasado, quedó embarazada de manera natural. Era una nena, el gran deseo de Martín, padre de tres varones. Y le pusieron Lola, un nombre que usaban cuando empezaron a salir, porque decirse “te amo” les parecía demasiado poco. En noviembre se fueron a Disney con uno de los hijos de Martín. Todo andaba bien. Pasaron todo el verano en Carlos Paz, espléndidos, haciendo teatro. Y en abril, el 13, Adabel anunció el nacimiento de su hija en Instagram: “La huella más profunda de mi alma, lo más hermoso que vi en mi vida”. Era el principio de una nueva etapa, la más linda de todas. Aunque no la más sencilla.

Otra vez. Esta semana, también en Instagram, sonó la alarma relacionada con Adabel y los suyos. “Hola, me voy a alejar un tiempito de Instagram porque no estoy pasando un buen momento. Estoy pasando una crisis que ya superaré. Prontito regreso. Los quiero”. Apagó su teléfono, y se hizo imposible ubicarla. En la escuela de danza que tiene a pocas cuadras de su casa, la orden fue recibir mensajes pero no responder ninguna consulta periodística. Ni siquiera sus amigos saben qué es lo que pasa. “Vivían peleándose últimamente, me impacta la noticia pero no me sorprende”, coinciden. La crisis es un hecho, y están tratando de sacarla adelante como ya lo hicieron una vez. Hoy no se pueden tomar un tiempo lejos porque está Lola, y Martín es un padre muy presente. ¿Qué pasará? Nada que no pueda arreglarse con mucha paciencia y amor. O con un paseo en auto. Con uno, o con dos.

 

 

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¿Podrán superarla?

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Adabel y Lola

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